El sìndrome de Shopping

Artículo publicado el 9 de Enero de 2006
Artículo publicado el 9 de Enero de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Afecta màs a mujeres que a hombres, màs a adultos que a adolescentes. Hay quien es incapaz de deshacerse de él, quien lo vive con sentimiento de culpa, quien quisiera hacerlo pero no puede... Gozos y dolores del “agradable sìndrome” que asola Italia.

Shoping manía, shopping manía: que levante la mano quien, al menos una vez en su vida, no se haya dejado atrapar solo, en compañìa, para festejar un examen, un cumpleaños o simplemente por el antojo de comprar algo, útil o superfluo.

Después de todo, no es tan difícil que la tarjeta de crèdito se deslice màgicamente desde la cartera para terminar derecha en las manos de la cajera: ¡et voilà!, ¡el juego está hecho! Poco importa si se trata de ropa de marca o de cosas de pocos euros compradas en un puesto callejero. Claro que si el objeto que tiene la dura tarea de gratificarnos es un vestido de Dolce & Gabbana, el último teléfono móvil aparecido en el mercado o un bolso de Gucci, las cosas cambian. Es el llamado “Shopping compulsivo” o “manía consumista”, como lo definiò por primera vez el famoso psiquiatra Kraepelin (a quien debemos también el nombre de la enfermedad de Alzheimer) en1915: el placer de adquirir cosas se transforma en una auténtica forma de dependencia que trae consigo sentimiento de culpa, vergüenza, estrés, problemas en las relaciones sociales y en el trabajo, problemas familiares y conyugales, por no citar los graves problemas económicos. El informe 2004 de Caritas italiana-Fondazione Zancan muestra que tal fenómeno afecta mucho a los italianos. Italia “estaría afectada de shopping compulsivo en un porcentaje comprendido entre el 1% y el 8% de la poblaciòn adulta” y se trata sobre todo de “mujeres, de edades comprendidas entre los trenta y cinco y los cuarenta y cinco años”.

¡Quien quiera ser feliz que compre!

Los expertos del sector realizan diferentes diagnósticos para esta patología: se va de compras por necesidad (“compro porque me hace falta”), por puro hedonismo (“compro porque me gusta”), para seguir la moda (“compro para ser ir a la última”) o para responder a una de las muchas claves de lectura psicoanalìticas (“compro para suplir algunas de mis necesidades o carencias emocionales”, “compro para levantarme el ánimo”, etc.). Estas últimas interpretan en varios modos la adquisiciòn no controlada de bienes generalmente superfluos: de “estrategia puesta en marcha para aliviar un estado depresivo latente”, respuesta simple e inmediata para combatir “tristeza, soledad, frustración o rabia” a cambio de “felicidad, sensación de poder y competencia” (J. Lejoveus), o a instrumento “para realzar la propia autoestima y combatir así frustraciones y humor depresivo” (R.J. Faber e T.C. O’Guinn); de resultado de desajustes de la serotonina –sustancia producida por el cerebro que controla la impulsividad y el humor en general –a escamoteo para “protegerse de una determinada fobia con un rito propiciatorio. Por ejemplo detrás de la compulsividad, casi siempre femenina, de comprar ropa, podría subyacer el temor de parecer poco deseables o atractiva” (D. Pascal).

Compras: no sólo de mujeres se trata

A pesar de que las mujeres caen mucho en este síndrome, uno de los grandes méritos de los estudios sobre los comportamientos humanos es la caída de un mito: tambièn los hombres han aprendido a usar y a derrochar el dinero en cosas que a menudo son inútiles y costosas, exactamente igual que el sexo débil. Una investigación del Profesor Koran, de la Stanford University, demuestra que “el primer lugar de la ‘fiebre por comprar’, cuando se trata de las mujeres, lo ocupan los complementos, seguidos de los cosmèticos, zapatos y joyas: todos elementos que tienen que ver con la imagen. En el hombre, en cambio, prevalecen los sìmbolos de poder y prestigio como teléfonos móviles, ordenadores portátiles y complementos deportivos”.

Si después de todo insistimos en ver el “shopping” como una enfermedad femenina es mejor hacerlo riéndonos de ello. A las maníacas de las compras se les aconseja “I Love Shopping” de Sophie Kinsella para reconocerse en las irónicas manías y debilidades de Beccky, la joven y manirrota protagonista de la que ha llegado a ser una afortunada serie (Kinsella es tambièn autora de I Love Shopping en blanco, I Love Shopping con mi hermana, I Love Shopping en Nueva York), o Shopping terapia de Amanda Ford, que entre anécdotas divertidas, tests para el auto análisis y listas de chequeo, enseña a comprar con mayor conciencia de estar haciéndolo. En ambos casos se nos viene a la mente la famosa película El diario de Bridget Jones: seguro que no faltarán reflexiones al respecto.