El Ramadán llega a Europa

Artículo publicado el 11 de Agosto de 2010
Artículo publicado el 11 de Agosto de 2010
Tenemos hambre y prisa. A estas horas de la tarde, aún hace mucho calor. Estoy en Bolonia, Italia, y acompaño a Badr al iftar, el banquete que cada día pone fin al ayuno del ramadán

Dátiles para empezar la comidaIncluso antes de llegar al lugar ya huele a fritura. Badr me lleva al Café Azemmour, un antro donde sirven kefta (unas bolitas de carne picantes) y té de menta a los expatriados marroquíes y kebabs a los estudiantes que vuelven a casa de madrugada. Hassan está fuera, sentado en una silla. Parece más amargado que de costumbre. No ha probado bocado desde hace 15 horas, nada, ni agua, ni comida, ni nicotina. Con el ceño fruncido, Hassan mira al sol, que parece decidido a no ponerse nunca. Según los cálculos, hoy en Bolonia el ayuno puede romperse a las 19:43 en punto. Es decir, cuatro minutos antes que ayer.

Badr me hace pasar. Una vez dentro, nos acoge una multitud de olores. De una gran cacerola negra que está encima del fuego sale un fuerte olor a rancio, hay carne picante chisporroteando en la parrilla y en el mostrador brillan unos refinados pastelitos. Varios hombres están esperando encorvados en sus sillas. El dueño, Khalid, sale desde detrás del mostrador y nos saluda con un fuerte apretón de manos. Me indican donde sentarme y esperamos en silencio que pasen los últimos cinco minutos. Entretanto, miramos a una mosca negra volando al azar y una tranquilidad tensa se instala entre nosotros. Se oye el rugir de un estómago.

La espera llega a su fin

(Julie70/flickr)Hassan entra. Insiste en que, en su reloj, ya son las 19:43h. Badr se dirige enseguida hacia la nevera, coge un puñado de botellas de agua fría y las reparte entre las manos impacientes. Todos beben aliviados. Después, se sirven los platos llenos de comida. Primero, los dátiles. No es lo que más me gusta, pero, de repente, cuando su dulzura llega hasta mi boca, aprecio su sabor dulce. Hassan, revitalizado y contento, se me acerca con un vaso en la mano que rellena con el contenido de una jarra. El líquido es verde y espumoso. Con cuidado, bebo un poco. Nunca olvidaré este preciso instante: me encanta el batido de aguacate. Está buenísimo y además, alimenta y… se supone que tiene el poder de estimular la virilidad masculina.

Este batido acompaña el manjar que me están ofreciendo. Hay chebakias, unos pastelitos crujientes de miel y almendras sazonados con azafrán y agua de azahar espolvoreados con semillas de sésamo, así como trozos de sfouf, un pastel libanés hecho de sémola, cúrcuma y piñones, cortado en forma de diamantes. Además, también hay bagrir, unas tortitas de sémola con miel y mantequilla derretida.

Sopa y pescado

Ahora pasamos a lo salado. El Msamane es una pasta salada frita hasta adquirir una consistencia dura y brillante. Lo muerdo con ganas. Khalid se acerca a mí con un plato de plástico en las manos. Dentro, hay una cabeza de pescado frita, los ojos crujientes del pescado me miran. Con mucho tacto, Khalid se desvía en el último minuto y le propone el plato a otro. Rápidamente, me da otro trozo de pescado mucho menos llamativo. Cojo el trozo de pescado, y muerdo las espinas con mis dientes. Tiene un gusto muy fuerte. Me proponen un huevo hervido.

Hay muy buen ambiente. “Si estuviéramos en casa de mi madre” recuerda Bahr, “nos hubiera ofrecido un festín…”. “Tajín” sugiere Khalid desde la cocina. “Un tajín enorme” contesta Badr con orgullo, “cuatro tipos de sopa distintos. Dulces. Un cordero asado y pescado, pero no pescado como éste…” Khalid blande una espátula hacia Badr, pero él ni se imuta, “pescado que aún está vivo de lo fresco que es. Se habría pasado el día preparándolo. Después, jugaríamos un partido de fútbol. Durante el ramadán, hay partidos de fútbol todas las noches”.

El plato que nos sirven después es la apoteosis del banquete. Es un bol de harira, la espesa sopa tradicional que puede ser de cordero o vegetariana. A pesar de que mi estómago está ya muy lleno, aprecio cada una de las cucharadas de sopa. Sorbo los fideos y mastico los garbanzos. Apuro los últimos trozos de cordero que se han quedado en el fondo del bol y, saciada, me apoyo en el respaldo de la silla. Cogemos un vaso de té de menta caliente y salimos todos fuera para fumar el tan esperado cigarrillo del día. Como por arte de magia la calle está oscura, el sol ha desaparecido. Pronto, al menos para mis compañeros de comida, el ayuno volverá a empezar.

Receta de la sopa harira

500g de cordero cortado en dados

• 250g de tomates troceados

• 100g de lentejas

• 250g de garbanzos

• 100g de apio cortado y con las hojas

• 30g de fideos

• 1 cucharada de cúrcuma

• 1 cucharada de pimienta

• 1 cucharada de canela

• 2 cucharadas de mantequilla

• 2 cebollas troceadas

• 2 huevos batidos con el zumo de medio limón

• Un pellizco de gengibre

• Perejil

• Sal

Preparación:

1. Ponga el cordero, la mantequilla, las especias, el apio, la cebolla y el perejil en una olla grande y cuézalo a fuego suave durante 5 minutos.

2. Añada el tomate y cuézalo durante 15 minutos más.

3. Añada la sal y 1,5l de agua y deje que todo hierva, baje el fuego y cuézalo a fuego lento durante 2 horas.

4. Cuando esté listo para servir, añada los garbanzos y los fideos y cuézalo durante 5 minutos más.

5. A temperatura constante, añada la mezcla del jugo de limón con los dos huevos y mézclelo con una cuchara de madera.

6. Remueva hasta que se formen tiras de huevo y que la sopa esté espesa

7. Condimente a gusto

8. Sirva la sopa dentro de los boles y espolvoree la sopa con canela

Esta sopa puede servirse con rodajas de limón al gusto de cada uno.