Elecciones regionales en España: ¿Quién teme al lobo feroz?

Artículo publicado el 26 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 26 de Mayo de 2015

La cita con las urnas estaba llamada a ser un punto y aparte en la democracia española debido a la entrada de nuevos jugadores en el tablero político. Los partidos de nuevo cuño pretendían llevarse todas las cartas, mientras que el viejo bipartidismo no se terminaba de creer el cambio de mesa. Terminada la partida hacemos cálculos.

El mapa político de España ha cambiado de forma notable por primera vez desde la transición; sin embargo, ni la transformación ha sido tan grande como algunos anunciaron, ni tan discreta como otros esperaban. Las estimaciones de los distintos partidos siempre son optimistas en sus diagnósticos, y en esta ocasión parece que todos elevaron demasiado sus ambiciones, si bien el éxito es matizable, siempre resulta más difícil hacer lo mismo con la derrota.

Quien no tiene ninguna duda de la catástrofe es Rosa Díez, cuyo partido Unión Progreso y Democracia (UPyD) [1] ha visto reducido el apoyo entre los votantes a menos de la mitad. El resultado ya le ha costado el liderazgo a la señora Diez y el futuro de la formación queda suspendido por el momento. Quizá a UPyD le hubiera ido mejor imitando los pasos de Izquierda Unida (IU) [2], cuyo fracaso electoral no resulta tan grave gracias a los acuerdos creados junto a otras formaciones (en esencial con la marca Podemos [3]) Además, los resultados obtenidos pueden servir a la formación para aclarar su división interna, polarizada por los políticos Alberto Garzón de un lado y Cayo Lara por otro. El primero tiene todo a favor, pues parece más resuelto a pactar con nuevos grupos.

Naranja y morado, nueva combinación ganadora

Los dos grandes grupos que se estrenan en estas elecciones, Ciudadanos [4] y Podemos, tienen un futuro lleno de complicaciones gracias a su buen resultado. Esto no es paradójico, es el coste del éxito. 

Ciudadanos se encuentra en una posición incómoda tras la obtención de 1.461.258  de votos que le colocan como el partido con quienes todos quieren hablar. Hoy es el niño deseado, pero corre el peligro de ser tratado de manera instrumental, un “partido bisagra” para dar el gobierno a otros. Su presidente, Albert Rivera quiere atajar esto con una política de exigencias para sus posibles socios. Si bien es una táctica interesante y muy lógica, queda por ver si es posible mantenerla a un nivel práctico, pues demasiados escrúpulos podrían hacer que el electorado perdiese interés en su grupo.

También les hubiera favorecido un pacto con UPyD para establecerse en las distintas autonomías, pues han desarrollado todo su tejido político en apenas unos meses, y eso les ha costado varios percances y manchas en ese pulcro decálogo tan defendido con sus colores. UPyD pudo haber aportado su experiencia y sus bases en lo que hubiera sido un acuerdo muy interesante. Con todo, el Partido Popular (PP)[5], interlocutor más lógico para Ciudadanos, todavía no parece muy seguro de qué tono emplear con ellos, el acercamiento puede resultar complicado.

El caso de Podemos es incluso más complejo, su decisión de no utilizar el nombre del partido en las municipales ha otorgado el título nominativo de “tercera fuerza municipal más votada” a Ciudadanos. Esta estrategia desde el partido morado pretendía reforzar la vinculación de los partidos municipales amparados bajo su marca con los votantes, además serviría cómo maquillaje (o sería más fácil desentenderse) en caso de tomar decisiones controvertidas o llegar a pactos difíciles. También solucionaba en cierta medida el difícil asunto de asentar las bases del partido a lo ancho del país, tarea nada fácil con el poco tiempo de maniobra con el que contaban.

El resultado ha sido dispar, los problemas han sido muchos y las listas aprobadas por el partido se confundían con aquellas no aprobadas pero que sí se presentaban a las elecciones. Los resultados son buenos, pues la hipotética suma que aglutina su marca les colocaría en una verdadera tercera posición. Queda por ver si el partido de Pablo Iglesias tomó la buena decisión con esta peculiar estrategia. De momento se convierte en la llave para el giro hacia la izquierda en una gran cantidad de autonomías y municipios, su objetivo ya lo han dejado claro: sacar al PP de los distintos cabildos y asambleas. A esto su talante conciliador puede ser de gran ayuda, pues ya lo ha demostrado gracias a la buena sintonía en estas elecciones con IU y otras formaciones.

Rojo y azul, una victoria pírrica

Pirro, rey de Épiro, luchó contra los romanos en la batalla de Ásculo en el 279 A.C. venciendo por poco y perdiendo gran cantidad de soldados. Esto hizo que su victoria fuese muy amarga. Al igual que Pirro deben haberse sentido los dirigentes de PP y Partido Socialista (PSOE) [6] en la noche del 24.

