El patio de Babel: Un bonito mensaje de tolerancia

Artículo publicado el 3 de Abril de 2015
Artículo publicado el 3 de Abril de 2015

24 alumnos, todos de nacionalidades diferentes, y una cosa en común: aprender francés en una clase para extranjeros del colegio de la calle Grange aux Belles el barrio 10 de París. La directora, Julie Bertuccelli, les filmó durante un año y así nació La Cour de Babel (El patio de Babel), un precioso documental sobre la tolerancia y la convivencia.

En el instituto Grange-aux-Belles, del 10º arrondissement de París, hay una clase que no es como las demás. Se le llama "clase de acogida" porque agrupa a 24 niños de distintas nacionalidades que han venido a Francia a aprender francés y a estudiar. Allí la directora Julie Bertuccelli filmó durante un año un documental en el que se recogen los momentos que escogieron de entre las 100 horas de grabación. Se trata de la Cour de Babel.

La integración a través del idioma

Vienen de Venezuela, Libia, BielorrusiaGuinea. Están aquí en busca de asilo político, para reunirse con un familiar cercano o son hijos de diplomáticos. Cada uno tiene una historia distinta pero su objetivo es el mismo: aprender el idioma para integrarse en Francia, su "tierra de acogida". Con el apoyo de su profesora, Brigitte Cervoni, aprenden juntos, comparten diferencias y también preguntas. "¿Dios es blanco?", "¿Por qué hay más de un idioma?" o "¿Por qué existen las religiones?".

Los niños llevan cada uno un objeto a clase y la Biblia o el Corán provocan un debate sobre las religiones. "No se te va a quemar la mano por tocar una Biblia siendo musulmán", dice un joven alumno, y prosigue: "Los países están divididos porque no conocemos el resto de religiones". Hablar, dar su punto de vista o poner en duda algunas ideas preconcebidas son parte de la diversidad que se ha convertido en el motor del aprendizaje en este aula.

La Cour de Babel - Trailer

Hora y media de vida escolar

La idea nació de un encuentro entre Julie Bertuccelli y Brigitte Cervoni. Las dos mujeres se encontraron en un festival de cine escolar en el que la directora formaba parte del jurado. Julie quiso pasar un tiempo con los alumnos para "verles estudiar y evolucionar". Les siguió durante todo el año, durante 2 o 3 días a la semana. "A veces esperaba a que me llamaran", bromea. Tomó la decisión de no filmarles más que entre las cuatro paredes de la escuela, no mostrárselo al resto de los alumnos ni a ellos mismos. "Para respetar una cierta intimidad", comenta. Vemos muy pronto que los niños son ellos mismos en clase. Por otra parte, los estudiantes dicen que se acostumbraron a la cámara. Maryam, una alumna libia, reconoce haberse reído al ver la grabación. "Nos burlamos de nosotros mismos y nos dimos cuenta de que hemos progresado mucho", comenta.

Emoción durante el encuentro

La película es poderosa porque consigue algo que parece muy simple: sin puesta en escena ni artimañas, muestra la vida cotidiana de estos niños que quieren integrarse en Francia. Nos hace pensar en la importancia política del documental y no se puede negar que es bueno para la moral cuando muchos políticos atacan a la inmigración, y no solamente los de extrema derecha.

Al final del documental nos quedamos impresionados por los planos cercanos, las caras de los estudiantes que a veces ríen y en ocasiones lloran, con su pasado sobre los hombros y la esperanza en los ojos.  "Quiero ser una mujer libre" dice Rama, que viene de Senegal, añadiendo que le gustaría ser médico. Youssef, que es de Marruecos, quiere ser arquitecto. Cuando Brigitte Cervoni les pregunta si tienen miedo de dejar la clase de acogida responden enseguida y decididos que "no". Pero como el resto de alumnos, lloran a mares cuando termina el año en este patio de Babel al que pertenecen. La gran mayoría seguirán en clases generales, aunque algunos no saben decir más que bonjour. A simple vista puede parecer un curso curso "normal", como lo llaman ellos. Pero estos niños son totalmente extraordinarios.