El Parlamento Europeo pasado por la criba

Artículo publicado el 22 de Abril de 2008
Artículo publicado el 22 de Abril de 2008
Strasbourg, 28 de marzo de 2008 Por Yulia Kochneva y Lena Morel El pasado 19 de marzo, el Parlamento Europeo celebró su 50 aniversario: medio siglo de existencia que invita a hacer balance de sus actividades, de su posición en el espacio institucional y también de su notoriedad para los ciudadanos europeos a los que representa.
Dotado con simples poderes consultivos en el momento de su creación, el Parlamento Europeo, ha visto crecer sus prerrogativas a medida que se sucedían las etapas más importantes de la construcción comunitaria. Hoy es un órgano con gran poder de decisión, tanto en materia de legislación, de adopción del presupuesto o en lo relativo al control de la Comisión Europea. Cincuenta años de trabajos y de importantes decisiones pero ¿cuál es su visibilidad para los ciudadanos europeos? Con ocasión de este aniversario, una encuesta especial del Eurobarómetro publicada el pasado 9 de marzo intenta precisamente evaluar tanto la notoriedad de la institución así como la imagen que de ella tienen los ciudadanos.

Una imagen positiva ante los ciudadanos

Una encuesta previa del Eurobarómetro nos recordaba en junio de 2007 que el Parlamento es la institución europea que cuenta con la mayor notoriedad: un 89% de los ciudadanos europeos conoce su existencia frente al 82% de la Comisión Europea. Una cifra que invalida la suposición de Jean-Louis Bourlanges que declaró el pasado 21 de marzo: “a los ojos de los conciudadanos, Europa es la Comisión y los Jefes de Estado y de Gobierno” (ver Libération del 21 de marzo). El Parlamento Europeo y sus 785 diputados se benefician igualmente del mayor nivel de confianza, ya que el 56% de los encuestados les dan confianza frente al 52% que se la dan a la Comisión. La diferencia es pequeña, demasiado pequeña como para poder dotar de cualquier supremacía al Parlamento Europeo sobre la Comisión según la opinión pública europea. A pesar de estas cifras halagüeñas y de una imagen globalmente positiva, la encuesta especial del Eurobarómetro recuerda lo largo que será todavía el camino antes de que el Parlamento haga su entrada definitiva en los espíritus europeos: solo el 32% de los habitantes de la Unión Europea saben que el Parlamento fue creado hace cincuenta años. Los franceses son los peores alumnos ya que solo el 28% sabían la fecha de creación de la institución. ¿Déficit de interés o de información? Si continuamos con las cifras del Eurobarómetro, los ciudadanos europeos se sienten mal informados sobre el papel del Parlamento y de sus miembros. Cuando se les pide que evalúen sobre una escala de 1 a 10 su nivel de conocimiento sobre el funcionamiento de la institución y de sus miembros, a duras penas se llega a una nota del 3.7 en el total de los 27 países de la Unión (3.3 cuando se trata de puntuar el conocimiento de los eurodiputados). Francia se sitúa en la segunda parte del pelotón con notas del 3.3 y 3.2 respectivamente. Nada sorprende de estos resultados cuando sólo el 2% de los encuestados se consideran “muy bien” informados sobre las actividades del Parlamento Europeos, mientras que ocho de cada diez se consideran “bastante mal o muy mal informados”.

La ciudadanía europea, ¿un concepto todavía abstracto?

