El problema turco

Artículo publicado el 15 de Julio de 2003
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Artículo publicado el 15 de Julio de 2003

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Turquía representa, para bien o para mal, todas las contradicciones de esta Europa, ahora que nos encontramos en un punto de no retorno. La marcha hacia el sudeste de esta Europa carolingia, eslavizada con la próxima ampliación, plantea ya el problema antes del siguiente, el cual será, que nadie lo dude, el de la enorme y misteriosa Rusia, ese universo Cataliniano.

“ Antes el turbante de los turcos que la mitra de los latinos ”

Turquía posee un caudal histórico europeo que no merece dudas, y si fuera necesario recordarlo, por estos motivos tanto como por su condición de bisagra geográfica, fue admitida en el Consejo de Europa desde inicios de los 50’, reconociéndola como tal muchos países europeos. Algo que el señor Chirac recordó en 1999 : “Turquía, por su historia, y no sólo por su geografía, así como por sus ambiciones, es europea”.

No es difícil recordar los fuertes vínculos que la atan a Europa, todo ello desde hace siglos (año 750 a decir del gobierno turco). Los húngaros son parientes lejanos de los turcos (uralo-alaíticos) en cuanto a raíces finesas y húngaras, las cuales suman, junto a la lengua vasca y finesa, la lengua húngara al grupo de lenguas no indoeuropeas y aun así integradas en la UE. La entrada masiva en Europa se da durante la prolongación de las grandes invasiones de los Hunos alrededor de los siglos V y VI, para ya no interrumpir más sus relaciones mercantiles, culturales y políticas con los europeos (noción por entonces difícil de elaborar, teniendo lugar la primera mención de este concepto a comienzos del siglo VIII). Esta puesta en contacto opera en un principio a través de los intercambios con los bizantinos colocándose como árbitros entre los pretendientes al trono griego, y cuando Orhan, hijo de Osman, fundador del imperio turco, desposa a Teodora la Byzantina, momento en el que los habitantes de los balcanes se sacan de la manga su terrible frase : “Antes el turbante de los turcos que la mitra de los latinos”. Más tarde, vendrá el turno de Francisco I° para aliarse con este pueblo y hacer respetar el equilibrio de fuerzas en el continente provocando definitivamente la entrada de los turcos en el tablero europeo y enfrentando a los Habsburgo de Carlos V con los partidarios de Osman el Magnífico. Esta dualidad turca, a caballo entre dos continentes y dos historias, parece hoy un inconveniente, como lo puede parecer el Kemalismo a ojos de un cierto número de musulmanes y de países de regiones limítrofes. A su manera, esta posición multilateral (política desde los años 20’, cultural desde hace siglos, miltar esencialmente desde hace 50 años, así como religiosa y lingüística desde Kemal Ataturk) hacen de este país un país protoeuropeo. ¿Debe, pues, entrar en la Unión Europea ?

La Unión Europea, tal y como lo exigen el tiempo y los hombres que lo han marcado, paso a paso, se define mediante criterios políticos y económicos, y no geográficos, en todo caso tenidos muy poco en cuenta. Ahora bien, aquí también se encuentra Turquía en una posición intermedia en un mundo comunitarizante en exceso. El MGK [Consejo de seguridad del ejército compuesto por cuatro representantes del poder civil y de cinco generales] reúne a los principales miembros del gobierno y detenta la Alta Jerarquía militar. Contrariamente a la situación que vivió Francia a finales del siglo XIX con el caso Dreyfus y del paso de la República de los Duques a la de los Profesores, en este caso es el ejército el garante, como tal se proclama, de la República y de la laicidad. Y si en tres ocasiones ha tomado el poder o si incluso echó abajo el gobierno electo de Erbakan en 1997, no fue tampoco para satisfacer sentimientos proeuropeos, si nos atenemos a las palabras de Funcer Kilinç, alejado de todo deseo de modernidad de los jóvenes turcos de antes de la primera guerra.

Progresos políticos sensibles.