El PSOE, con 5.587.084 de votos, continúa siendo el segundo partido más votado. Sin embargo ha perdido casi un millón de electores por el camino con respecto a 2011 (y entonces ya perdió otro millón y medio comparando sus resultados con las autonómicas de 2007). Las cifras le acercan al PP, su eterno rival, pero más por el descalabro de este último que por otra circunstancia. Las declaraciones de su secretario general, Pedro Sánchez, en tono triunfalista, resultan completamente absurdas y parecen acrecentar el carácter desorientado del partido. Ni siquiera en Andalucía han sido capaces de salvar todos los muebles, donde el PP conserva la alcaldía de Sevilla. Pese a todo se postulan como fundamentales para realizar un cambio hacia la izquierda, pero en casi todos los casos necesitan aliarse con otros partidos para crear gobiernos estables. ¿Sabrán entenderse con los nuevos grupos?

El PP con 6.032.496 de votos pierde dos millones y medio respecto al año anterior. Si bien continúa siendo el partido más votado, el apoyo de los electores ha disminuido notablemente. El propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha admitido esto y ha señalado directamente los casos de corrupción como causa del problema. Descarta, sin embargo, realizar cambios en el partido o en el gobierno. Aplaza así el necesario proceso de regeneración del partido si pretende recuperarse de cara a las generales. Con los resultados sobre la mesa, conserva muchos municipios, pero su influencia disminuye demasiado como para crear gobiernos estables sin realizar coaliciones.

Juego de tronos y pactos

Vistos los resultados es imposible no afirmar que el panorama político del país ha cambiado, si bien no tanto como se anunciaba. El "fin del bipartidismo", tan proclamado por los medios no es una realidad. El resultado es bueno para los grupos de nuevo cuño, pero no dejan de ocupar el puesto de tercera y cuarta opción (en casi todos los casos) a una distancia todavía muy grande de los viejos partidos. Se convierten en piezas clave del entramado político, pero todavía no son sus protagonistas.

Ni siquiera los grandes triunfos de estas elecciones son completos: para Ada Colau en Barcelona, representante de Barcelona en Comú [7] llegar a sentarse en la silla de alcalde le será complicado con el número de escaños conseguidos, necesita de un pacto estable, pero las conversaciones con otros partidos se adivinan difíciles; por su parte, Manuela Carmena por Ahora Madrid [8], transformada en un icono en cuestión de semanas, se ha colocado a sólo un escaño de la representante del PP, Esperanza Aguirre, quien tiene difícil el gobierno de la capital, lo más probable es que Carmena logre pactar con el PSOE para hacerse con la alcaldía, poniendo fin a más de veinte años de gobierno del PP.

Al carecer de mayorías absolutas y a seis meses de las elecciones generales, se presenta un periodo difícil e inestable para el país, pues las coaliciones entre los distintos partidos serán difíciles todavía. A los nuevos grupos no les beneficia lo suficiente tomar acuerdos con los antiguos y habrá que ver hasta qué punto los distintos gobiernos no se establecen sólo gracias a abstenciones o apoyo indirecto.

Estas elecciones municipales-autonómicas demuestran que si bien llega viento fresco a la política española, los electores todavía ven con recelo los avances de los nuevos partidos. Muchos todavía votan siguiendo ese conocido refrán de "mejor malo conocido que bueno por conocer". No obstante, al margen de la relativa prudencia de la sociedad, el pulso político de los partidos se inclina, dentro de su nueva diversidad, hacia una única pregunta: ¿Quién teme al lobo feroz? El PP ha ganado las elecciones como la fuerza más votada, pero ha salido debilitado de la contienda. Es necesaria una regeneración del partido para recuperar lo perdido, pues el resto de grupos empiezan a envalentonarse y pronto podrán disputarle el trono.

[Referencias]

[1] UPyD o Unión Progreso y Democracia, partido de centro político, socio-liberal, progresista, centralista y monárquico.

[2] IU o Izquierda Unida, partido de izquierda política, socialdemócrata con influencias comunistas, republicano.

[3] Podemos, partido de izquierda política, igualitarista, anti-establishment con influencia comunista, republicano.

[4] C's o Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía, partido de centro-derecha, socioliberal, postnacionalista.

[5] PP o Partido Popular, partido de derecha política, conservador, neoliberal, representante de la democracia cristiana, nacionalista español, monárquico.

[6] PSOE o Partido Socialista Obrero Español, partido de centro-izquierda política, socialdemócrata liberal-progresista, monárquico.

[7] Barcelona en Comú, partido de izquierda política donde confluyen Iniciativa per Catalunya, Verds, Esquerra Unida i Alternativa, Equo, Procés Constituent y Podemos.

[8] Ahora Madrid, partido de izquierda política donde confluyen Podemos, Ganemos Madrid, Equo y exmiembros de IU.