Éloïse Bouton: Une Femen liberada

Artículo publicado el 9 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 9 de Marzo de 2015

Con o sin camiseta, Eloïse Bouton lleva el feminismo en la sangre. Con motivo de la publicación de su libro Confession d’une ex-Femen, hace un repaso a su experiencia como militante desde el patio del colegio hasta el banquillo de los acusados. 

"¿Has visto lo último de La Barbe? Les puteamos hasta el final". Éloïse Bouton hace gala de franqueza con su mirada y su forma de hablar. En una mesa de La Maroquinerie en París, esta treintañera de uñas rojas se alegra de haber formado parte del último escándalo del grupo de acción feminista. El pasado 10 de febrero, una decena de mujeres con barbas postizas irrumpieron en un debate económico que tenía lugar en los locales del periódico Le Monde para denunciar la excesiva representación masculina: 16 de los 17 participantes eran hombres. "Es la misma teatralidad, muy de segundo grado, que me gustó de Femen al principio", comenta la periodista que fue descubierta por el gran público en 2012, esta vez sin postizos y sobre todo sin camiseta junto a las militantes que llegaron de Ucrania para liberar a las mujeres.

Después del 'boom' mediático

Este lunes por la tarde, la tranquilidad impera en La Maroquinerie, de cuya acústica se vanagloria Éloïse. Lejos ya de la agitación de sus dos años de activismo a pecho descubierto, esta pelirroja bebe tranquilamente a pequeños sorbos una cerveza en una sala casi vacía. Parece que con la redacción de su libro Confession d’une ex-Femen ha pasado página definitivamente. "¿Puedo 'vapear' [fumar un cigarrillo eléctronico, ed.]?", pregunta la misma que nunca pidió permiso para quitarse la camiseta en plena manifestación de Civitas en París o dentro de una iglesia.

"Por un momento me dio vergüenza", reconoce con respecto a su primera aparición sin camiseta durante los Juegos Olímpicos de Londres. A pesar de llevar hoy un gran jersey azul que tapa sus tatuajes, Eloïse no se ha vuelto tímida. Sigue creyendo que "es genial" reapropiarse de la herramienta de marketing y de sumisión que representa el cuerpo de la mujer y crear con él un mensaje totalmente inverso. Como si quisiera tranquilizar a aquellos a quienes les impacta el desnudo político, precisa que incluso en la playa le cuesta hacer topless. "No soy una exhibicionista", dice en una clara indirecta dirigida hacia el Tribunal que, por este motivo, la condenó el pasado mes de diciembre a un mes de pena en suspenso, a una multa de 1.500 euros y a pagar 2.000 euros en concepto de daños y perjuicios al párroco de la Madeleine. Los hechos datan del 20 de diciembre de 2013. Mientras en España Mariano Rajoy planea restringir las condiciones de acceso a la IVE, Eloïse entró en una iglesia con dos hígados de ternera en las manos para emular el feto abortado de Jesús.

A pesar de la sentencia y de su salida de Femen hace un año, Eloïse no se arrepiente de su acción. "Yo he recurrido. Si no funciona, está el Tribunal Supremo. Si no aceptan la apelación, está el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y dudo que aquí no lo tengan en cuenta", explica tranquilamente. "Esto podría durar 10 años, pero puede que sirva para cambiar las cosas", remata antes de dar otra calada electrónica.

Impacto literario

Diez años no son gran cosa para alguien que afirma haber sido siempre feminista. De pequeña ya se dio cuenta de la diferencia de trato entre ella y su hermano, le hacían comentarios sobre su ropa o su voz grave y defendía a sus amigas. Sin hablar de machismo, la joven Eloïse tenía la sensación de que las chicas eran un "tema de que hablar". Una sensación que no racionaliza hasta el instituto gracias a la lectura.

No sorprende en absoluto que los primeros libros presentes en su biblioteca sean los de Violette Leduc y Simone de Beauvoir. Pero no El segundo sexo, sino más bien La invitada, novela en la que De Beauvoir desvela la intimidad de la relación abierta que tenía con Jean-Paul Sartre. "Nunca antes había leído a una mujer hablar así de su sexualidad", recuerda. En sus estanterías se encuentran también obras de autoras pertenecientes al feminismo negro como Bell Hooks o Kimberlé Crenshaw, que teorizan sobre la noción de interseccionalidad, o sobre el hecho de sufrir diferentes formas de discriminación al mismo tiempo. "¡Esto me impactó muchísimo!". Tanto, que se especializa en los movimientos de protesta afroamericanos, redacta una tesina sobre el rol de la mujer en el hip hop, continua sus estudios en Nueva York y empieza a militar por los derechos LGTB.

Femen un día, feminista siempre

Cuando llegó a París, se estuvo "buscando", políticamente hablando. Duda entre unirse a Los Verdes, la falta de paridad del Partido Socialista la desanima, asiste a varias reuniones del grupo Ni Putes Ni Soumises, pasa por Osez le féminisme y forma parte del grupo La Barbe durante dos años. "Necesitaba hacer algo más radical", recuerda. Y fue lo que encontró en Femen. Sin embargo, la luna de miel no duró demasiado. "Pasábamos todo el día juntas, pero no sabíamos casi nada las unas de las otras”, resume pinchando una aceituna. Los entrenamientos "militares" de las integrantes tampoco le gustaban a alguien cuyo carácter independiente se acerca más al de un "un niño salvaje encima de una roca". Entonces, una mañana de 2013, el rumor explota en internet: Eloïse sería Femen de día, escort por la noche. La organización feminista, pero ferozmente opuesta a la prostitución, no la apoya en absoluto. Meses más tarde, algunas Femen la acusan sin razón de ser "el topo" que se sinceró en el periódico Figaro. Ofendida, abandona el movimiento definitivamente en febrero de 2014 y, acto seguido, escribe Confession d’une ex-Femen como "terapia" más que como venganza.

Su cólera la reserva para las discriminaciones diarias. Por ejemplo, en su trabajo como periodista, la etiqueta "feminista" la lleva siempre encima. Cuando era Femen, nadie aceptaba sus artículos. Hoy en día, en cuanto propone un tema relacionado con las mujeres, o sobre cuestiones de género, se cuestiona automáticamente su objetividad, ya que sigue apoyando puntualmente a algunas asociaciones. "Hoy llamamos objetividad a lo que no es más que el punto de vista del hombre blanco de cincuenta años", afirma.

Y si sólo fuera eso… "El otro día en una cena, todas mis amigas, más que cualificadas, tenían problemas, mientras que todos los hombres presentes, de los cuales algunos ni habían terminado el bachillerato, se las arreglaban". ¿Coincidencia? Ella no lo cree así. En la lista de temas que ensombrecen sus ojos verdes figuran también: "Los hombres que no reconocen sus privilegios" y el "acoso a pie de calle". "¡Ah! La diferencia de salario, por supuesto...". "Podríamos hablar de todo esto durante horas", sentencia pidiendo otra caña.

---

Lire : 'Confession d'une ex-Femen' de Éloïse Bouton (Éditions du Moment/2015)