El Referéndum en Italia que trae a todos de cabeza

Artículo publicado el 30 de Noviembre de 2016
Artículo publicado el 30 de Noviembre de 2016

¿Has escuchado algo en la calle sobre el referéndum constitucional italiano y el delirio mediático que está desencadenando? En cafébabel vamos a intentar resumir la reforma italiana en la que el drama no falta.  

Si tienes un pasaporte italiano, conoces a algún "afortunado" que lo tenga o has leído las noticias recientes, sabrás perfectamente de qué hablamos.

El acontecimiento de los acontecimientos, el voto de los votos, esta reforma constitucional está en el calendario del Primer Ministro Matteo Renzi desde el difícil principio de su Gobierno y nada parece ser más importante que esta consulta que tendrá lugar en todo el país el domingo 4 de diciembre. Pero este intento de reforma constitucional no es algo nuevo (Berlusconi, lo intentó también), pues aparece cíclicamente en el calendario político nacional. Y ya que los italianos aman el drama, esta reforma no iba a estar exenta de tal filosofía.

¿Qué se vota?

Es evidente que el objetivo del referéndum es decidir si aprobar o no una revisión de la Constitución, pero entrar en detalles sobre las modificaciones propuestas es algo más complicado, ya sea por la formulación tan poco cristalina que se ha hecho de los nuevos artículos, o por la larga lista de modificaciones que se quiere realizar.

Básicamente lo que se propone es el fin del bicameralismo simétrico. O lo que es lo mismo: que ambas Cámaras (la de diputados y el Senado) tengan el mismo poder. Actualmente, todas las leyes, ordinarias o constitucionales, deben aprobarse a través de lecturas idénticas (sin modificaciones) por ambas cámaras. Es decir, si una de las dos Cámaras aprueba una ley pero la otra la modifica, la ley se devuelve a la primera Cámara, para que se apruebe nuevamente con la modificación implementada. Pero esta Cámara también puede introducir modificaciones a su vez, y así sucesivamente de forma indefinida. Los medios definen este proceso como el "ping-pong" parlamentario. 

Si la reforma del 4 de diciembre se aprobase, quienes tendrían que dar su confianza al Gobierno ya no serían ambas Cámaras, sino solamente la de diputados, que seguiría siendo el único órgano electo por los ciudadanos a través del sufragio universal directo, encargado de votar las leyes ordinarias y las presupuestarias. De salir adelante la reforma, se cambiaría la composición y las funciones del Senado, convirtiéndose en una asamblea de representación de las autonomías locales, compuesta por apenas 100 senadores (en vez de los 315 actuales). Estos, sin embargo, no serían elegidos directamente por los ciudadanos, sino que serían nombrados por los consejos regionales y por el Presidente de la República. El Senado, por su parte, ya no deberá votar todas las leyes ordinarias que llegan de la Cámara de Diputados, sino que sólo podrá expresar opiniones y proponer modificaciones. Se mantienen algunas excepciones: las leyes constitucionales y la ratificación de tratados internacionales.

Los otros puntos de la reforma se refieren a las nuevas modalidades de elección del Presidente de la República, la abolición del Cnel [un organismo actualmente previsto en la Constitución con funciones auxiliares en cuestiones de economía y empleo, nunca utilizado, Ed], la revisión de la división de competencias entre el Estado y las regiones, la abolición de las provincias, el aumento del número de firmas necesarias para convocar un referéndum y para proponer al Parlamento una ley de iniciativa popular. 

¿El referéndum os confunde? Normal

En caso de que hayas comenzado a marearte y sientas la necesidad de releer un par de veces la lista de las modificaciones propuestas para entenderlas, puedes tranquilizarte: es completamente normal.

Hay mucho por entender y tener una idea clara no es fácil, ni siquiera para los constitucionalistas y los expertos del sector. Además, no estás solo: 6 de cada 10 italianos declaran saber poco o nada sobre la reforma, mientras que los indecisos o propensos a la abstención componen alrededor del 40%.

Por si no fuera suficiente, el enfrentamiento político no ayuda a aclarar la cuestión. La pelea por la reforma entre las dos partes se ha transformado en algo que se parece mucho a una guerra de bandas, llena de golpes bajos por parte de ambos frentes. En la campaña ha habido más machetazos que ingenio, en la que se ha privilegiado las acusaciones de la ilegitimidad de la otra parte en vez de las razones justificativas de la propia posición.

¿Sí o No?

Pero, entonces ¿por qué se vota? Quien vota "Sí" afirma que con la superación del bicameralismo simétrico se evitarían los largos tiempos legislativos, por lo que se ahorraría además una buena cantidad de dinero público que alimenta una máquina administrativa de gran alcance como es el Senado. Si la reforma sale adelante, introduciría dos nuevos tipos de referéndum, por lo que aumentaría la participación popular y redefiniría las competencias entre el Estado y las Regiones. De este modo, el nuevo Senado reflejará mejor las exigencias de los territorios. En otras palabras, la posición de quienes están a favor del "Sí" tiende más a pensar: "mejor una reforma con algunos defectos, que ninguna".

