El pleno empleo, una ganga para los políticos

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2005
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Artículo publicado el 16 de Marzo de 2005

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Todos los partidos políticos sin distinción prometen llevarnos al pleno empleo de aquí a 2015. Incluso la Unión Europea se ha impuesto este objetivo. Sin embargo, nadie se pregunta cómo lo lograrán.

Aunque la tasa de paro de la zona euro haya aumentado en enero una décima hasta alcanzar el 8,9% de la población activa, los políticos europeos siguen aferrándose a los objetivos de la Agenda de Lisboa según los cuales se alcanzará el pleno empleo en 2010. Dentro de los partidos europeos, se amplían un poco los plazos, pero coinciden en afirmar la posibilidad real de alcanzar dicho pleno empleo. El Tratado Constitucional en juego, no obstante, se manifiesta de un modo muy poco contundente, y apenas compele a la UE a la consecución de un “nivel elevado” de empleo, según su artículo 205.

Recetas para todos los gustos

Por un lado, ciertos sectores de la izquierda europea exhiben la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales como la medida que allanará el camino hacia el ansiado pleno empleo. No en vano, las recientes huelgas masivas en Francia demuestran el apoyo popular del que goza esta receta económica, consistente en repartir la carga laboral trabajando 35 horas semanales en vez de 40.

Lo novedoso es que la derecha europea, cercana representante de los intereses de la mediana y gran empresa, aspire con entusiasmo a un pleno empleo que en teoría puede dejar en situación de debilidad al empresariado. Lo que sucede es que los conservadores y neoliberales proponen aplicar una fórmula bien distinta a la anterior. Confían más en la clásica Ley de Bronce de los salarios según la cual, bajando los salarios, el capital podrá invertir el dinero sobrante en la creación de más puestos de trabajo. De ahí que sean tan escépticos respecto a las políticas de subsidio del desempleo, típicas del keynesianismo del que tributa la socialdemocracia europea.

Por último, resurge -en estos tiempos en los que se empieza a cuestionar el ajuste presupuestario estricto- la idea algo olvidada de alcanzar el pleno empleo mediante el aumento del gasto público. En este caso, con inversiones y subsidios al consumo financiados a través de la emisión de valores públicos como los bonos del Estado.

El factor demográfico del que nadie habla

No es posible interpretar un fenómeno económico o social sin tener en cuenta la realidad demográfica en el que se desarrolla. Es curioso que nadie hable de ello. Quizás sea la varita mágica con la que cuentan nuestros políticos, mientras creen que los demás no la conocemos. La idea es sencilla, sin por ello caer en la simpleza: no existe mercado laboral que logre absorber de la noche a la mañana una entrada masiva de trabajadores, como sucedió con la llegada al mercado de los millones de individuos nacidos durante la conocida etapa del baby boom.

Durante las décadas de los cuarenta y cincuenta hubo un incremento espectacular de la tasa de natalidad en toda Europa. Para entonces, las tasas de paro en los países del continente no solían superar el 4%. Esta generación baby boom empezó a desembarcar de modo masivo en el mercado laboral a partir de los años sesenta y setenta, coincidiendo con el aumento de las tasas de desempleo. Hacia finales de los años ochenta y principios de los noventa -cuando las puntas de desempleo fueron mayores-, toda la generación se encontraba en edad de trabajar. Sin embargo, desde mediados de los noventa ha empezado a jubilarse, al tiempo que las tasas europeas de natalidad resultan ser las más bajas de su Historia. Se calcula que para 2015 todos los nenes del baby boom disfruten de su vejez sin tener que levantarse para ir a la oficina. El caso español es paradigmático. En 1962 la tasa de paro era del 2%; en 1993, con toda la generación mencionada en edad de trabajar y las mujeres incorporándose de lleno al mundo laboral, el paro ascendió al 20%. Hoy, padece una tasa algo inferior al 11,5%. El cuadro es similar para el resto de países europeos. Ni siquiera la inmigración logra contrarrestar la baja natalidad actual, como sucede también Francia.

El pleno empleo les va a salir barato a los políticos. No van a tener que hacer muchos esfuerzos. Quizás sea la recompensa por el descrédito que sufrieron en el pasado por un problema –el del paro- que no era del todo culpa suya.