El vino que vino de Jerez

Artículo publicado el 16 de Mayo de 2008
Artículo publicado el 16 de Mayo de 2008

Si existe una denominación de vinos auténticamente europea, esa es la del jerez, conocida por Sherry entre anglófonos, y Xérès entre francófonos. Obtenidos de viñedos situados en la punta sur de Europa por España, su elaboración y comercialización la han hecho desde el siglo XVIII sobre todo familias venidas de Europa a este país. Por eso, sus marcas más reconocibles desde siempre son Domecq (originarios de Francia), Osborne o Garvey (Inglaterra) o Terry (Irlanda).

Un vino con edad media

Antes, los vinos de Jerez se elaboraban como en el resto de Europa: la cosecha de cada año se dejaba fermentar por oxidación y se embotellaba. Cada botella iba aparejada a un año de cosecha. En cambio, desde el siglo XVIII, los vinos de Jerez ya no se someten a un envejecimiento estático, sino dinámico, por el sistema de ‘soleras’: los vinos de distintas cosechas se combinan entre sí dentro de botas de roble americano –“no el francés, por ser poco poroso y necesitar el vino de Jerez bastante humedad”, -nos explica en El Puerto de Santa María Rafael Osborne, responsable de Relaciones públicas de Osborne- de forma organizada, sistemática y equilibrada. Los vinos de Jerez, tienen, pues, una “edad media” y características organolépticas siempre idénticas. Todas las cosechas son igual de buenas.

Fuera de España se consume mucho más

“Al mezclar cosechas recientes con otras más lejanas se acelera el proceso de fermentación y envejecimiento del vino”, moda que se introdujo para “responder a la predilección que los ingleses tenían por vinos abocados y envejecidos”, nos relata de nuevo Rafael Osborne. No en vano, el primer consumidor mundial de vinos de Jerez es Inglaterra (32% de cuota de mercado), seguida de Holanda (23%). España sólo llega en tercer lugar con un 22% de la cuota. Holanda, además, es el primer mercado del Brandy, el conocido aguardiente de vino de Jerez, cuyo nombre viene de término neerlandés brandewijn, que significa “vino quemado”.

Según el consejo regulador de los vinos de Jerez, una de cada tres botellas de jerez se consume en primavera, la estación en la que todo renace. Shakespeare, Charles Dickens, Washington Irving o la contemporánea J.K. Rowling, han cantado en sus obras los vinos de esta comarca, pero nos quedamos con la aseveración del famoso doctor Flemming: “Si la penicilina cura las enfermedades, el jerez resucita a los muertos”.

--Mujer:  "Cariño, esa penicilina que se te murió por culpa del frigorífico estropeado es irrecuperable"

--Flemming:  "Es la última que me queda: voy a probar una solución desesperada con este poco de vino de Jerez".