Pero las malas notas no sólo se reparten entre el ejército, pues la corrupción gangrena. Las cuestiones chipriota y griega están también más que destapadas: los 35 000 militares y 100 000 colonos turcos presentes en la isla desde 1974 representan con toda seguridad un número excesivo, y el rechazo a apoyar las decisiones de la ONU a favor de las de Denktash viene quizá mal dado. Igualmente, a pesar de las ayudas aportadas por Ankara con ocasión del terremoto de Grecia, el nacimiento de la Turquía moderna se produjo por cesárea guerrera tras la primera guerra mundial y esta relación edípica con Grecia hunde sus raíces en la Historia y sobretodo en el siglo XIX con la lucha por la independencia con respecto de Grecia. La situación económica no es tampoco de las más boyantes, en un contexto mundial de pérdida de confianza en los mercados, de crisis bursátiles y financieras y de dudas en cuanto a las potencialidades de los países del Este. Las asociaciones con empresas europeas se han multiplicado en acorde con los lazos que históricamente los ha unido como arterias de un todo, especialmente con Alemania, quien juega a la carta inagotable de su posición en una mitteleuropa que jamás se ausenta en su juego político-económico. Los progresos se han producido sobretodo en materia política. Desde hace dos años, han sido adoptadas más de cien leyes, la constitución de 1982 ha sido modificada, las garantías de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales se han visto reforzadas, la pena de muerte ha sido limitada a situaciones de terrorismo, guerra civil o internacional, la duración de la detención provisional reducida a 4 días como máximo, las medidas de defensa de las libertades de prensa y de expresión han sido mejordas. A nivel local, comités de derechos humanos reúnen a representantes del gobierno y de ONGs.

Los esfuerzos, si bien son numerosos en este terreno, reportan por ahora relativos resultados. En realidad la pena de muerte no ha sido sino objeto de una moratoria desde 1984, las lenguas no turcas están permitidas pero su uso es difícil de extender, la tortura y los actos degradantes son todavía una realidad y 4 provincias del sur y del sudeste viven aún bajo estado de urgencia; la inmunidad de los funcionarios de policia sigue siendo la regla, la policía es todopoderosa, la censura, real (la palabra Kurdistán está censurada en todos los medios) a pesar de haber sido denunciada por varios observadores.

Cooperación reforzada.

Turquía es un país sin eje de referencia determinado; es un escalón dentro de una elipse. Queda claro que tiene un papel estratégico y político que desempeñar en su región y que por tanto vería cuestionado el espacio que ocupa en ella en el caso de ingreso en la UE. Si bien las sospechas son reales en cuanto a la dominante musulmana del problema (el 95% de la población es musulmán), no se justifica “que la mantengamos eternamente como víctima del racismo europeo” , retomando las palabras de Dominique Barthes. La cooperación debe fortalecerse, aunque se encuentre ya de por sí bien alimentada. El Plan nacional para la Adopción del Acervo (PNAA), la participación en el programa medioambiental Life III y en los proyectos del quinto programa común de Investigación y Desarrollo son los comienzos. La cooperación financiera (Meda II para el período 2000-2006) debe sostenerse con medios, como lo han sido las ayudas a la cooperación (1000 millones en subvenciones y 2000 millones en créditos), la descentralización de los poderes y las ayudas para hacer frente a las catástrofes naturales y a las primeras necesidades (programa Echo). La cooperación debe entenderse en un ámbito económico y cultural teniendo en cuenta que la integración de Turquía en la OTAN dese hace 50 años asegura el estrechamiento de lazos en el seno de la organización. Esta acción desbarataría la idea de un choque de civilizacionnes y constituiría un instrumento apropiado para pasar de una Europa fortaleza a una Europa espongiforme (¿para cuándo la integración de Rusia?), con menos mutaciones inesperadas de los países candidatos y una evolución franca de las condiciones históricas. Dentro de un clima post-11de septiembre y de compromisos mutuos entre pueblos tan marcados por la Historia, embarcados en un siglo que será religioso o no será como diría Malraux, la entrada en la Unión Europea obedece esencialmente a preocupaciones políticas, marcadas por una sobreactuación y una meta-mediatización de conceptos vulgarizantes: teniendo Turquía que apostar de lleno a la carta de la cristiandad europea en en oposición con su religión como medio de presión. Quizás tengamos que concluir que la Política maneja razones que ni la política entiende.