El Sáhara Occidental: una colonia europea olvidada

Artículo publicado el 26 de Febrero de 2007
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Artículo publicado el 26 de Febrero de 2007
Desde hace 31 años, cada 27 de febrero, los saharahuis celebran su día de la independencia.

En 1976, el movimiento independentista Frente Polisario, proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), justo al retirarse España (antigua metrópoli colonial) del territorio. Un territorio que se disputaron Mauritania y Marruecos, país que lo ocupa casi en su totalidad. El 12 de enero de 2007, Nicaragua se ha sumado a la Unión Africana y los 45 Estados en el mundo que reconocen la soberanía de la RASD. Ningún país europeo reconoce esta soberanía, pero tampoco la anexión por parte de Marruecos. En este limbo viven los 260.000 habitantes del Sáhara Occidental, sin instituciones fuertes, sin asistencia pública y en tierra de nadie. España que, desde la llegada de Rodríguez Zapatero al poder, aumenta sus relaciones económicas con Marruecos (invierte en turismo, negocia cuotas pesqueras para los barcos españoles o le “vende armas a Marruecos para rearmar al ejército alauí y perseguir a los independentistas”, denunció a principios de febrero el eurodiputado comunista Willy Meier) se muestra más indecisa a la hora de apoyar a los saharauis. La vecina Argelia, firme defensora de la independencia del Sáhara Occidental, acoge a 160.000 refugiados saharauis en su desierto alrededor de Tinduf. Aisaldos de todo el mundo, dependen de lo que las ONG europeas llevan en camiones desde el puerto de Orán hasta el sur.

Los saharauis son los refugiados más viejos del mundo, llevan 31 años en la hammada argelina sobreviviendo gracias a la ayuda internacional.

La mujer saharaui goza de la libertad que no tienen otras mujeres de países árabes que se dicen democráticos, participa activamente de la vida política y social de los campamentos.

Los niños son los grandes perjudicados en cualquier conflicto, en el sáhara además son los mejores embajadores de su causa gracias al proyecto ‘Vacaciones en Paz’, pasando los meses de verano en España.

El gobierno argelino cedió a los saharauis una franja de terreno en el suroeste del país, cercano a la frontera con el Sahara Occidental, por dónde se mueven con libertad.

Uno de los problemas que más preocupan es la falta de ocupación, hay miles de jóvenes con estudios superiores que no tienen trabajo ni esperanza para un futuro.

Mohammed es uno de los jóvenes que estudió óptica fuera de los campos, en Hungría, trabaja en el hospital del Aaiún, todos le llaman el ‘búlgaro’.

Terminada la guerra en 1992, numerosos grupos de médicos occidentales han visitado los campamentos lo que ha hecho que sea el país africano con más diagnóstico médico.

Ya sea por su religión o por su cultura, la gente mayor es escuchada y respetada, los jóvenes trabajan y aprenden con ellos.

El saharaui es un pueblo hospitalario, recibe siempre al visitante como a un familiar y le ofrece bebida, comida y cobijo.

Las mujeres llevan el peso de los campos, de ellas ha sido durante muchos años la responsabilidad de que todo funcionara.

El té abre y cierra el día, entorno a la ‘tabla’ y un brasero gira la vida social de cualquier saharaui o persona que visite los campamentos.El 27 de febrero de 1976 se izó por primera vez la bandera de la República Árabe Saharaui Democrática, desde entonces preside todos los actos y celebraciones.

El autor dedica esta fotogalería a la memoria de Ali ould Jatari, que dejó la vida el pasado 29 de enero en los campos de refugiados, y a todos los que han dejado su vida en dicho rincón del desierto.