¿El Papa corre peligro en Turquía?

Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2006

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Elise Massicard, socióloga de la Escuela Superior de Estudios Superiores de París, trata de explicar por qué los turcos no acogerán al Papa con los brazos abiertos durante la visita oficial del 28 de noviembre.

Un equipo especial de 25 guardaespaldas protegerá al Papa durante su primera visita a un país de mayoría musulmana. ¿Usted cree que hay motivos para pensar que su vida corre peligro?

Existe el precedente de Alí Aca, un turco que intentó asesinar Juan Pablo II en 1981. Y también el asesinato de un cura italiano después de la publicación de las controvertidas caricaturas de Mahoma. Además, la Historia de Turquía de los últimos 30 años está plagada de atentados. Por lo tanto, existe un cierto riesgo y las medidas de seguridad no están de menos. Por otro lado, hay diversas manifestaciones pacíficas programadas, que están más relacionadas con un sentimiento de indignación general que con actos violentos.

Ya hemos visto las primeras protestas. La policía ha detenido a 39 nacionalistas e islamistas que ocuparon Hagia Sofía el miércoles 22 de noviembre. ¿La visita del Pontífice a este edificio emblemático de Estambul se percibe como una provocación?

Hagia Sofía fue una iglesia ortodoxa de la época de Constantinopla. Se convirtió en mezquita durante el imperio otomano. Atatürk, el padre de la República de Turquía, la convirtió en museo en 1935. Sin embargo, hoy, los islamistas reclaman que se transforme de nuevo en mezquita. Por tanto, la presencia del Papa tiene una gran carga simbólica. En principio, Benedicto XVI tenía que visitarla el viernes 24, pero el viernes es el día de la plegaria para los musulmanes y una gran multitud se concentra en la Mezquita Azul, que se encuentra a pocos metros de Hagia Sofía. Para evitar un choque entre los fieles musulmanes y el Papa al final de la plegaria, se ha cambiado de fecha la visita.

¿Cree que el Papa tiene que correr este riesgo?

Si la visita es importante es también gracias a todas estas implicaciones. Además, Benedicto XVI añade leña al fuego cuando declara que va a Turquía a “dialogar con la minoría ortodoxa” y para “dirigir un mensaje a los musulmanes”. Los musulmanes turcos, que representan la mayoría de la población del país, se han tomado mal que el Papa quiera conversar con los ortodoxos y sólo dirigir un mensaje unidireccional a los musulmanes.

¿Hasta qué punto el discurso de Ratzinger del 12 de septiembre en Ratisbona, donde dijo que el Islam no era compatible con la razón, puede haber aumentado la hostilidad?

Turquía es un país laico de mayoría musulmana que se presenta como un modelo del Islam moderado y tolerante. Por lo tanto, los turcos se sintieron profundamente ofendidos e insultados por las palabras de Benedicto XVI. Ahora queda ver si Recep Tayyip Erdogan, el Primer Ministro turco, encuentra un agujero durante la cumbre de la OTAN en Letonia para reunirse con el Papa en Turquía.

¿Qué implicaciones tendría este encuentro?

Erdogan es, junto con Rodríguez Zapatero, uno de los promotores de la Alianza de Civilizaciones, que pretende establecer un diálogo entre Occidente y el mundo musulmán para combatir el terrorismo por otra vía que no sea la militar. El proyecto también intenta superar la teoría del choque de civilizaciones elaborada por Samuel Huntington. Erdogan, del partido moderado de inspiración islamista Justicia y Desarrollo (AKP) siempre se ha erigido como el interlocutor legítimo entre el mundo musulmán y Occidente. Por lo tanto, si el Primer Ministro es coherente con sus principios, tendría que encontrar un momento para reunirse con Benedicto XVI.

¿Usted cree que Erdogan podría pagar un precio electoral en las elecciones turcas del año que viene, si se produce este encuentro?

Después de la vejación del Papa al Islam, Erdogan no se puede mostrar conciliador ni débil de cara a su electorado. Esta dimensión electoral también se percibe en las negociaciones de adhesión de Turquía a la UE. Es verdad que Erdogan se apuntó una victoria política cuando inició las conversaciones de adhesión en 2005. Pero Turquía no puede ceder a las condiciones que la UE le impone sin obtener una contrapartida. Por ejemplo, la UE le exige que abra los puertos y aeropuertos a los barcos y aviones chipriotas, y Turquía a cambio pide que se suprima el embargo a la República Turca del Norte de Chipre. La oposición le reprocha a Erdogan su predisposición a hacer concesiones. Por tanto, él tendría que ser hábil y mostrarse firme.

¿Esta imagen de firmeza es precisamente la que dio Turquía cuando congeló las relaciones militares con Francia el 16 de noviembre? La medida se entendió como una respuesta a la nueva ley francesa que reprime la negación del genocidio armenio con multas de hasta 45.000 euros y un año de prisión para aquellas personas que desmientan la masacre.

Sí, se puede entender como un acto de fuerza. Pero en Turquía el Estado ha tolerado en los últimos años un debate público sobre las minorías y la ley francesa sólo puede bloquear y radicalizar este debate. Por un lado, la UE exige que Turquía suprima el artículo 301 del código penal que prevé la persecución de aquellas personas que insulten a la nación turca. Por otro lado, Francia acaba de aprobar una medida igual de coercitiva para las personas que nieguen el genocidio armenio. Por lo tanto, los turcos se quejan de la doble moral y la parcialidad de la UE.

Después de que la Comisión Europea criticara los progresos de Turquía en un informe del 8 de noviembre, el euroescepticismo ha aumentado entre los turcos. ¿Cree que Erdogan abandonará la mesa de negociaciones?

El Primer Ministro está en una posición delicada. Cuando Erdogan fue elegido, la mayoría de los turcos querían entrar en la UE, pero hoy menos de la mitad de la población es partidaria de la adhesión. Ahora habrá que ver si para él es más importante ganar las elecciones o el ingreso de Turquía a la UE.