Elecciones en Polonia: el culebrón de la temporada

Artículo publicado el 3 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 3 de Octubre de 2007
Arranca la campaña electoral de las elecciones generales en Polonia. ¿Qué han hecho los polacos para merecer esto?

Durante toda la campaña electoral, Ley y Justicia (PiS), el partido conservador que ganó las elecciones parlamentarias en 2005, se esforzó por crear una división entre la Polonia solidaria y la Polonia liberal. Para lograr el triunfo, se valió de fórmulas como “restauración de la moral”, “purificación”, “descomunización”, “lucha contra la corrupción”, pero, sobre todo, contra lo que el partido denomina el “contubernio”. Hablaban de “crear la IVª República”, una república nueva y mejor, más liberada de los comunistas.

A la semana de las elecciones todavía se tenía la esperanza de que se formase una coalición, pero la divergencia -no tanto entre los programas sino entre los altos cargos políticos de los adversarios al PiS- impidió que se llegase a acuerdo alguno. Al final, el PiS logró la mayoría parlamentaria gracias al apoyo de dos partidos ultraconservadores controvertidos, el LPR (Liga por las Familias Polacas) y el Samoobrona (Autodefensa), a pesar de que durante la campaña electoral Jarosaw Kaczyski declaró que nunca cooperaría con Lepper (líder de Samoobrona y ahora ministro dimitido por acusaciiones de corrupción). Primer signo de la ruptura de las promesas electorales del PiS.

En los meses siguientes, el uso de cargos públicos, de repentinas y “casuales” fugas de información de los archivos del Instituto de Memoria Nacional (IPN) por las que información confidencial de oponentes políticos comunistas salían a la luz sin necesidad, la crítica del Tribunal Constitucional, el nombramiento de personas incompetentes para puestos importantes de la administración y los ministerios, como la ministra de deportes Elbieta Jakubiak, conocida por no hacer nás que lo que le ordena el PiS, las declaraciones de mal gusto en boca de representantes del gobierno, el cese de ministros sin motivos claros, las constantes disputas en el seno de la coalición..., no son más que algunas de las hazañas del gobierno de Jarosaw Kaczyski. Todas estas acciones fueron realizadas en nombre de la lucha contra el “contubernio”.

Fugas de información

La verdadera crisis se produjo con el desmantelamiento del “pacto contra el contubernio”. Lo más curioso es que no se trata de un pacto entre postcomunistas y antiguos oficiales de los servicios secretos, sino entre personas de gran confianza del Primer Ministro Kaczyski. En primer lugar, se inculpó al Viceprimer Ministro Andrzej Lepper, a quien se le tendió la trampa de ofrecerle un soborno de 3 millones de zlotys para que modificara la naturaleza de unos terrenos de cultivo inexistentes a terrenos para fines turísticos. La acción fue una provocación torpe y Lepper dijo en una entrevista televisada que Zbigniew Ziobro, Ministro de Justicia y mano derecha del Primer Ministro, le avisó de la situación. Se comenzó así a buscar un culpable y la búsqueda desencadenó la mayor crisis política desde la caída del comunismo, la disolución del Sejm (congreso) y el adelanto de las elecciones.

El principio del fin

De la noche a la mañana, Janusz Kaczmarek, Ministro del Interior y Administraciones Públicas -y persona de confianza del Presidente, del Primer Ministro y del Ministro de Justicia- se convirtió en el principal inculpado por las fugas de información.

Dado que se encontraba de vacaciones, Kaczmarek se defendió acusando al Gobierno de usar métodos de espionaje y de utilizar la fiscalía, la Agencia de Seguridad Interior (ABW) y la Oficina Central de Anticorrupción (CBA) para fines políticos. El Primer Ministro y el Ministro de Justicia explicaron en las entrevistas el fallo que supuso su nombramiento como miembro del gobierno. El Presidente llegó incluso a declarar: “Janusz Kaczmarek ha sido el mayor desengaño de mi vida”. Las conferencias de prensa diarias con las personas implicadas iban destapando los tejemanejes del gobierno. Para completar, el fiscal y la ABW ordenaron el arresto de altos cargos ministeriales, entre ellos el Ministro del Interior y Administraciones Públicas –puesto en libertad más tarde porque el tribunal consideró que se trataba de un arresto injustificado–, el Comandante general de la policía, el presidente de la mayor empresa aseguradora polaca, PZU S.A., y uno de los empresarios más importantes de Polonia. Un par de semanas antes, todas ellas eran personas de confianza del Presidente y del Primer Ministro, y el empresario era el único hombre de negocios considerado “bueno y honrado”. La oposición criticaba los atentados contra la moral, la utilización por parte del Gobierno de métodos similares a los de la Stasi y de atentar contra la democracia. En su respuesta, el Primer Ministro explicó que de esta manera el PiS lucha contra el “contubernio”.

“Vuelta a la normalidad”

La situación política no parece preocuparle mucho al Primer Ministro polaco, quien con gran tranquilidad contesta que todos estos actos tienen, precisamente, por objetivo la vuelta a la normalidad en Polonia. Le parece bastante normal arrestar a personas sin motivo, llamar a los periodistas “carroñeros” y a los ciudadanos que no apoyan la política gubernamental “académicos resabiados”. A ojos de Europa, Polonia es un país cada vez más raro, sin bien es difícil estar de acuerdo con la tesis de la prensa extranjera que afirma que la democracia en Polonia está en peligro. Aún contamos con tribunales independientes, que no muestran reparo en fallar en contra de lo dictado por un fiscal, así como con unos medios de comunicación en los que todos pueden expresarse libremente.