Los diputados europeos son elegidos por sufragio universal desde 1979. Pero, ¿saben los ciudadanos europeos que se benefician de un derecho de voto en cada elección europea? En efecto, la encuesta pone en evidencia que sólo un 48% de las personas preguntadas saben que los diputados son elegidos directamente. Si los ciudadanos no tienen conocimiento de los derechos que les confiere la ciudadanía europea, esto sólo puede tener consecuencias nefastas sobre el funcionamiento democrático de la Unión Europea. Libération no duda en titular su artículo “Strasbourg, el parlamento invisible” basándose en el 49% de los franceses encuestados que ignoran elegir su diputado europeo. Además, si el periodista retoma las proposiciones de Cohn-Bendit “los medios no están a la altura de las apuestas europeas” concluyendo “los europeos no se interesan por su Parlamento por que no lo ven nunca en los medios”, ¿no ha caído él mismo en la trampa de Europa en el terreno nacional? ¿Por qué sino habría cogido las cifras francesas del Eurobarómetro (49%) sin ponerlas en perspectiva con sus resultados europeos? Estas cifras son tan inquietantes para el futuro político de la Unión Europea como elevado es el número de malas respuestas en los numerosos países que tienen una gran experiencia en el seno de la Unión Europea y que ya han vivido varias elecciones: el 50% de los encuestados en los Países Bajos (el 40% en Francia) piensan que lo diputados europeos no son elegidos directamente. Y cuando se sabe que sólo el 10% de los interrogados saben que las próximas elecciones tendrán lugar en 2009, se puede temer una participación electoral baja. Estos datos muestran hasta qué punto es escaso el conocimiento del funcionamiento democrático de la Unión Europea para los encuestados, lo que lleva a pensar que la ciudadanía europea mencionada en el Tratado de Maastricht de 1993 queda como un concepto todavía impreciso y abstracto. Pero las cifras, que pueden parecer inquietantes en un primer término, son relativas. De hecho, por un lado podemos consultar los resultados de un estudio similar realizado sobre las instituciones francesas: ¿Serían los resultados mucho más altos que los de esta investigación? No hay nada menos seguro. Por otra parte, estos datos se deben considerar bajo la óptica de las historias nacionales. El parlamento Europeo es una institución joven, que es elegida mediante sufragio universal desde hace menos de veinte años y que se inscribe en un proceso político reciente. Este Eurobarómetro permite, en todo caso, medir el camino que queda por recorrer para la representación democrática de los pueblos europeos (¿del pueblo europeo?) antes de entrar en el paisaje político integrado por los ciudadanos.

Las expectativas de los ciudadanos europeos

Sin embargo, el Parlamento se beneficia en el conjunto de una “neutralidad benevolente” por parte de los ciudadanos europeos. Entonces, ¿en qué dirección debe ir? Cuando se plantea a los ciudadanos europeos la pregunta de saber qué política debe desarrollar de manera prioritaria el Parlamento, las respuestas son a veces inesperadas. Entre las prioridades del Parlamento se encuentran la lucha contra el terrorismo (citada en el 44% de los casos), la lucha contra el cambio climático (40% de los casos) y la protección de los consumidores y de la sanidad pública (39%). Se remarcará que la presidencia francesa está en general en la línea de las prioridades expresadas por los europeos, especialmente en lo que se refiere al cambio climático y a la puesta en marcha de una política energética común. Se señala igualmente que la puesta en marcha de una política común de inmigración no se cita como prioridad más que en el 25% de los casos, ocupando la octava posición de las proposiciones hechas a los encuestados. El “pacto europeo sobre inmigración” que Nicolas Sarkozy desea promover durante su presidencia ¿estará en desajuste con la opinión expresada por los pueblos europeos? Más simbólicos son los valores que los ciudadanos europeos quieren ver promovidos por el Parlamento Europeo. Muy diferenciada en cabeza, la protección de los Derechos del Hombre, parece ser la prioridad absoluta ya que este valor ha sido citado en el 58% de los casos. En oposición, la abolición de la pena de muerte en todo el mundo está en último lugar, citada por el 17% de los encuestados.

Un exceso de cifras, ¿qué enseñanzas?

Todas estas cifras nos llevan a un cierto número de preguntas. Se constata, en primer lugar, que las expectativas son enormes para una institución que quizás ha crecido demasiado rápido con las diferentes ampliaciones y los Tratados que le confieren cada vez más poderes. El Parlamento Europeo sufre de un pesado déficit de notoriedad a pesar de su función de representación de los pueblos europeos. En todo caso, es esto lo que el eurobarómetro parece poner en evidencia. Entonces, ¿de quién es la culpa?, ¿de los medios de comunicación demasiado poco apasionados por las cuestiones europarlamentarias?, ¿de las políticas que “miran las apuestas europeas como una gallina mira un cuchillo: es decir, como una amenaza a la vez incomprensible y preocupante”(Daniel Cohn-Bendit)?, ¿de una comunicación defectuosa por parte de los miembros y del personal del Parlamento Europeo? Un poco de todo esto seguramente. También nos podemos preguntar sobre la utilidad del Eurobarómetro: seguramente no sea más que un instrumento para un simple análisis, pero responde mucho más a un procedimiento destinado a hacer más visible la institución europea. Después de todo, ¿no son los sondeos un maravilloso instrumento de comunicación en las democracias modernas?

(Photo: Flickr/lilian.lemonnier)