El periodismo del futuro

Article published on 12 de Abril de 2005
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Nuevas formas de periodismo están desafiando la irónica afirmación de A. J. Liebling según la cual “la libertad de prensa está limitada a los que poseen una”. ¿Es esto positivo?

“Vivimos en una época en la que cuando los ánimos políticos están exaltados, los canales para la libre expresión están cada vez más limitados, y la mentira organizada se extiende hasta límites no conocidos anteriormente”, escribió Gerorge Orwell en 1943.

Quizá aún hoy en día algunos discrepen totalmente de su opinión, ya que los ciudadanos del siglo XXI se han beneficiado de una explosión global de nuevos canales para la libre expresión. En la actualidad, se piense lo que se piense, si se tiene una opinión, se tienen los medios para difundirla.

¡Abajo lo viejo!

El periodismo siempre ha tenido salidas limitadas reservadas casi todas a periodistas “cualificados”, contando con una agenda editorial muy apretada. Durante la pasada década, estos límites han sido superados al avanzar hacia una era de periodismo participativo. La razón principal es Internet, que ha evolucionado hacia una plataforma donde todos podemos llegar a ser periodistas.

Mientras la mayoría de los 215 millones de usuarios de Internet accede a la red para actividades pasivas como comprobar datos, leer o ver fotos, un número creciente está derivando, de facto, hacia el periodismo. Enviando los frutos de su propia investigación o experiencias con Internet, se puede decir que esa gente está participando en una nueva forma de periodismo. No hay que mirar más que a café babel para ser testigo de este fenómeno: 30.000 personas visitan la página cada mes para participar en un debate serio sobre la política y la cultura. Los artículos son contribuciones voluntarias de personas comprometidas en toda Europa, y los lectores tienen la posibilidad de participar libremente en el debate a través de los foros.

Adelante con lo nuevo

Sin embargo, es el fenómeno de los blogs el que ha sido identificado por los periodistas de los medios de comunicación dominantes (MSM en el lenguaje de los blogs) como la principal amenaza para su negocio. Fortaleciendo al periodista ciudadano a través de un medio barato y accesible, los blogs son periódicos en línea sin censura. Punzantes, rabiosos, atrevidos, irreverentes –a menudo equívocos-; son un trampolín libre para todos.

Una amplia mayoría de los 10 millones de blogs que se estima pueden existir son foros anecdóticos para cotilleos y conversaciones cotidianas. Si bien el contenido de ciertos blogs es considerado obsceno en las democracias abiertas, constituye un influyente acto de desafío en buena parte del mundo donde se niegan las libertades básicas. En China, una joven, Mu Zimei, alcanzó la notoriedad después de revelar en una página web sus escarceos con una estrella del pop. A pesar de que el Ministro de Propaganda prohibió la publicación de su libro y la prensa gubernamental atacó su “extremadamente depravada moral”, llegó a ser una heroína clandestina y un símbolo de la búsqueda de la libertad personal. El blog de Zimei alcanzó los 20 millones de visitas, estimulando un debate que ha animado a millones a participar en sinceros debates en línea sobre cuestiones que anteriormente eran tabú.

Así, Internet ha provocado el surgimiento de una potente forma de periodismo que resulta una espina para el control gubernamental. Más aún, la naturaleza transnacional de Internet abre a la gente una nueva ventana al mundo, asomada a cuestiones que antes no se podían ver. Hace poco, la gente ha podido acudir a Internet para conocer los microcósmicos informes sobre los dramáticos sucesos que se desarrollaron en Ucrania. En lugar de confiar en los informes realizados por los principales periodistas occidentales, los testigos oculares, en forma de periódicos, aportaron una fascinante visión sobre el carácter de la nación, ofreciendo a los extranjeros la oportunidad de compartir las emociones de los históricos participantes en la Revolución Naranja.

Diversificación

Los blogs han acaparado los titulares, pero de hecho son sólo una dimensión de la revolución en el periodismo participativo. La televisión y los espectáculos radiofónicos interactivos fueron una novedad al inicio de los años 90, y hoy en día es gente normal y corriente la invitada a compartir sus experiencias personales con la audiencia. Tiempo atrás, las opiniones de las “noticias” y “analistas expertos” eran una garantía de lo mejor y lo más importante. Los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, TV), la clase política y financiera se han adaptado para incluir a la gente en esta nueva realidad. La mayoría de los grandes editores y presentadores tienen portales con foros donde ofrecen la oportunidad de exponer opiniones personales. Otro ejemplo es el diario a través del video. Los avances de la tecnología han hecho cámaras digitales tan baratas que es fácil para cualquiera grabar una historia en película. Una vez la película está completa, puede fácilmente editarse en un PC en casa. El producto final es una película de calidad profesional, que si se carga en el ordenador, tiene una audiencia potencial de millones de personas.

La cuestión de si el periodismo participativo es realmente “periodismo” es espinosa, pero los críticos que lo rechazan como una forma superflua de periodismo no captan la idea. A diferencia de los medios de comunicación tradicionales, los periodistas que participan en los blogs no presumen de ser un faro de objetividad o monopolio de la verdad. Si acontecimientos como Internet han provocado un mayor debate público sobre temas importantes, ¿no es acaso una buena cosa? Curiosamente, en una época en la que la apatía de los votantes y el desencanto con los políticos parecen estar más alto que nunca, expresar la opinión está experimentando un fuerte incremento. Se está enganchando cada vez más gente. La participación está incrustada en el concepto de periodismo contemporáneo, guste o no a los partidarios de los medios de comunicación tradicionales. Su belleza consiste en que proporciona al ciudadano corriente una tribuna. La opinión pública, monopolizada primero por los órganos del Estado y posteriormente por la prensa libre, va a ser redefinida debido a un incremento de su pluralidad. Orwell estaría contento.