El sucio secreto de Europa

Artículo publicado el 30 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 30 de Noviembre de 2006
Los europeos son cada vez más confiados y los casos de sida aumentan al tiempo que un sondeo regional revela niveles preocupantes de ignorancia sobre los aspectos más básicos.

Pasan más de veinticinco años desde que el sida llamó la atención del mundo y la epidemia no muestra señales de remitir.

Las noticias sobre el sida en los últimos años se han centrado casi en exclusiva en África. Esto ha ayudado a retratar la enfermedad como un problema de los países en vías de desarrollo. Mientras casi el 95% de los casos nuevos se registran en dichos países, los gobiernos y los medios de comunicación han obviado el número creciente de casos en sus propios lares europeos.

Un total de 23.600 nuevos infectados de sida fueron registrados en la UE en 2005. En algunos países, el número de casos declarados se ha duplicado desde 1998. Asimismo, desconcertante es el hecho de que las relaciones heterosexuales son ahora las vías más comunes de transmisión. Esto prueba que los mensajes de “sexo seguro” no están llegando a los jóvenes europeos, quienes se vuelven cada vez menos proclives a usar preservativos en comparación a cinco años atrás.

La ignorancia no da la felicidad

Emma Bickerstaff, del National Aids Trust (NAT), una ONG de ayuda contra el SIDA con sede en Londres que trabaja para despertar la conciencia de los asuntos en torno a la enfermedad, dice que el problema entre los jóvenes no es tantos por complacencia sino más bien por ignorancia. “La educación sexual no es una materia obligatoria en la escuela” y añade que “mucha gente deja la escuela con apenas conocimiento sobre el SIDA u otras enfermedades de transmisión sexual”.

Este punto de vista es apoyado por un reciente estudio en la UE realizado por el eurobarómetro. A la pregunta de si existía posibilidad de contagio de SIDA al compartir un vaso, donar sangre o cuidar a un enfermo de sida, un 45% respondió afirmativamente. Mientras un 69% de los encuestados franceses sabía que no era posible el contagio de SIDA por besar en la boca, tan sólo un 16% de los eslovacos estaban seguros de ello. El conocimiento de los riesgos del SIDA parece ser más bajo en los nuevos Estados miembro. Por ejemplo, sólo un 16% de los eslovacos y letones, un 17% de los lituanos y 25% de los estonios sabían que la enfermedad no puede ser transmitida donando sangre a un enfermo de SIDA, comparado con un 89% de los suecos y un 87% de los daneses.

Arde la senda de las campañas

Entonces, ¿qué se puede hacer para educar a los europeos acerca del mayor asesino preventivo del mundo? Los jóvenes entre 15 y 24 años forman el grupo de edad que registró más del 50% de los nuevos casos en Europa en 2005. Estas personas son demasiado jóvenes para recordar las duras e impactantes campañas de información de los ochenta y en los últimos veinte años no ha habido una gran cobertura publicitaria dirigida a concienciar a las masas sobre el SIDA. Peor aún, muchos de los programas de prevención que se pusieron en marcha cuando el SIDA se convirtió en un problema principal para la salud pública, no se han mantenido.

Aun así, mientras que en los ochenta las campañas tuvieron mucho éxito haciendo llegar mensajes básicos a un gran número de personas muy rápidamente, Bickerstaff cree que, “en realidad, crearon un estigma a largo plazo en torno al SIDA”. La descripción era la de una enfermedad mortal que podía extenderse a través de la población con mucha rapidez. Esto generó cierta autocomplacencia en la población al ver que dicha situación no ocurrió. Lo que es peor, el hecho impidió que muchos afectados o grupos de riesgo solicitaran auxilio por miedo a confesar que estaban infectados. “El SIDA ha cambiado en los últimos veinticinco años”, reflexiona Bickerstaff. “Ya no es una sentencia de muerte. Si se diagnostica pronto, se puede tener una esperanza de vida normal. No es más que una enfermedad crónica más”.

Conocer al público

A pocos días del día mundial del SIDA, la UE ha lanzado una nueva campaña de concienciación bajo el lema de “SIDA, ¿te acuerdas de mí?”. Al mismo tiempo, algunos Estados miembro han lanzado sus propias propuestas publicitarias. Sin embargo, los modelos de contagio difieren a través de Europa por lo que las nuevas campañas deben dirigirse a grupos de alto riesgo.

En el Reino Unido, NAT dice que las comunidades gay y africana registran la proporción más alta de los nuevos afectados, mientras que en Europa del este, una carencia de programas para el cese del intercambio de jeringuillas hace que los heroinómanos estén en situación particular de riesgo. “Conocer cada epidemia y comprender lo que conduce a dicha epidemia –incluyendo factores como las desigualdades entre hombres y mujeres además de la homofobia- es absolutamente fundamental para la respuesta al SIDA a largo plazo”, dice el Doctor Peter Piot, director ejecutivo de ONUSIDA.

Para la UE, esto significa no sólo abordar sus propios problemas de SIDA sino también ayudar a mejorar la situación en los márgenes de las fronteras. Según la Organización Mundial de la Salud, el número de afectados registrados en Europa y Asia Central ascendió de 30.000 en 1985 a 900.000 en 2005, 90% de los cuales fueron en Estonia, Rusia y Ukrania. Con sólo un 64% de los que necesitando tratamiento antiretroviral lo reciben en 2005, el SIDA en Europa está lejos de estar bajo control