El riesgo de morir de éxito

Artículo publicado el 13 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 13 de Septiembre de 2007
Las reformas liberales de la última década han convertido a Estonia en una de las economías de libre mercado de mayor crecimiento en la UE. ¿Pero puede Estonia seguir este ritmo también en lo social?

Cuando uno se aventura fuera del centro de Tallin, se perfila una controvertida imagen de la sociedad estonia. Barrios como Nomme, Kristiine u Ojsmäe tienen poco que ver con las boutiques de diseño y con el aire medieval del centro de la ciudad. Al ver los viejos bloques de estilo soviético uno se siente trasladado súbitamente a los tiempos del comunismo. Sin embargo, los BMW y Mercedes aparcados delante de estas viviendas sociales son un símbolo del progreso económico. “Incluso los más pobres tienen ahora más dinero”, dice Anu Toots, profesora de la Universidad de Tallin.

Boom económico con efectos secundarios

Ahora bien, el éxito no se ha hecho sentir en todos los sectores. “Estonia lo hizo bien en lo concerniente a la cultura del trabajo y a la innovación, pero por desgracia no ha tenido en cuenta el precio del éxito", opina Mati Heidmets, redactor-jefe del más reciente informe sobre el nivel de desarrollo humano en Estonia. El informe señala una debilidad de la sociedad estonia en comparación con Europa.

Estonia, con 65,8 años, no sólo tiene la esperanza media de vida más baja de toda la UE (10 años menos que, por ejemplo, Italia), sino que también tiene la tasa de sida más alta. En comparación con el 0,1 % de Alemania, en Estonia el 1,3% de la población está infectada con el VIH. Además, según el informe de Heidmet, Estonia es uno de los países donde la riqueza está más desigualmente distribuida. "Ni el nivel de desarrollo humano ni el fortalecimiento de nuestra sociedad pueden seguir el ritmo del crecimiento económico”, advierte el informe publicado por la Fundación Public Understanding en abril de 2007 ( PUF).

Sistema social inmaduro

La cuantía del gasto social, que se estima en la mitad de la media europea, deja claro que Estonia va a remolque en el terreno social. “Nuestro sistema social es hoy muy limitado y se basa en gran parte en la autonomía y responsabilidad propia”, dice Anu Toots. Según el presidente de la Confederación Estonia de Sindicatos, Harri Taliga, el Gobierno desperdicia demasiado dinero en una política social ineficaz. “Las prestaciones de asistencia social no van adecuadamente dirigidas a construir un futuro sólido para Estonia", afirma. “Todavía hay muchas personas en situaciones precarias, en especial muchos padres jóvenes con niños. Y el gobierno fracasa a la hora de hacer frente a estos problemas."

La vivienda social es uno de los mayores dilemas. Las viviendas sociales financiadas y gestionadas por la administración municipal sólo suponen el 2% del total de viviendas. La pensionista Urve, de 70 años, vive desde 2001 en uno de los pocos complejos de vivienda social, el Kristiine Sozialmaja. Su suerte refleja el conflicto entre justicia histórica y social que ha caracterizado la transición en Estonia.

Grupo de viviendas de protección oficial Kristiine Sozialmaja (Foto, Ruth Bender)

Fue enfermera y vivió en una "vivienda nacionalizada", pero al conseguir el país la independencia en 1991 se vio obligada a devolverla a sus propietarios de antes de la guerra. El 94% de las viviendas en Estonia se privatizó después de 1991 y dejó a muchas personas sin un techo. “Puedo estar contenta de tener una habitación y agua caliente”, comenta Urve, "pero también sé que nunca podré permitirme un viaje a Italia", se lamenta.

Otro problema es la escasa cobertura contra accidentes y enfermedades laborales. Esto resulta problemático para la futura capacidad laboral de la población, uno de los pilares en los que se basa en gran parte el éxito económico de Estonia. El trabajo es la prioridad y la salud queda en segundo lugar para la mayoría de la población. “Nuestra forma de pensar es algo primitiva. Pensamos que lo primero es hacerse ricos y luego es cuando toca preocuparse de la sociedad", dice Taliga. “Ahora hay que concentrarse en construir una maquinaria social del mismo calibre que la maquinaria económica", comenta esperanzado.

A la búsqueda del equilibrio social

Hasta 2002, la justicia social era para el Gobierno estonio sólo algo secundario. Las prioridades eran establecer las bases para el auge económico, para una economía de libre mercado y así estar preparados para ingresar en la OTAN y en la UE. Cuando los problemas sociales alcanzaron su punto álgido, el gobierno fracasó en su proyecto de colmar la brecha cada vez más amplia entre ricos y pobres con medidas de redistribución o protección social. Los resultados fueron extrema pobreza, altas tasas de paro y una criminalidad en aumento. Los sociólogos advirtieron de que Estonia se vería sumida en una crisis ética, política y social que dividiría a la sociedad estonia. Los “ganadores” y los “perdedores” del boom económico.

“Hoy ya no hablaría de dos Estonias”, dice Anu Toots. "Sin embargo, todavía no podemos hablar de que haya un equilibrio social." Harri Taliga es optimista. "A diferencia de principios de siglo, hoy no nos enfrentamos a una catástrofe.” La política social gana cada vez más peso y las mejoras son visibles, como por ejemplo el seguro de desempleo, introducido en 2002. El objetivo de Taliga es impulsar el diálogo social entre la población y el gobierno. “Estonia está experimentando ciertas dificultades iniciales y estamos trabajando para hacer consciente a la población de que puede opinar.” “Todo el mundo se preocupa por mejorar su nivel de vida, pero nadie se preocupa realmente por el vecino”, señala Anu Toots.

La mayoría de la población está dispuesta a pagar el precio del éxito. “Somos una sociedad a la que le gusta el riesgo y por el momento la gente parece feliz”, se muestra convencida Anu Toots. Mati Heidmets opina que el futuro de Estonia depende de un cambio de mentalidad. En la cultura estonia el bosque simboliza la seguridad y la protección. En su camino hacia un futuro mejor, los estonios se aventuraron fuera del bosque, pero no consideraron los riesgos asociados. “Si Estonia quiere ser un país sensato, deberá darse cuenta de que no es sólo necesario el potencial económico, sino que es necesario algo más”, dice Heidmets. Según el informe estonio sobre el nivel de desarrollo humano, “Estonia ha alcanzado el punto en que un rápido crecimiento económico no puede seguir dándose a costa del desarrollo social. Debe producirse un progreso simultáneo en ambos aspectos.”

Agradecimientos a Margarita Sokolova y Giovanni Angioni

(Fotos: ©Ruth Bender & Giovanni Angioni)