El vino azul, ¿estamos de broma?

Artículo publicado el 25 de Agosto de 2016
Artículo publicado el 25 de Agosto de 2016

Hay que reconocerlo, ya no sabemos muy bien qué inventar. Con la gran cantidad de bebidas que hay, es difícil imaginar a estas alturas un futuro brillante para un cóctel, un vino o un licor este verano. No obstante, todos los años surge alguna una idea loca. ¿Conocéis la última? Un grupo de jóvenes españoles ha sacado al mercado un vino azul. 

De no ser porque es una historia real, diríamos que se trata de una broma. Los primeros en darla a conocer han sido los medios de comunicación, que se han apresurado a elevar "el vino azul" a la categoría de "nuevo rosado". Las cifras tampoco pasan desapercibidas, puesto que los seis españoles que están detrás del proyecto ya han vendido por todo el mundo más de 70.000 botellas. La historia empieza desde luego como una broma. Una start-up [negocio o empresa que parte de una idea creativa e innovadora] de Portugalete (Vizcaya) - Gik Blue - decide interesarse por el vino y, ya que lo hacen, atomizar la cultura. Todos tienen 20 años y ninguno es experto en enología: son diseñadores, programadores, artistas y músicos. En un comunicado sin pelos en la lengua, Gik Blue no se anda con rodeos. Su principal estrategia comercial es afirmar que no tienen ninguna experiencia, que hay que olvidar todo lo que se sabe sobre el vino, sus tradiciones y, tal vez, también su sabor. Internet hará el resto. Vemos a jóvenes conectados a un vaso de vino azul mientras contemplan una puesta de sol. Más abajo, la discoteca nos anima a asociar el producto con sushi o nachos con guacamole sin olvidar poner de fondo la música de Alt-JJames Blake. ¿Gracioso? Sí, un poco, francamente.

"Nuestra pequeña revolución"

Entrevistado por El Mundo, Aritz López, de 22 años y responsable de comunicación del "Vino Azul" explica que la idea procede de un proyecto empresarial real que surgió en la facultad. "Fue una especie de locura vanguardista. Pero mientras trabajábamos en la idea descubrimos un libro titulado The Blue Ocean Strategy [La estrategia del océano azul] en el que se explica que existen océanos rojos, plagados de tiburones, que han devorado a tantos peces que el agua se ha vuelto roja. Pero también hay océanos azules en los que los peces nadan libremente. Así es como nos atrajo la idea poética de transformar un océano rojo en uno azul". Lo que empezó como una broma recurrente, se ha convertido ahora en la idea integral de la campaña promocional de Gïk. Detrás de conceptos un tanto vagos, se trata de liberarse del folclore que acompaña al consumo del vino. El grupo parte de una premisa: en 2016, la juventud ya no respeta mucho el protocolo que existe en torno a una copa de vino. Adiós el color, el aroma o el cuerpo, "en España, nuestra generación prefiere la cerveza, los licores y los cócteles", subraya Aritz. "Por otro lado, entre nosotros, a nadie le gusta el vino tradicional. Partiendo de esta idea, iniciamos nuestra pequeña revolución". 

Si vivimos en la época de los cócteles, también lo hacemos en la de la transgresión. La revolución de Gïk Blue comienza a partir de ese concepto tan en boga que predica "la innovación de la ruptura". Y esa ruptura tendrá color azul, simplemente porque el patrimonio vitícola no lo ha visto nunca. Es por eso por lo que el comunicado de la start-up española desemboca en un eslogan digno de la Silicon Valley: "Beber el vino de Gïk Blue no es simplemente beber vino azul, es también beber innovación". Falta saber a qué sabe la innovación. En un nuevo ejercicio de transparencia, Gïk Blue nos descubre la respuesta en una entrevista en línea: "la innovación es un poco dulce y se recomienda beberla a 13°C. Se compone de "diferentes variedades de uva blanca y roja" procedentes "de diferentes viñedos españoles". Al contrario que el licor curaçao, [que también es azul], el vino azul no obtiene su color de colorantes artificiales sino de pigmentos naturales: las antocianinas. 

"Una tomadura de pelo" 

Sandrine Goeyvaerts pone en duda esta información. Esta bodeguera belga de 35 años, creadora del blog La Pinardothèque, señala que el color azul no puede provenir únicamente del vino sino del índigo, un colorante natural. "El supuesto argumento del pigmento natural es algo común en la publicidad de los vinos transformados. Efectivamente, la tintura es natural pero el vino no lo es", explica. Para Jules Lamon, enólogo francés, "es un caldo que por supuesto hay que probar, pero del que dudo de su calidad". Para Vincent Bonnal, artesano viticultor de 40 años, es absolutamente "una tomadura de pelo". Resumiendo, el vino azul no es vino a juicio de nuestros expertos, sino más bien "un cóctel que se ha visto envuelto en toda una campaña de comercialización". Y para Sandrine Goeyvaerts, eso es precisamente lo que hace descorcharlo. "Desde hace algún tiempo, ya no nos centramos en buscar nuevos sabores sino más bien en la estética del producto con vistas en su venta. Igual que la moda de los vinos olorosos tipo el rosado pomelo, el vino azul intenta hacerse un lugar dentro de una tendencia cool, en la que nos bebemos nuestra copa de vino en una discoteca o al borde de la piscina dando a entender que los demás vinos son para otro tipo de gente".

 El comunicado de Gïk Blue se hace eco de una tendencia que está dinamitando las tradiciones a riesgo de desintegrar el conjunto de la cultura vitícola. Sandrine Goeyvaerts recalca: "Se está jugando con un tema muy sensible, se está tensando la cuerda. Parece que la gente no sabe nada de vino, por lo que les proponemos un producto que no tiene otros códigos que 'servir de diversión'". El final de la historia dependerá del color de las terrazas de este verano.

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Opiniones recogidas por Matthieu Amaré y Anaïs de Vita.