El Teatro del Oprimido: Cambiando mentalidades

Artículo publicado el 23 de Julio de 2009
Artículo publicado el 23 de Julio de 2009
Ha llegado a Europa con los exiliados brasileños y se ha instalado en París: El Teatro del Oprimido interviene en la mediación de conflictos y violencia en barrios de la periferia o las fábricas. Entrevista con su director actual, Rui Frati

“El teatro nació como instrumento de crítica social, una forma de sacar a la luz las relaciones de poder, aunque ningún tipo de teatro hará nunca una verdadera revolución”. Esta frase nos la brinda Rui Frati, dramaturgo brasileño de origen italiano que dirige el Teatro del Oprimido (TDO) de París desde 1998, una de las dos sedes históricas junto a la de Río de Janeiro. Encontramos a Rui en el distrito XII de París, en un antiguo almacén de muebles que descubrió y transformó en teatro.

¿Cómo nació el Teatro del Oprimido?

(Jonathan McIntosh)Augusto Boal organizó el TDO tras dejar Brasil y el Teatro Arena que dirigía ante el golpe de estado de 1964. Viajando por la América Latina de aquellos años, Boal, sin teatro ni compañía, probó con la interacción directa con los espectadores, a menudo grupos indígenas marginados, y elaboró el llamado ‘teatro-forum’ para hacerles participar activamente en la creación del espectáculo. Después de representar una situación de conflicto, se persuadía al público a intervenir para cambiar el curso de la acción tomando el lugar de un actor. Boal estaba convencido de que, el hecho de enfrentar al ‘espectador actor’ con otros actores le haría tomar conciencia de la opresión que sufren. De esa manera el espectador se vería animado a actuar luego para modificar la realidad en un sentido revolucionario.

¿Cómo adaptó a Europa el TDO?

El TDO llegó a Europa con los exiliados. Encontré a Boal en la Universidad de Lisboa en 1976. Nos ligaban lazos de fraternidad, ya que ambos éramos hijos de militantes de la izquierda brasileña. Trabajamos juntos por un tiempo, recuperamos la enseñanza de Paulo Freire sobre la necesidad de una educación que sirviera a la emancipación de los oprimidos. Pero en Europa las opresiones eran de otro tipo, no había derechos sistemáticamente negados, ni militares que obligaran a callar. Así, Boal, que en el 79 funda en París la compañía Théâtre de l'Opprimé, comienza a desarrollar técnicas introspectivas, psicoterapéuticas, que llevan a un teatro dirigido a ayudar al individuo bloqueado por sus miedos. Es aquí donde comienzan nuestras divergencias. Para mí el teatro no es una terapia y no debe ser usado como tal. Sin embargo, son muchos los grupos creados en el mundo siguiendo las huellas del TDO (hoy existen en Taiwán, en Corea del Sur o en la India, por poner algunos ejemplos), que valoran su potencial terapéutico e implican cada vez más a profesores, formadores o terapeutas en detrimento de actores. El resultado, bajo mi punto de vista, es un trabajo que resulta demasiado ‘realista’ y demasiado poco teatral.

¿Qué método utiliza vuestra compañía hoy?

 Aparte de producir espectáculos propios, el TDO de París propone jornadas de formación y seminarios para escuelas y grupos. Como ya he dicho, trabajamos para dejar clara la violencia que sufrimos en la vida cotidiana, pero sin querer sustituir a los psicoanalistas, ni hacer de niñeras de los jóvenes de la periferia. Hacer que estos jóvenes se expresen no es fácil, pero el método que seguimos da sus frutos. Con frecuencia el primer acercamiento a los chicos de las escuelas –que no habían elegido hacer teatro– es conflictivo. En esos casos les proponemos hacer capoeira y generalmente da resultado, crea un puente entre nosotros muy útil para luego hacer teatro juntos. Si bien aportamos el método de trabajo, es el grupo el que lleva la historia, el guión que debe llegar a crear una situación teatral que será el llamado ‘forum’, es decir, una situación que los espectadores puedan cambiar.

¿Qué significa en concreto ‘experimenta en el escenario lo que te cuesta intentar en tu vida’?

Significa que el teatro es el lugar ideal donde experimentar, aquí estamos protegidos por el hecho de que el actor interpreta a un ‘monstruo’ que hace sufrir al otro actor, y este debe responder ante esas dificultades. Hacemos ver el conflicto entre los personajes para que el espectador se ponga en su lugar y tome partido sin censurar su capacidad de crear. Este es el sentido del ‘teatro-forum’ creado por Boal. Un bellísimo ejemplo de ‘forum’ es el realizado por los trabajadores de la metalúrgica de Milán, en el que los obreros crearon personajes complejos tras investigar en Internet para meterse en el papel de médicos, técnicos de seguridad, etc. El resultado fue un trabajo de gran intensidad en el que hicieron emerger algunas soluciones, en contraste con la fatalidad que prevalece hoy ante ciertos conflictos.