El problema es la hipocresía europea

Artículo publicado el 18 de Marzo de 2004
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Artículo publicado el 18 de Marzo de 2004

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Los europeos han exportado el terrorismo durante siglos, ahora éste vuelve. Sólo una verdadera política de la justicia puede restringir a largo plazo los peligros del terrorismo.

Después de los terribles atentados en Madrid, en Europa se han intensificado febrilmente las medidas de seguridad: grupos antiterroristas de paisano patrullan en el metro de Londres, en Francia se ha activado el nivel rojo de alarma del plan antiterrorista “Vigipirate”, carabinieri marcialmente dotados controlan a los conductores en toda Italia, Alemania pide una reunión de emergencia de los ministros de interior de la UE sobre la situación de la seguridad. Sin embargo, con la mera presencia de un tanque en una estación de trenes no se puede evitar atentados, como dice el ministro alemán de interior Schily. Puede que todo este accionismo agitado en vista de los muertos de Madrid se deba a la voluntad de demostrar capacidad de acción. Sin embargo, los atentados inminentes en los llamados “objetivos sensibles” como estaciones de tren o tiendas, no se podrán evitar con medios policiales, según la opinión unánime de expertos en terrorismo.

“Vosotros amáis la vida, nosotros amamos la muerte”

En lugar de más controles e intensificaciones legales se tendría que considerar las causas del terrorismo. ¿Qué mueve a una persona a matar al mayor número posible de personas inocentes y a dejar una marca sangrienta del terror en la línea cronológica de la historia? “Vosotros amáis la vida, nosotros amamos la muerte” es lo que anunciaban los presuntos terroristas de Madrid en el vídeo reinvindicador. ¿Cómo llega una persona a tal grado de nihilismo? La religión, también en su interpretación más fundamentalista, lleva en sí siempre un mensaje de esperanza. La veneración a la muerte proviene sin embargo de un fatalismo básico cuyas causas sólo pueden ser ser la desesperación y la frustación total.

Mohammed Atta, uno de los pilotos de la muerte del 11 de septiembre, estuvo comprometido con la política de desarrollo tercermundista antes de que se decidiera estrellar un avión contra un símbolo del capitalismo occidental y a llevarse a miles de personas a la muerte. La esperanza perdida en la justicia, el reconocer la hipocresía del mundo occidental convirtió a Atta en un asesino. Los europeos lamentan guerras civiles y sin embargo venden armas en todo el mundo. Pretenden luchar contra la pobreza pero bloquean la importación de productos agrarios del sur. Se muestran preocupados por los derechos del hombre pero se olvidan de exigirlos ante la posibilidad de obtener el más mínimo beneficio económico. Defienden la igualdad de todos los hombres y sin embargo practican la exclusión sistemática de grupos étnicos completos en nuestras sociedades. Pretenden defender grandes ideales humanos pero piensan sólo en el beneficio propio.

Terrorismo como boomerang en la historia

“Si vosotros no termináis con vuestra injusticia, correrá la sangre”, es lo que dice el vídeo reinvindicativo de Madrid. Europa ha exportado durante siglos terrorismo y sufrimiento en todo el mundo y hasta ahora no ha pagado nada por su actitud arrogante y obstinada. Desde los actos más crueles de la colonización hasta el cargar en los hombros de los pobres de forma imprudente la destrucción global del medio ambiente, el mundo occidental siempre ha mostrado que sólo está interesado en su propio beneficio a corto plazo. Para la caricatura del fundamentalismo islámico deformada por el odio el terror recae en los europeos. Europa debe decidir si va a refugiarse en fortaleza, una fortaleza que siempre será vulnerable por más dispositivo policial y fuerza legal que haya, o si quiere intentar sinceramente intensificar la justicia en el planeta en el marco de una política de estructura global y así desproveer del caldo de cultivo al terrorismo y aceptando que el bienestar propio se reducirá en beneficio de una repartición más justa.