El Papa le cierra las puertas de Europa al Islam

Artículo publicado el 21 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 21 de Septiembre de 2006

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El discurso de Benedicto XVI en Ratisbona ha desatado la ira de musulmanes de todo el mundo. En realidad, el Papa sólo pretendía indicar a los europeos cómo deben ser: cristianos y racionales.

El parlamento pakistaní exige que el Papa se disculpe por sus “hostiles” declaraciones. Fawi Zezzaf, que preside la Comisión para el Diálogo Religioso en el parlamento egipcio, tacha al Papa de “mentiroso”. Ali Bardakoglu, jefe de la Administración Turca de Religión, atribuye al Papa una “mentalidad de cruzada”.

Todo esto sólo por un discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona el pasado 12 de septiembre. Quien escuchase allí la voz meliflua del Papa con atención, pudo oír sobre todo esta cita del emperador bizantino Manuel II: “Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás sólo cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir mediante la espada la fe que predicaba”.

Fuerza política

El escándalo está servido y los comentaristas europeos tratan de calmarlo: el Papa se dirigía a académicos y tal vez eligió de manera algo desafortunada la controvertida cita. Dicho esto, el Sumo Pontífice se refería sólo al diálogo entre religiones.

¿Es Benedicto XVI, pues, sólo un profesor algo ingenuo, que no domina el lenguaje de los diplomáticos mundiales? Nada podría ser más falso. El discurso que Benedicto XVI mantuvo en Ratisbona rezuma fuerza política. En realidad, no se dirige al mundo islámico, sino a los europeos. Benedicto XVI sabe que un gran número de ellos duda de aquello que la sociedad moderna trae consigo. En un mundo que parece estar formado por telerrealidad, subsidios al desempleo, bebidas proteínicas y cambio climático, le buscan ansiosamente algún sentido a la vida. Eso sí, estos asustados europeos no quieren volver al seno de la Madre Iglesia, en donde aún se sienten los rancios efluvios del pasado: nada de sexo antes del matrimonio, roles femeninos arcaicos, discriminación de los homosexuales…, etc.

Mahoma no puede ser europeo

A estas ovejas descarriadas a las que la Iglesia Católica ha dejado afuera tan a menudo mientras llovía, quiere traerlas el pastor supremo Benedicto de nuevo al redil con este discurso. “No actuar de acuerdo con la razón es contrario a la esencia de Dios”, reza su principal cita. La cuadratura del círculo es, entonces, posible: la razón –es decir, la libertad individual- y la fe cristiana son compatibles. Benedicto no quiere “retroceder a antes de la Ilustración. No desea despedirse de los conocimientos de la modernidad”.

Ahora bien, este Papa da un paso más lejos. Este encuentro entre razón y fe es “lo que con el Derecho en la mano puede denominarse Europa”. Y ya se sabe que ahí no hay lugar para el Islam. “Para las enseñanzas musulmanas Dios es, sin embargo, absolutamente trascendente. Su voluntad no está atada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la razón”. Esta es, en realidad, la frase escandalosa del discurso: Sócrates y Jesús son europeos, Mahoma no puede serlo nunca.

Sin cortina de humo mediática

En Turquía, pues, no han actuado de manera tan injusta como pudiera parecer ante este discurso, pues la posición del Papa tiene también consecuencias políticas. Una entrada de Turquía en la Unión Europea no es imaginable con una visión semejante de Europa. También cabría preguntarse qué pasa con los 15 millones de musulmanes que desde hace varias generaciones viven en nuestro continente. ¿No son europeos? En su próxima visita a Turquía se verá si Benedicto tiene el valor de defender allí su postura.

Mientras el Papa Juan Pablo II ocultó a los europeos, contrarios a cualquier conflicto, las trincheras entre religiones mediante oraciones públicas junto a sus homólogos de otras religiones mundiales, Benedicto XVI apuesta por definiciones claras. Las cortinas de humo mediáticas no son lo suyo. En Ratisbona ha propuesto una solución a la crisis identitaria europea, en la que no hay lugar para Turquía. Ahora, cada uno debe elegir su bando. Los conservadores europeos que se muestran escépticos ante la entrada de Turquía estarán satisfechos. “Nosotros debemos decir quién es europeo y quién no”, propuso el ministro del Interior francés, Nicolás Sarkozy, hace diez días en Bruselas. El Papa Benedicto XVI escuchó sus plegarias.