El “síndrome ONU”

Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2004

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Cuando el terrorismo golpea el corazón del Imperio, los partidarios de que EE.UU. recomponga su “hegemonía” mundial, los neoconservadores, encuentran su momento.

Puesto que el artefacto ideológico ya se fue armando desde que en 1989, con la caída del Muro de Berlín, el mundo bipolar dijese adiós para siempre, al caer las Torres sólo hubo que aplicar dicho corpus teórico. Todo esto, a la izquierda europea le pilló en la ONU, y ahí siguen protestando mientras el contador de muertos suma y sigue.

El papel de la izquierda hasta el 11-S

Pero, ¿qué estrategia tiene la izquierda para este nuevo contexto mundial? Hagamos algo de retrospectiva histórica: España entró en la OTAN de la mano de una izquierda que, durante la década de los 80, se movió en un mundo tradicional, bipolar, domesticado por el “equilibrio del terror” en el que el pacto aliado dio tranquilidad. De forma similar actuaron el resto de izquierdas europeas, y el perfil de la UE se tiñó de atlantismo leal, aunque autónomo. Los socialistas españoles y europeos supieron encajar bien dentro de esta estructura “tranquila”, sin por ello plegarse incondicionalmente a los “halcones”. Dos ejemplos: En 1989 España votó a favor de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que condenó la invasión de Panamá por EE.UU y por otro lado, la polivalencia que ha prestado la base militar de Rhein-Main sin que por ello Alemania dejase de tener un papel crítico con algunas acciones norteamericanas.

Nueva legalidad internacional después del 11-S

Hasta que cayeron las Torres Gemelas y el mundo entró de golpe en una nueva era donde el peligro no consistía en el riesgo de invasión por parte de otro Estado, sino en una amenaza diseminada e invisible como el “terrorismo internacional”. La izquierda socialdemócrata se sentía cómoda dentro de lo que el analista neoconservador Robert Kagan llamó “la multipolaridad honorífica” que representaba la ONU y la UE. Pero cayeron las Torres. La izquierda europea pareció no darse cuenta de que las normas que habían regido el mundo tradicional durante la Guerra Fría no servían. La legalidad internacional basada en el respeto de las fronteras soberanas y de la intervención sólo tras una violación de éstas, quedaba atrás. Actualmente, ataques que antes sólo podían ser llevados a cabo por ejércitos tradicionales están financiados por gobiernos sátrapas y vinculados con el tráfico de drogas, armas, personas, y el crimen organizado en general. Desde luego, Javier Solana sí era consciente de este problema, como queda reflejado en el documento "A Secure Europe in a Better World", adoptado por el Consejo Europeo el 12/12/2003, meses antes de que ocurriesen los atentados de Atocha.

La izquierda europea y la nueva política norteamericana

Cuando los Halcones decidieron que la seguridad de los norteamericanos estaba por encima de la ONU, la izquierda europea se limitó a condenar este hecho y sentarse a mirar perpleja el vuelo de los F-16. La crisis de legitimidad de la ONU como fuente de Derecho internacional está servida, pero en Europa seguimos soñando con la Paz de Westfalia mientras en Sudán la población negra es masacrada por milicias árabes. En un mundo globalizado, con amenazas globales, el papel de defensor pasivo de los derechos humanos y de la carta de la ONU no sirve. Si la UE no consigue tener un papel “activo” dentro de la seguridad mundial, nos convertiremos en unos espectadores impotentes. La política exterior de la izquierda europea será testimonial: una política de museo, llena de buenas palabras pero totalmente al margen. La ONU ya no sirve porque donde un dictador se sienta junto a un presidente elegido democráticamente, los Estados que violan los derechos humanos hallan una legalidad “pasiva” que los protege.

No olvidemos que fue un socialista, Javier Solana, quien como secretario general de la OTAN, autorizó los bombardeos contra Milosevic, sin la aprobación de la ONU. Como ya es sabido por todos, Francia pidió a EE.UU. que liderase esa operación militar, sin la ONU, con la misma naturalidad con la que se opone ahora a intervenir para detener la masacre de Sudán. ¿Seguirá la izquierda el realismo de Solana o nos quedaremos estancados en la “vieja izquierda” del eje Francia-Alemania-España y su “síndrome de la ONU”?