“El petróleo genera beneficios pero también mata”

Artículo publicado el 14 de Marzo de 2005
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Artículo publicado el 14 de Marzo de 2005

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Sin duda, los intereses económicos y geoestratégicos determinarán las políticas europeas en materia de energía. Pero, ¿le darán una oportunidad al medio ambiente? Respuesta del eurodiputado de Los Verdes Alain Lipietz.

El Eurodiputado, y ex candidato a la presidencia de la República francesa, Alain Lipietz, nos ha hecho partícipes del análisis de Los Verdes europeos sobre los efectos esperados de la rarefacción del petróleo, en especial sobre el desarrollo de las energías renovables, así como el papel que la Unión Europea deberá jugar en este tema.

En opinión de Los Verdes europeos, ¿es positivo el aumento del precio del petróleo?

Es algo bueno en la medida en que incita a la gente a prestar atención sobre su consumo de petróleo. Pero también es la peor de las soluciones: la moralidad, la conciencia pública serían mucho más útiles. En un determinado momento, hay que enviar una señal firme. Habría sido preferible imponer una ecotasa fuerte durante la pasada década, cuando el precio del petróleo exportado por la OPEP era bajo. Con un precio del petróleo constante para el consumidor, con los impuestos se habría podido financiar investigación o equipamientos de ahorro de energía, como los transportes públicos. Hace diez años se perdió una oportunidad.

Sin esta adaptación técnica, tanto los países industrializados clásicos como los nuevos países industrializados son ahora en extremo dependientes del petróleo. Como éste comienza a escasear, por razones geológicas y, sobre todo, geopolíticas (Irak, Rusia, Nigeria), su precio se dispara, y ahora sufrimos nuestra falta de decisión política. Pero como no hay mal que por bien no venga, tal vez esto haga que la gente ahorre energía.

¿La crisis actual no podría ser una nueva ocasión aprovechable, por ejemplo, en beneficio de las energías renovables?

Hay tres maneras de responder a un precio elevado de la energía. Lo primero que hay que hacer es disminuir el consumo final y, por ejemplo, al conducir, levantar el pie. La segunda medida, y en esto el "factor precio" resulta útil, es incrementar la eficacia energética de la economía: el coche, las fábricas, las bombillas, etc, ¡deben consumir menos! Por último, en un tercer nivel, se pueden cambiar las fuentes de energía. Es evidente que, cuanto más caro sea el petróleo, más se favorecerán las energías renovables. Pero tampoco esto basta: en la actualidad, el petróleo continúa siendo más barato que algunas energías de sustitución.

¿Hay que esperar a que las energías renovables sean rentables?

No estamos obligados a ello. La Unión Europea ya ha emitido una recomendación que aconseja que el 21% de nuestra energía sea renovable de aquí al 2010. Pero no tiene fuerza vinculante. Ciertos Estados vecinos están haciendo todo lo posible, como Alemania, Dinamarca o España. Fijan un precio de compra muy alto para la electricidad producida por energías renovables (viento, biomasa, etc.), lo que supone subvencionarlas. Las pocas decenas de aerogeneradores en Francia resultan, claro está, muy caros, mientras que varios miles de aerogeneradores serían mucho más baratos. Estos países llevan a cabo una política para "engrasar la máquina": subvencionan al principio para sostener una producción masiva, rentable a largo plazo.

¿Qué intereses están en juego cuando se trata de renunciar al petróleo?

En este sector se están lanzando nuevos industriales. Algunas compañías de electricidad en Europa han entendido que el futuro está en lo renovable. Alemania, Dinamarca y España han desarrollado una industria de productores de energías renovables. Mientras, Francia parece atrapada en la tecnología peligrosa de la energía nuclear, que constituye su respuesta para reconquistar la independencia energética frente al petróleo: Electricité de France (EDF) no ha apoyado la industria eólica, ni tan siquiera la geotérmica. Los intereses de los grandes industriales históricos de cada país siguen pesando en la estructura de producción de la electricidad.

¿No piensa usted en el riesgo que supone la disminución del consumo de petróleo para el desarrollo de los países exportadores?

Soy el Presidente de la delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con la Comunidad Andina. Resulta que los cinco países miembros producen petróleo: Venezuela, un gran productor, así como Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Para ellos, las consecuencias son importantes. Los años en los que el petróleo es más barato, anulan contratos de investigación, le retiran a los universitarios la posibilidad de viajar, etc. En Venezuela, el 80% de los ingresos del Estado provienen del petróleo.

Desde hace años, sermoneo a los venezolanos diciéndoles: "Vosotros sois grandes exportadores cuyos ingresos dependen totalmente del petróleo; pero, al mismo tiempo, también sois una de las primeras víctimas del efecto invernadero, con lluvias torrenciales que causan miles de muertos". En la actualidad, Venezuela es el primer gran productor de petróleo que ha firmado el acuerdo de Kyoto porque, aunque el petróleo da beneficios, también mata. El próximo mes de abril, organizaremos en ese país un coloquio con vistas a establecer una alianza eurovenezolana sobre el precio del petróleo. Dado su elevado coste debido a su importancia para la renta de los países productores y para los tributos impuestos en los países consumidores, ¿cómo repartir entre los dos el precio político de una disminución de la exportación del petróleo? Al elevar los precios lo bastante, se pueden disminuir las exportaciones y mantener los ingresos de los países petroleros.

La posición de Europa sobre la reducción del consumo de petróleo y sobre el desarrollo de energías alternativas, ¿constituye una apuesta importante comparable a Kyoto?

Claro, negociaciones como las llevadas a cabo con Venezuela permitirán consolidar la alianza entre los países exportadores de petróleo -o del "Tercer Mundo"- con Europa, en primera línea del protocolo de Kyoto. Pero, para incluir al conjunto de los países en vías de desarrollo en la batalla del post-Kyoto, tendríamos que ofrecerles algo a cambio: reducción de la deuda, remuneración de la biodiversidad, etc. Estamos obligados a prever un compromiso más global que el de Kyoto sobre el clima. Algunos países, como Indonesia, Malasia o Nigeria, tienen, al mismo tiempo, petróleo que vender y población a la que alimentar y proteger.