El puzzle atómico que une Islamabad y Teherán

Artículo publicado el 2 de Marzo de 2004
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Artículo publicado el 2 de Marzo de 2004

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El conflicto en Cachemira no viene solo: Pakistán ya ha contaminado a Irán. He aquí lo que debe hacer Europa si quiere defender sus intereses en Oriente Medio.

Pakistán no forma parte del Tratado de No Proliferación Nuclear y posee un programa de desarrollo de armas nucleares avanzado, que ya ha permitido a Islamabad hacer estallar, en 1998, su primera bomba atómica. Y que no podría haber conseguido sin la tecnología y la ayuda del régimen comunista chino.

El activismo paquistaní en el campo de la tecnología nuclear se desarrolla en el contexto político del Asia Meridional. Un contexto marcado por el antagonismo entre Islamabad y Nueva Delhi por el control de la región de Jammu-i-Cachemira.

David y Goliat

Sin embargo, la difusión de la tecnología nuclear puede no constituir en sí misma un elemento negativo. En el caso del subcontinente indio, la posesión de armas nucleares representa más bien un factor de estabilidad de la propia región. La difusión de armas nucleares ha hecho posible que durante un largo período de tiempo las numerosas crisis políticas ya no desemboquen en conflictos abiertos. El equilibrio del terror constituye también la base más idónea sobre la que se podrán entablar negociaciones que puedan resolver las causas subyacentes de la rivalidad entre los dos países.

De hecho, Pakistán teme la hegemonía india en la región y ve con gran deseo el imparable desarrollo de India, geográfica, económica y tecnológicamente hablando.

Islamabad es consciente de que no puede resistir el enfrentamiento con el gigante indio. En la actualidad, India ya destina a los presupuestos de defensa una suma cuatro veces superior a la que destina Pakistán: más de 66 millones de dólares US frente a apenas 14 millones de Pakistán. La sensación de seguridad que se deriva de la posesión de armas nucleares puede permitir a Pakistán dar una nueva dimensión a la amenaza de India y hacer que se produzca una desecurización del conflicto, pasando de la agenda militar al enfrentamiento político.

Relaciones peligrosas... para Europa

Sin embargo, si desde un punto de vista local la bomba atómica puede contribuir a calmar el juego, las cosas se complican si extendemos la perspectiva a los efectos en cadena de los que puede ser víctima la Unión Europea, vía Teherán.

De hecho, recientes declaraciones de Khan, padre de la bomba atómica paquistaní, han revelado la existencia de una serie de contactos entre algunos sectores del ejército paquistaní y el gobierno iraní. Probablemente a finales de los años noventa se produjeron algunas transferencias de tecnología a sabiendas del gobierno central paquistaní por cuenta del régimen de Teherán. Por otro lado, Irán sí forma parte del Tratado de No Proliferación pero los gobiernos occidentales sospechan que se haya desarrollado un programa nuclear con fines belicistas. El Departamento de Estado estadounidense, por ejemplo, señala a Irán como uno de los países que obtendrán capacidad nuclear de aquí a unos diez o quince años.

Pero, ¿qué incita a Teherán a la proliferación? Es cierto que la súbita caída del régimen de Sadam Hussein ha constituido una importante mejora de la posición geopolítica de Irán. Sin embargo, la amenaza de Irán en otros frentes es todavía difícil: especialmente debido a la presencia estadounidense en Irak y en el Golfo Pérsico, además del arsenal nuclear de Israel.

Pero, ¿consituye el desarrollo nuclear de Irán una amenaza para la seguridad de Europa? Desde un punto de vista exclusivamente militar la respuesta es, por ahora, negativa. La posesión de armas nucleares no es suficiente para constituir una amenaza, hace falta también poseer transportadores. El arsenal de misiles de Irán puede constituir una amenaza, como mucho, a nivel local. Irán no puede atacar a ningún estado miembro de la UE. En realidad, el objetivo de la política nuclear y de misiles de Irán es básicamente a nivel local, en otras palabras, se trata de una política preventiva y defensiva más que agresiva.

Israel, nudo gordiano

La transferencia de tecnología entre Pakistán e Irán, sin embargo, representa de todos modos un jaque al régimen internacional de no proliferación. Desde este punto de vista, la fuga de tecnología representa una amenaza, aunque indirecta, para la seguridad europea. El Tratado de No Proliferación Nuclear constituye de hecho un cimiento de la política exterior de todos los países miembros.

Sin embargo, una política inadecuada y exclusivamente represiva, como cualquiera de las previstas por el Tratado, no puede eludir, sobre todo en el caso de un tablero geopolítico en Oriente Medio especialmente complicado e interdependiente.

Ante esto, no es razonable pedir a Irán que interrumpa su programa de investigación nuclear sin presionar también a Israel con el objetivo de que elimine su arsenal. La situación es la misma, aunque a menor escala, que la de la interacción estratégica entre las dos superpotencias durante la guerra fría. Habría sido absurdo pedir a Rusia que eliminara o redujera su arsenal sin hacer la misma petición a los Estados Unidos.

La política europea se resguarda del problema de la no proliferación y sin embargo mantiene una posición predominantemente sancionadora, con miras a corto plazo. Se limita a intentar impedir el desarrollo de la capacidad nuclear y militar de estos paises a corto plazo. No se cuestiona, sin embargo, sobre las razones subyacentes que conducen a un estado a invertir millones de euros en proyectos e infraestructuras para la investigación nuclear. En este sentido, el viaje de octubre de 2003 de los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia e Inglaterra a Irán son un ejemplo de la miopía de la política nuclear de la UE.

Si tiembla un extremo del arco, tiembla entero

La política de la UE no tiene una visión panorámica de la situación. Bruselas debería presionar para conseguir el deshielo de las relaciones entre Estados Unidos e Irán, y debería ser capaz de reforzar su presencia en el proceso de paz de Oriente Medio. Un ambiente internacional más seguro permitirá a los dirigentes iraníes abandonar el desarrollo de la bomba atómica, no obligados por las presiones de los estados occidentales sino porque disminuirían las regiones de fondo de su construcción.

Pero puede que esto no sea suficiente. La UE debe alcanzar una visión de conjunto del arco que representa la crisis en Medio Oriente, una región de alta conflictividad desde el Atlántico hasta la selva de Bengala. Las sacudidas que se produzcan en cualquier ángulo del arco afectan a la larga a todo el arco, sin solución de continuidad.