“El Señor Kraus y la política”: sátira portuguesa con sabor polaco

Artículo publicado el 18 de Marzo de 2011
Artículo publicado el 18 de Marzo de 2011
El escritor portugués Gonçalo M. Tavares recientemente pidió a los artistas, a través de cafebabel.com, que “se sientan libres de alejarse de mis textos, si lo creen necesario. A partir de este momento, este trabajo les pertenece. Sigue su propio camino”.
Este trabajo ha sido recibido “alto y claro” por la directora polaca Violetta Wowczak, quien presenta en el teatro Les Déchargeurs de París la adaptación de este libro a la vez encantador y desencantador, Monsieur Kraus et la politique (“El Señor Kraus y la política”).

El escritor portugués Gonçalo M. Tavares sólo escribe desde los 31 años, pero ya se ha impuesto, a los 40, como una gran figura del panorama literario europeo. Todos sus libros evocan un mismo lugar utópico, “O barrio”, un barrio poblado de personajes con nombres de escritores, los Señores Brecht, Valéry o, incluso, Calvino. El Señor Kraus de Monsieur Kraus et la politique es un periodista ideal, cuya pluma rigurosa y lúcida es, ante todo, corrosiva. El Señor Kraus solo puede hablar de la política a través de sus crónicas satíricas. No hay que olvidar que el Jefe, sus tres asesores y el pueblo que Tavares ha imaginado inspiran una risa forzada y desalentadora.

Con "Jerusalén" (2005) recibió el Premio Saramago

Karl Kraus, un periodista corrosivo

Leer en cafebabel.com: Brunch con Gonçalo M. Tavares

El texto de este autor portugués ha sido adaptado en el teatro Les Déchargeurs por la actriz y directora polaca Violeta Wowczak. Afincada en Francia desde 1985, fundó la Compañía Wowczak en 2005 con la actriz Sylvie Borten, quien representa a uno de los asesores del Jefe en la obra. Después del estreno, Violetta me explica que el libro de Gonçalo M. Tavares supuso para ella un “encuentro afortunado” en 2009. Inmediatamente se le apareció una visión teatral, que ella insufló a los actores exigiéndoles un duro trabajo basado en el movimiento de los cuerpos. En escena, parecen bailarines, ¡aunque ninguno de ellos está formado para ello! En cuanto al Señor Kraus, el personaje es un homenaje al escritor y panfletista austríaco Karl Kraus, muerto en el olvido en 1936 y redescubierto tras la guerra. Temido por la virulencia de sus sátiras, Kraus había fundado la revista Die Fackel, de la que fue redactor casi exclusivo durante cuarenta años. La corrupción política, así como la de la lengua, - de la que hacía responsable a la prensa -, la negación de la justicia… y tantos otros temas que inspiraban a su pluma y le atraían una multitud de enemigos.

Una obra animalesca

Violetta Wowczak conocía a Kart Kraus antes de leer el texto de Gonçalo M. Tavares. “El libro de Gonçalo M. Tavares me incitó a leer escritos de Kraus más confidenciales y más difíciles. Cuanto más lo leo, más me gusta…”. En el escenario, el Jefe es, literalmente, un animal político de la peor calaña. Eric Moscardo-Rabenja, quien interpreta al, o más bien, a los jefes, explica que Violetta Wowczak pidió a los actores que se pusieran en la piel de animales antes de actuar… Eric se propuso entonces imitar a un pelícano. La comicidad de la obra se asienta, en gran medida, en la gestualidad de estos payasos políticos que bailan y se lanzan puñales.

Políticos, medios de comunicación: a todos los pone verdes

Así que divertidos, pero feroces. Cuando se trata subir en el escalafón, de seducir al Jefe y de acercarse a el, sus tres asesores no paran de sospechar, y sus golpes bajos harían enrojecer a los más viles cortesanos del rey de los Caractères (“Caracteres”) de la Bruyère (obra satírica publicada por primera vez en 1688). La Corte, representada aquí, es un gabinete político de lo más actual. El chándal del jefe, el concierto de teléfonos móviles en una escena hilarante… La intención de la directora es clara: este espectáculo triste ¡lo vivimos hoy en día! Dicho esto, lo que pretende mostrar Violetta Wowczak es la intemporalidad (y la universalidad): el texto de Tavares no menciona una época ni un espacio particulares. Aunque el autor sea portugués, la directora polaca y la compañía francesa, el texto le recordó a los episodios de la vida política de su país. Ni el texto de Tavares ni el trabajo de Violetta marcan fronteras. Por lo tanto, no viene a cuento que Harlan, el actor americano de la obra y dotado de un francés un tanto particular, disimule su acento. En el “barrio” de Tavares, ya sea el Señor Kraus y la política, el Señor Valéry y la lógica (septiembre de 2008) o el Señor Calvino y el paseo (septiembre de 2009), son todos arquetipos. Podríamos haberlos encontrado en cualquier época o en cualquier país, donde los medios de masas son los principales (¿los únicos?) medios de información.

Periodista crítico, ¿una Oda a la soledad?

Ya que, si al mundo de la política lo pone verde, los medios de comunicación no salen mejor parados. El Señor Kraus de Tavares es, en este sentido, un periodista ejemplar: estupefacto ante la estupidez del Jefe, también lo está ante la estupidez de los periódicos. Aunque se introduce en el antro del poder, también pasa tiempo entre la gente del pueblo y la escucha comentar, en una gran escena, el periódico donde se explica que el resultado de un partido de fútbol debería ser decidido por votación popular. Una especie de “democracia para dummies”. El Señor Kraus es un periodista ejemplar y, por lo tanto, terriblemente solo. Para Violetta Wowczak, ser periodista “es tener el privilegio de la palabra pública”. Y el actor, el artista y el espectáculo de teatro están también investidos por esta misión. Como me dijeron todos los actores, “nos sentimos investidos de algo en una pieza así”. Excepto que, como recuerda Emmanuel Gil, “el teatro no está hecho para dar respuestas, sino para plantear las preguntas”.

Monsieur Kraus et la politique,, dirección de Violetta Wowczak, basado en el texto de Gonçalo M. Tavares, en el teatro Les Déchargeurs, hasta el 9 de abril de 2011.

Fotos: Portada: Monsieur Kraus et la politique “cortesía del teatro Les Déchargeurs” ; Gonçalo M. Tavares : cortesía del escritor.