Quienes apoyan el "No" argumentan a su vez que el cuento de la lentitud legislativa debido al bicameralismo simétrico es un mito, ya que no afectaría a la mayoría de los procesos legislativos. A su vez, el ahorro sería muy poco como para justificar una pérdida tan importante. Por otro lado, los senadores, que ahora son elegidos por los ciudadanos pasarían a no serlo. Para los partidarios del "No" sería ilegítimo nombrar una Cámara con poderes legislativos sin la elección directa y sin el vínculo del mandato [una ley que los obligaría a votar según las indicaciones de los Consejos que los han nombrado, como en el modelo alemán, Ed]. Es decir, los nuevos senadores no representarían a los territorios, sino a ellos mismos, o a los partidos que los han nombrado. Sin contar a los alcaldes y concejales que se verían forzados a hacer "trabajo doble", terminando por no hacer bien ninguna de las dos tareas.

No se debe omitir la complejidad del proceso legislativo. Actualmente existen dos procesos, uno ordinario y otro constitucional. Con la reforma se pasaría a 10, quizás a 13 o incluso a 16 procesos propuestos por la nueva reforma (Ni siquiera el texto es claro sobre esto). 

Por último, con la nueva Constitución el sistema sufriría una concentración de poderes en manos del Gobierno y de su jefe, el Primer Ministro, careciendo del contrapeso del poder de un Parlamento bicameral.

En honor a la verdad, analizando las cifras, la organización de Openopolis ha calculado que los proyectos de ley sometidos al supuesto "ping-pong" parlamentario son una pequeña minoría. Aproximadamente el 20%, 1 de cada 5. Además, el bicameralismo ha salvado varias veces al Gobierno de los errores contenidos en los textos. Sin mencionar que el ahorro económico no sería el que patrocina el Gobierno de casi 500 millones de euros al año, sino que sería solamente de 50, diez veces menor, al precio de renunciar a la elección de los senadores. Y además, sin tener en cuenta que en comparación con los 64 millones de euros diarios que el gobierno italiano gasta en cuestiones militares, dicho ahorro parece una verdadera miseria.

Pesadilla antes de Navidad

No obstante, el frente del "Sí", puede alardear de tener el apoyo del Gobierno, que ahora pasa todo su tiempo promocionando las razones por las que hay que votar por el "Sí". La frecuencia de las apariciones televisivas del presidente Renzi y de los ministros es impresionante: 71 discursos en un mes y medio, un promedio de dos al día. "Ni siquiera el Che Guevara se rompió el culo así para liberar a Cuba", dcía el cómico Maurizio Crozza. Pero la campaña del Gobierno no se limita a la televisión y los anuncios. En las últimas semanas, Renzi ha enviado una carta firmada por su puño y letra a todos los italianos residentes en el exterior, para convencerlos de la buena voluntad de las razones de votar a favor. Pero no son los únicos. Las familias italianas también han recibido un folleto con un título bastante emblemático: "SÍ cambia" (Sí al cambio). Sin mencionar todas las predicciones apocalípticas evocadas en caso de la victoria de los representantes del Gobierno y sus varios seguidores.

Pero he aquí el error principal de Renzi y de toda su campaña. "Si no se aprueba la reforma, renuncio", declaraba en enero de este año . El propósito de toda sus apariciones mediáticas quizás era "ponerle rostro" a la campaña, pero terminó desviando inevitablemente la atención del mérito de la reforma a la suerte del Gobierno. Es decir, votar "No" significaría enviar el Gobierno a casa. La ecuación animó inmediatamente a la oposición, que se alineó por el "No". Al darse cuenta de la importancia del error, Renzi se retractó en verano. Tal y como dijo, no habrá ninguna renuncia en caso de que gane el "No". El Primer Ministro sigue adelante. Algo de lo que se dio cuenta cuando comprobó que la amenaza de la caída del Gobierno podía beneficiarle, estando el frente del "No" compuesto por posiciones diversas y a menudo irreconciliables. "Si pierdo el referéndum este Gobierno cae. Imaginen el espectáculo del 5 de diciembre si tienen que ponerse de acuerdo Grillo (Movimiento 5 Estrellas), Salvini (Liga Norte), D’Alema (Partido Democrático, el mismo que Renzi, aunque a favor del No) y Berlusconi (Forza Italia)", declaró el Primer Ministro Renzi. 

La personalización del referéndum generó un efecto secundario. Muchos italianos no votarán por la reforma, pero si juzgarán los actos del Gobierno. El 56% de los italianos votará a favor o en contra de Renzi, sin importar el partido al que pertenecen, en lugar de votar por la reforma. Lo que, junto al número récord de votantes indecisos (12 millones) que no saben qué votar o si abstener o no, hace que el resultado electoral sea imprevisible.

La cuestión, en el fondo, es siempre la misma: votar o dejar que el futuro lo decidan otras personas. El 4 de diciembre se acerca. Que comience el espectáculo (o el drama italiano, dependiendo del punto de vista).