El rugby, ¿un deporte para la igualdad de oportunidades?

Artículo publicado el 10 de Febrero de 2009
Artículo publicado el 10 de Febrero de 2009
“El rugby es una maravillosa mezcla entre el ballet, la ópera y un brutal homicidio”, decía el escritor Richard Burton. Orden en el caos, muchas reglas –o ‘leyes’, como se dice en el argot– pero también marcajes, melés y placajes, que tienen algo de salvaje. Todo ello unido por una estricta ética

Hay una cierta dosis de violencia, es inútil negarlo. Escribió el escritor inglés Pelham Grenville Wodehouse: “La estrategia principal es hacer mover la pelota de algún modo sobre el terreno de juego para depositarla más allá de la línea en el otro lado del campo, y para poner en práctica esta táctica a cada equipo le está permitido usar cierta cantidad de violencia y agresividad contra el contrario que, puesta en otro contexto, sería objeto de catorce días de reclusión combinada con una dura reprimenda de su Señoría”.

Un deporte de bestias jugado por gentlemen

wikimedia¿Pero verdaderamente es violencia en estado puro? Todo lo contrario, está demostrado que el juego limpio y la no violencia son los principios que todo jugador de rugby respeta: ningún placaje al cuello o a quien no lleva la pelota, nada de zancadillas, máximo respeto al árbitro y al adversario derrotado. Los valores, de hecho, forman parte del luchador en el terreno de juego, nos cuenta Sergi Blásquez, presidente de la Asociación Catalana de la Liga de Rugby: “El rugby es un deporte noble. Se equivocan aquellos que lo consideran violento solo por ser un deporte de contacto. Muy al contrario, se base en la disciplina, la dedicación y por encima de todo está el máximo respeto por los compañeros de equipo y los rivales”. Para Georgi Dzhangyryan, presidente de la Federación Nacional de Rugby Ucraniana, se necesita sobre todo “coraje y deportividad”.

Desde Estocolmo le secunda Chris Sigworth, miembro de la Unión de rugby sueca: “El rugby se basa en el respeto. Respeto por aquellos del otro equipo y por el árbitro. Se juega duro pero de manera limpia”. Por ello, una de las costumbres más famosas es el llamado “tercer tiempo”: después de un encuentro, los equipos celebran juntos, igual que sus seguidores. Ni que decir tiene que en las gradas del estadio, los seguidores se pueden mezclar sin que existan las zonas protegidas para las hinchadas.

El fútbol con las manos

wikimediaEn resumen, es necesario dar razón a un viejo dicho: el rugby es un deporte para bestias jugado por gentlemen. En efecto, en Inglaterra nació en ambientes –las public schools, es decir, colegios privados– repletos de futuros gentlemen. La tradición cuenta que fue inventado en 1823 por William Webb Ellis, estudiante del pueblo inglés de Rugby, donde se encuentra una placa que conmemora esta gesta. Hasta entonces las reglas del fútbol permitían tocar el balón con la mano, pero no llevarlo sobre ellas corriendo, y fue Ellis quien lo desafió en un partido con sus compañeros. En 1841, la Escuela de Rugby recogió esta costumbre en su reglamento y desde ese momento el rugby cosechó un éxito creciente –se difundió poco a poco por los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, y después en el resto del mundo, incluida Europa– hasta su inclusión entre los deportes olímpicos en 1908.

kptyson / FlickrEn los países anglosajones, el rugby se ha convertido en una actividad básica en una educación de la clase alta. Su importancia desde el punto de vista educativo lo reivindica también la Federación Italiana de la Liga de Rugby que, que en sus estatutos, lo presenta como “una escuela de vida”. Asiente en esta idea también Marty Davis, entrenador de la Federación luxemburguesa de Rugby: “El rugby permite el trabajo en conjunto, chicos con estructuras físicas muy diversas se sienten seguros y se protegen mutuamente. Viendo que todos deben participar tanto en ataque como en defensa, las chicas adquieren confianza porque deben aprender a hacer las dos cosas, y los chicos se vuelven más tolerantes y aprenden a aceptar las cualidades de sus compañeras. Es realmente un deporte de equipo”. ¿Quién hubiera dicho nunca que el rugby fuera la llave para construir nuevas relaciones en equidad de género?