¿El tercer error de Francia?

Artículo publicado el 11 de Abril de 2005
Artículo publicado el 11 de Abril de 2005
El próximo 29 de mayo, Francia tendrá la oportunidad de cometer un error histórico, si como apuntan algunas encuestas, decide votar no a la Constitución Europea.

Francia ha representado históricamente para tantos ciudadanos de Europa y del mundo muchas cosas positivas. Los filósofos de la Ilustración, la Revolución Francesa, el republicanismo democrático y la resistencia antifascista, aparte de la lengua francesa y la riqueza de su literatura. Francia es también país fundador y pionero de la Unión Europea.

Más recientemente, Francia representó al pueblo europeo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cuando se posicionó clara y rotundamente en contra de la guerra de Irak querida por los Estados Unidos. Es también notable la posición francesa en relación con la cultura de servicio público y la lucha de muchos de sus intelectuales por una globalización alternativa, más justa y solidaria, respetuosa de la diversidad cultural y comprometida con el medio ambiente. En este sentido, de acuerdo con las encuestas del Pew Institute, Francia es el país del mundo valorado más positivamente por los ciudadanos de otras naciones.

Un no incongruente

Frente a ello, Francia encierra también poderosas tendencias extremistas de derecha (Le Pen) y de izquierda (Liga Comunista Revolucionaria, Lucha Obrera), así como otras fuerzas soberanistas lideradas por los Pasqua y Sèguin. Estos elementos políticos se encuentran fuertemente movilizados para derrotar a la Constitución Europea en el próximo referéndum. Si todavía es posible un mundo multipolar, expresión tan querida en Francia, ello sólo es posible a través de la Unión Europea. Si alguien cree que Francia sigue pesando en el mundo por sí misma, o es un ingenuo o es un cínico. Sólo a través de Europa puede Francia mantener sus viejos sueños gaullistas de grandeur frente al amigo americano. Al mismo tiempo, sólo a través de la Unión Europea existen posibilidades de articular una respuesta democrática y social a la globalización. De ahí la incongruencia del viejo nacionalismo francés de corte gaullista o de derecha radical, y de la extrema izquierda anti-globalización.

En junio de 1940 Francia presenciaba incrédula la derrota total de sus ejércitos, desbordados ante el avance nazi. En esas circunstancias, el británico Winston Churchill propuso a Francia una simbólica tabla de salvación: la creación de una unión franco-británica (idea previamente formulada por el funcionario Jean Monnet), integrando a la nación francesa y británica en un mismo Estado con un parlamento común, como base para proseguir la lucha codo con codo frente al nazismo, replegándose a las Islas Británicas en caso necesario. Una propuesta valiente, teniendo en cuenta que fue formulada por un conservador británico. Sin embargo, el gobierno francés ignoró tal llamamiento, y siendo también incapaz de tomar la decisión de trasladarse a ultramar, Reynaud dimitió abriendo el camino a Pétain y su gobierno títere al servicio de los nazis.

En agosto de 1953, la Asamblea Nacional votaba en contra del Tratado de la Comunidad Europea de Defensa (CED), que había sido ya ratificado por la República Federal de Alemania y el Benelux. El objetivo de la CED, aún hoy revolucionario, consistía en eliminar los ejércitos nacionales y constituir una fuerza militar europea, integrando alemanes y franceses, eternos rivales, en dicha estructura.

Éste fue el segundo error de Francia. Del primero, Francia y Europa se recuperaron. Del segundo, aun hoy pagamos las consecuencias: la actual Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) es una estructura predominantemente intergubernamental y flácida. Esperemos que el 29 de mayo de 2005 Francia no se deje seducir por el reflejo nacionalista que tan nocivo fue en el pasado y que la Constitución Europea sea aprobada. En interés de Europa, y en interés de Francia.

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