El soldado de bronce y la 'gris' minoría rusa en Tallin

Artículo publicado el 25 de Noviembre de 2008
Artículo publicado el 25 de Noviembre de 2008

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En abril de 2007, una estatua soviética fue arrancada del centro de la ciudad de Tallin, lo que causó el enojo de la minoría de habla rusa, que es un tercio de la población de Estonia. ¿Se han aprendido las lecciones después de un año y medio?

En el pub de Molly Malone en el viejo centro de Tallin, Ruslana no desea que la fotografíen. “Todavía tengo un pasaporte gris porque es cómodo”, comienza esta bailarina rusa de flamenco de 24 años, de piel blanca y pintura de uñas rosa. 116. 000 personas poseen actualmente un pasaporte gris, lo que significa que son apátridas. No pueden recibir un pasaporte azul hasta que pasen un examen del idioma y otro que pruebe su conocimiento de la Constitución. “La zona Schengen ha estado abierta para los apátridas durante un año, por lo que puedo viajar a países de la UE y Rusia sin un visado”, dice Ruslana. Sin problemas bancarios o de seguro de vida, se siente bien con el ‘gris’. “He pasado toda mi vida en Estonia, y hablo estonio cuando necesito hacerlo”.

Rusos, estonios y aquello que pasó

Mientras la camarera le trae a la ‘gris’ Ruslana otro Smirnoff con hielo, comenta que no saldría con un estonio. “Me sentiría mal si olvidara algo de mi vocabulario”, es su explicación ‘oficial’; estoy seguro de que oculta la verdad. Ruslana guarda rencor a su amiga rusa y guía mía, Olga, que es estonia naturalizada, con un pasaporte azul. “Te relacionas con los estonios y no con nosotros. Hablas su idioma más que el tuyo propio”, le recrimina Ruslana. Aparentemente, ella no tiene amigos estonios.

Andrus, un estonio, simpatiza con los rusos. “La estatua era un símbolo de sus hijos muertos”. Pero después de otra cerveza, expresa un punto de vista más radical. “Teníamos una estatua de un maldito libertador soviético en el centro de la capital. Yo lo odiaba. ¡Un soldado no será jamás un símbolo de paz!” Su amigo Kristjan, de la juventud socialdemócrata de Estonia, es más reservado. “La gente tiene diferentes recuerdos. Tenemos problemas más serios que mover estatuas”.

Vadim Poleshchuk, consejero legal del Centro de Información Legal para los Derechos Humanos (LICHR, en sus siglas en inglés), deja de lado las emociones. “El soldado de bronce permaneció en su lugar casi quince años sin causar problemas. Cuando los extremistas plantearon la cuestión, los políticos empezaron a utilizar el tema antes de las elecciones parlamentarias”, comenta. Los informes policiales prueban que no hubo participación directa de la Federación Rusa. “Es un problema muy complicado conectado con la llamada ‘guerra política de monumentos’, la Segunda Guerra Mundial, tensiones étnicas y política de inmigración”, dice Poleshchuk. “Bajo la influencia de la propaganda y desinformación de los medios rusos, se empujó al pueblo salir a la calle a luchar por algo que no entendían”, añade Marko Mihkelson, presidente del comité de asuntos de la UE en el parlamento.

Idioma y constitución

Los analistas que estudian los antecedentes de los eventos de abril, que llevaron a la retirada de la estatua del famoso soldado, descubrieron que una parte considerable de la población de habla rusa se queja de la discriminación laboral. Parece que los estonios en puestos similares reciben mejores salarios, progresan más fácilmente y tienen reservados los altos cargos, tanto en las compañías privadas como en las instituciones públicas. Marko Mihkelson expresa su desacuerdo, diciendo que la ley y práctica estonias son de las más liberales de Europa. “Estoy seguro de que hay ciertos procedimientos para convertirse en ciudadano de Polonia, Alemania o Francia. No puedo entender que la gente los llame humillantes”. Pero ninguno de esos países requiere que se aprueben exámenes de idioma y constitución.

Entretanto, los analistas dicen que los rusos sufren de acoso y discriminación, sobre todo en relación a su lengua y a las políticas de ciudadanía. Marianne, una bonita rusa de cabello oscuro, camarera en el pub de Molly Malone, está en un descanso para fumar un cigarrillo. Habla estonio e inglés perfectos, y también es ‘gris’. “He estado tratando de conseguir el pasaporte azul durante cuatro años”. He tenido que presentarme a los exámenes de constitución e idioma varias veces porque los funcionarios trabajan tan lentamente que los certificados se vencen. Ahora tengo que esperar otro año y medio para recibirlo”, dice con una mirada irónica. “Es cierto que hay algunos problemas serios con la burocracia en casos específicos como este”, comenta Marko Mihkelson. “Pero no me dirá que la burocracia ocurre solo en Estonia”. Menciona que habrá dinero para una campaña de información en el año 2009, “especialmente sobre pasaportes grises y por qué sería bueno obtener la ciudadanía estonia”, agrega.

Un sondeo realizado por el LICHR en septiembre de 2005 indica que el 53% de los no estonios opinan que la ley estonia del idioma es discriminatoria. 47% de la población minoritaria considera negativa la ley de ciudadanía. El 42% de los estonios naturalizados y el 45% de los apátridas tenían dificultades para conseguir un trabajo, mientras solo el 16% de los estonios admiten tener la misma dificultad. Por último, más del 63% de los estonios cree que los grupos étnicos están aislados entre sí. Más del 59% de los que no son estonios tienen la misma opinión. Según el censo del año 2000, los estonios eran solo un poco más de la mitad de la población de Tallin.

Sin cambios a la vista

¿El gobierno ha cambiado algo en la política de inmigración para impedir que tal situación se repita? “No mucho”, responde Marko Mihkelson. “Pero no haremos ningún cambio sustancial en nuestra ley de ciudadanía, ni ofreceremos la nacionalidad estonia a todos sin exigir nada”, agrega, Vadim Poleshchuk comenta que después de abril de 2007 hubo solo un cambio de legislación: se otorgaron más derechos a los policías estonios. “Si se cree que esto no se repetirá, ¿por qué cambiar la ley?” pregunta. Tras la guerra en Georgia, cuando Rusia reclamó su derecho a proteger ‘su' pueblo, los estonios temen otra provocación de este estilo en su territorio. Mikhelson predice que Estonia “alcanzará la normalidad” dentro de cincuenta años: “los cambios históricos y sociales no pueden acelerarse”. De vuelta al Molly Malone, el frío atardecer se vuelve noche profunda a través de las ventanas y es Olga, la rusa naturalizada, quien lleva la discusión a una conclusión notable. “No somos enemigos, pero también tenemos miedo de hacernos amigos. Nos hablamos, pero no escuchamos. Nos comunicamos, pero no entendemos. Esa es la esencia de Estonia”. 

Muchas gracias al equipo de cafebabel.com en Tallin, en especial a Giovanni Angioni y Margarita Sokolova.