Elecciones en Bélgica: el ascenso de los nacionalistas de Nueva Alianza Flamenca

Artículo publicado el 15 de Junio de 2010
Artículo publicado el 15 de Junio de 2010
En los últimos siete años, los belgas han votado seis veces. ¿Surrealismo? Es posible. Todo este tiempo se parece a una campaña electoral larga y aburrida durante la cual ningún partido hizo la más pequeña concesión

Los gobiernos belgas de los últimos tres años bajo el liderazgo de los primeros ministros Yves Leterme, Herman Van Rompuy y, nuevamente, Yves Leterme , avanzaron dando tumbos de una crisis a otra. Se designó como negociadores a ancianos y sabios ministros del estado, mientras el rey creaba incluso nuevos títulos en los numerosos intentos de salvar la situación.

¿Sabes qué es la BHV?

La campaña electoral ha girado en torno al distrito de BHV, pero muy pocos ciudadanos comprenden su complejidad

Después de tres años, los liberales flamencos (Open VLD) abandonaron el gobierno al no encontrar ninguna solución para la escisión del distrito electoral bilingüe de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV) y la campaña electoral se ha centrado en este problema. La crisis económica no da tregua, el euro está bajo presión, el presupuesto se hunde cada vez más en los números rojos y el envejecimiento se acelera, pero toda la campaña es acerca de asuntos comunitarios. Los partidos belgas ven pocas opciones que no sean la de jugar la carta comunitaria. En 2007, el centrista Partido Cristiano y Demócrata Flamenco (CD&V) formó alianza con el separatista Nueva Alianza Flamenca (N-VA) para ganar las elecciones. Sin embargo, el conflicto comunitario era tan evidente que gobernar se hizo virtualmente imposible. La circunscripción electoral de BHV, que nunca se dividió, se convirtió en el símbolo principal de la incapacidad para llegar a un acuerdo entre los diferentes grupos lingüísticos en Bélgica. 

Lo que es verdaderamente surrealista es que los belgas que comprenden las sutilezas de BHV, un distrito electoral aparentemente considerado indivisible, pueden contarse con los dedos de una mano. Hace dos meses, el gobierno colapsó y la campaña electoral ha girado alrededor de un tema del que el ciudadano belga promedio sólo comprende la importancia simbólica. 

Las últimas elecciones y Vlaams Belang

El 24 de noviembre de 1991, el partido nacionalista flamenco Vlaams Blok (ahora Vlaams Belang) fue el gran ganador. El ‘domingo negro’ marcó el comienzo del incesante crecimiento del partido de extrema derecha, de manera que las clásicas coaliciones entre las dos grandes familias políticas se hicieron matemáticamente imposibles. En 2004 el partido repitió su éxito, mientras las otras formaciones forjaban alianzas poco naturales. Para el año 2007, Bélgica estaba al borde de una parálisis total.

Mientras tanto, el Vlaams Blok colapsó como resultado de tensiones internas. El CD&V se aferró al puesto de primer ministro después de que la alianza con el NV-A se rompiera y hoy tiene que lidiar con las consecuencias. El público flamenco, siempre radical, siente que el partido ‘traicionó’ la causa flamenca en favor del poder que no ejerció. Los sondeos de opinión indicaban que el N-VA, un partido que en los últimos seis años era demasiado pequeño para superar el umbral electoral, pero que salió indemne del diálogo comunitario, podía obtener el 26% del voto flamenco. No se equivocaron: fue el partido más votado con un 30% del porcentaje en la región flamenca, lo que se traduce en 28 de los 150 escaños del Parlamento.

Su partido, el N-VA ha conseguido 28 de los 150 escaños del ParlamentoEl N-VA tiene el control ahora pero, ¿cuál será el primer paso del carismático líder del partido, Bart De Wever? “Tiendo la mano a los francófonos. A nadie le interesa que el país siga bloqueado. Hacen falta reformas en las estructuras”, afirmó tras conocerse los resultados. ¿Puede lograrse un acuerdo entre el N-VA y los partidos de habla francesa y sus contradictorias demandas? Es probable que no y De Wever ya advirtió que si para entrar a formar gobierno debe renunciar a su programa no lo hará. El futuro está ahora entre el N-VA y los socialistas de Elio di Rupo, vencedores entre los francófonos y que obtuvieron 24 escaños. Los cuatro años que nos separan de las próximas elecciones federales pueden proveer algo de la muy necesaria estabilidad política para Bélgica. Sin embargo, lo más probable es que los votantes barajen las cartas de tal modo que la estabilidad sea para siempre una cosa del pasado. 

Este artículo escrito por Tom Cochez se publicó por primera vez en una versión belga más extensa  en la revista independiente Apache News Lab

Imágenes: principal ©stttijn; Bart Van Wever ©thomasgeuens/ Flickr