El sexo se organiza

Artículo publicado el 28 de Agosto de 2006
Revista publicada
Artículo publicado el 28 de Agosto de 2006
En Holanda, la prostitución fue legalizada en octubre de 2000, pero tras esta aparente respetabilidad, la profesión se debate entre el vivo deseo de reconocimiento social y las realidades cotidianas.

Maril, de 34 años, acaba de dejar su empleo en un hospital psiquiátrico. A partir de ahora, vende sus servicios en el Barrio Rojo de Ámsterdam y gana mucho más. Alta, rubia y siempre sonriente, a Maril parece que le gusta su nuevo trabajo. Afirma que “es muy fácil ser prostituta. Puedes crear tu propia empresa”.

Al igual que un buen número de sus “colegas”, Maril se pasea en tanga y sujetador por su “oficina” de cristal con iluminación en tonos rosas, ante el incesante ir y venir de turistas curiosos. Algunos de ellos ríen. Otros, incomodados, vuelven la mirada y aceleran el paso. En todo caso, nadie se queda indiferente.

Desde el 1 de octubre de 2000, fecha de la legalización de la prostitución en los Países Bajos, las prostitutas locales disfrutan de una verdadera estructura que organiza su profesión.

Como en Dinamarca, pueden desde entonces cotizar para su pensión o seguro médico, pagan impuestos, además del 19% de IVA por cada servicio. Sin embargo, pocas son las que pueden facturar.

¿Legalizar significa proteger?

Mariska Majoor dirige el centro de información de prostitutas (PIC), situado en el corazón del barrio rojo. Esta ex prostituta denuncia que la prostitución se considere un problema y no una profesión. “Los gobernantes piensan que las prostitutas son estúpidas y que hay que protegerlas de sí mismas. Sin embargo la mayoría de estas mujeres son fuertes. Muy fuertes. Hay que dejar de verlas como víctimas.”

Majoor explica así que la mayoría de las chicas son jóvenes que quieren ganar mucho dinero de forma rápida para poder pasar a otra cosa: financiar sus estudios o viajes. “No le miento a nadie”, subraya Maril. “De todas formas, cualquiera puede pasar por delante de mi ventana: mi familia, mis amigos.” Maril trabaja de forma independiente y es su propia jefa, alquila su local y paga sus impuestos.

¿Prostituta temporal?

Signo de la aparente banalidad del oficio más viejo del mundo es el hecho de que los 250 burdeles de Ámsterdam convertidos ahora en empresas pueden solicitar mano de obra femenina en las agencias de trabajo temporal. Pero estas propias agencias no tienen derecho de publicar anuncios de trabajo “calientes”. “Es una de las aberraciones de la ley. Tendría que ser completamente legal o completamente ilegal, pero no a medias”, sentencia Majoor.

Desde la legalización, se supone que las mujeres que ejercen en las casas de citas pueden negarse a trabajar bajo ciertas condiciones. En la práctica, si se niegan a ceñirse a las reglas fijadas por los establecimientos, son despedidas. En caso de litigio con un jefe, pueden acudir al sindicado de las prostitutas, llamado De Rode Draad que significa Hilo Rojo.

Un sindicato en pañales

El local de De Rode Draad, cuartel general de las prostitutas, está situado en el bajo de un edificio que da hacia uno de los canales de la Venecia del Norte. Entre una cafetera y toneladas de papeles, Metje Blaak, su portavoz, enumera los casos de discriminación en el que el sindicato ha salido victorioso: un banco que se negaba a abrir una cuenta a una prostituta o un niño que fue expulsado del parvulario debido al trabajo de su madre.

Hoy, la organización se concentra en las condiciones de trabajo de las prostitutas que curran a veces hasta 17 horas por día. "Hay que instalar climatizadores en las asfixiantes cabinas del barrio rojo", explica Blaak. "Las mujeres deberían de poder declararse ‘no aptas para el trabajo’ durante las menstruaciones", añade Blaak.

Individualistas y por lo tanto, vulnerables

A largo plazo, sin embargo, la viabilidad del De Rode Draad parece frágil: le faltan 3.000 adhesiones para poder integrarse en la potente federación intersindical holandesa, la FNV.

De las 25.000 prostitutas que se calcula que tiene Holanda, sólo un centenar pagaba de forma regular sus cotizaciones al sindicato en 2003. Parece también que el medio discreto e individualista de la profesión se presta más bien poco a este tipo de organizaciones. Desde la legalización, sólo el 4% de las prostitutas holandesas habrían sido censadas legalmente en la administración fiscal.

“Me importa un bledo este sindicato. Me las arreglo muy bien yo solita”, clama Jessie, de 25 años, que comparte una cabina doble con otra prostituta, de origen surinamés, como ella. “La mayoría de las prostitutas quieren administrarse de forma independiente. Nunca he tenido problemas.”

Mariska Majoor espera una evolución de las mentalidades en los próximos años, pero le reprocha a los medios de comunicación “no interesarse por la prostitución más que cuando hay un asesinato o una mujer se encuentra al borde del abismo”.

A pesar de todas las medidas tomadas para definir mejor el mercado del sexo en Holanda, algunos como la ONG de defensa de los derechos de la mujer Sisyphe, afirman que la situación de las mujeres habría empeorado desde octubre de 2000.

Según Richard Poulin, sociólogo y autor del libro La mondialisation des industries du sexe (La globalización de las industrias del sexo), el número de prostitutas “legales” habría disminuido en favor de la prostitución clandestina. En cuanto al número de prostitutas menores, habría pasado de 4.000 en el año 1996 a 15.000 en 2001, de las que 5.000 serían de origen extranjero. Un balance que está lejos de ser rosa para el barrio rojo.

Colaboró Thijs Lammers, de la redacción local de Ámsterdam

Fotos de Nicolas Baker