El«tchip»: la sonrisa del desprecio

Artículo publicado el 26 de Agosto de 2015
Artículo publicado el 26 de Agosto de 2015

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Prohibir el «tchip» en los colegios es el nuevo caballo de batalla elegido por algunos directores para acabar con ese ruido de succión tan particular, sinónimo de descontento y de desprecio, utilizado por los alumnos. Pero, en realidad, ¿qué es el «tchip»?

Un nuevo mal hace estragos en los colegios franceses, un mal que responde al dulce nombre de tchip, ese ruido de succión sinónimo de desprecio y de desdén. Los profesores están hartos de ser «tchipeados» todo el día por sus alumnos y son muchos los institutos y colegios que se plantean prohibir el «tchip» dentro del recinto escolar, a raíz de la iniciativa puesta en marcha por el director de un intituto de Évry, en la región de París.

El «tchip», un lenguaje rico

El «tchip» es una onomatopeya que se hace apretando los dientes y provocando una ligera succión de la lengua. Se utiliza para expresar descontento o desprecio y tiene sus orígenes en la cultura africana y caribeña. Por otra parte, en Costa de Marfil se denomina «Tchourou», «tchrrr» o incluso «tchuii» a ese sonido tan particular. 

El tchip constituye por sí solo un verdadero lenguaje. Desde luego, un lenguaje no verbal, formado por un único sonido, pero que posee paradójicamente una multitud de significados posibles según el contexto en el que se emplee. La manera misma de «tchipear» (un silbido largo o corto) permite expresar toda la proporción e intensidad del descontento. «"Tchipeo" cuando estoy nerviosa, impaciente o cuando hablo con ironía sobre algo» explica Fanta, una joven marfileña de 25 años. En África, «tchipear» es un acto banal utilizado a diario, tanto que forma parte de los códigos culturales. Una madre puede «tchipear» a su hijo para regañarle porque ha hecho una trastada, puede «tchipear» porque han subido los precios del supermercado o incluso puede «tchipear» porque ha perdido el autobús. 

Ridwan, 15 años, estudia secundaria en un instituto de Brunoy, en la región de París. «Tchipea» desde siempre puesto que es algo que forma parte de sus códigos culturales y reconoce que también «tchipea» en el colegio. «Es mucho más fácil "tchipear" a nuestros profes, porque la mayoría no saben lo que es», admite la adolescente. Thibaud, 28 años, vive en París y, aunque es blanco, también ha conseguido «tchipear». «Descubrí el "tchip" con 15 años, junto a amigos negros. Para mí, el "tchip" no es diferente de otra onomatopeya tal como "Pfff " o del gesto "paso de tí/no quiero escucharte". La única diferencia es que no lo hago delante de mis amigos negros, entre gente experta, puesto que es un lenguaje utilizado por una determinada comunidad que no es conocido habitualmente por todo el mundo». Lo mismo le pasa a Mamadou, 29 años, que creció en Burkina Faso y vive desde hace 10 años en París. Él también ha conseguido «tchipear», pero solo lo hace con sus amigos negros o con «los que vienen de su país». 

De Magic System a Christiane Taubira

Asociado desde hace mucho tiempo a la comunidad negra, el «tchip» se ha extendido a otras muchas comunidades. Con la ayuda de la mezcla cultural, sumado al efecto de mimetismo, el colegio parece haber sido uno de los lugares propicios para la difusión y la democratización del «tchip». «A fuerza de estar juntas, mis compañeras han acabado también "tchipeando". Esto me parece raro porque sé que no es algo habitual en sus casas, pero estoy acostumbrada», reconoce Ridwan. Su hermano pequeño de 10 años, Antoine, también «tchipea» en su clase de CM2 «cuando el maestro no está en plan majo» y reconoce que sus compañeros, cualquiera que sea su origen, hacen lo mismo.

El «tchip» se ha hecho tan popular que no es raro escucharlo en la tele o encima de un escenario. Ya sea de forma humorística con Kevin Razy (la parodia antillana de bwef ) o sobre las tablas con Claudia Tagbo durante un sketch, de forma pedagógica en Arte en la emisión Karambolage,  o de forma irónica con Christiane Taubira en la Asamblea Nacional, el «tchip» está presente por todas partes en la esfera pública.

Claudia Tagbo - El Tchip

Para Marthe, 38 años, madre de Ridwan y Antoine, la popularización del tchip está también ligada a la apertura de mente de la sociedad, mucho más abierta a escuchar músicas provenientes de África tales como el «Coupé Décalé» o el grupo Magic System y a hacer suyas expresiones que han escuchado. De hecho, otras muchas expresiones africanas tales como «s’enjailler» (del argot marfileño o nouchi) o incluso «zarma» (en árabe) han entrado a formar parte del argot, pero estas últimas no han tenido actualmente éxito en la escuela como el «tchip».

Una reapropiación cultural que causa polémica

Aunque tchipear sea moneda corriente en la cultura africana, es de sobra conocido que los padres de estos jóvenes no tchipean ni tampoco las personas más mayores que ellos, ya que es un signo ostensible de insolencia, una falta de respeto o un insulto. Y aquí es donde el gesto ofende, puesto que nuestras queridas cabezas rubias y encrespadas de los colegios e institutos franceses tchipean a todas horas. Se trata de una reapropiación cultural mutilada o desviada, ya que no respeta los códigos establecidos. No sorprende que sea un director de origen africano el que lanza la primera señal de alerta sobre esta práctica. En caso de prohibirlo en los colegios franceses, ¿no irían las instituciones demasiado lejos?

«Es un falso debate, el verdadero problema no es el "tchip" sino más bien el tema de la autoridad y de la relación enseñante-alumno», dice con enfado Mamadou, que considera exagerada esta polémica. «Creo que el "tchip" se percibe como una forma de influencia de los immigrantes en la sociedad francesa y, en una sociedad en la que los nacionalismos aumentan y los migrantes asustan, es normal que la polémica cobre tanta importancia», opina. 

Por el contrario, Thibaut piensa que la polémica está justificada y hay que prohibir el «tchip» en el colegio. «Entre gente que no es de fuera, "tchipear" es un modo de romper el diálogo.  No solo es irrespetuoso que los alumnos lo hagan a sus profesores, sino que además es una manera de rechazar la jerarquía». Los padres de los alumnos también se lo plantean. Fabien, 48 años, padre de un niño de 9 años que está en CM1, confiesa no entender la prohibición. «¿Qué pasa con la libertad de expresión tan defendida en los tiempos que corren? Para mí, prohibirlo equivale a incitar a "tchipear", puesto que a los jóvenes les atrae lo prohibido. ¿Por qué no prevenirlo?». Es mejor una cosa que la otra: ¿quién pensaría que un simple ruido con la boca puede generar tanto debate en los pasillos de los colegios e institutos franceses? 

Este artículo se realizó en el marco de la Street School, curso de formación gratuito de periodismo de StreetPress.