¿Emergencia en Nápoles? No sólo monnezza

Artículo publicado el 15 de Febrero de 2008
Revista publicada
Artículo publicado el 15 de Febrero de 2008
Campania sumergida en toneladas de inmundicias, una UE que amenaza con la intervención del Tribunal de Justicia...: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Testimonio de un joven reportero gráfico napolitano.

Italia está de nuevo entre la espada y la pared. Ultimátum de la Unión Europea: el 31 de enero de 2008 el país tiene un mes de tiempo para resolver la situación, en caso contrario el asunto pasará directamente a ser gestionado por el Tribunal de Justicia europeo.

“La situación en Campania es intolerable y entiendo la frustración de los residentes”, ha declarado el comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas, “es absolutamente necesario que las autoridades italianas tomen las medidas adecuadas, como ya están haciendo, para resolver el problema, y que construyan las infraestructuras necesarias para poner fin a una situación que llevan arrastrando más de diez años.” La “crisis” de la retirada de residuos en Campania se remonta, de hecho, a 1996. La región aprobó un plan de retirada más bien ambicioso que no preveía ni vertederos ni reciclaje. Los residuos se transformarían en energía, gracias a un sistema de termovalorizzatori (incineradores que transforman el calor en energía). Los residuos han empezado a ser almacenados en ecoballe (un tipo de embalaje prensado para ser después quemados), pero la gente ha comenzado a protestar por las consecuencias ecológicas y ambientales de las instalaciones. Estás se paralizaban mientras antiguos vertederos se iban cerrando. De ahí que de tanto en tanto, Nápoles y su región, la Campania, se vuelvan a encontrar sumergidos en basura, con administraciones municipales y regionales que no saben qué hacer.

Esos agujeros desde los que observo Nápoles

Todos los lugares de la tierra tienen cosas que son difíciles de explicar, típicas de ese sitio: vicios, gestos, palabras, costumbres, virtudes y pecados. Campania es uno de esos lugares donde esa dificultad de hacer entender a los otros el porqué de algunas cosas se convierte en un obstáculo insuperable, un muro de cemento armado. Nápoles ha estado en las últimas semanas en boca de medio mundo. Las montañas de basura esparcidas por las calles, las protestas en las carreteras, las hogueras, las acciones policiales para frenar las revueltas, etc. Pero, a pesar del amplio e inconcreto debate, queda en muchos una pregunta: ¿Cómo ha podido suceder que una de las ciudades más bellas, emblemáticas y problemáticas de Italia se encuentre sumergida en los residuos, incapaz de gestionarlos? Todos se han preguntado sobre Nápoles, pero no es un problema que afecta sólo a la capital de la región: son sobre todo los pueblos más pequeños, los menos conocidos los que están afectados por ello. Pueblos desaparecidos, tragados, que quizá no han visto realmente la luz de la democracia y la libertad de la república, pueblos donde el poder político está emparejado con la camorra.

En el interior campano, las señales de carretera, esas que indican las direcciones son coladores con agujeros hechos por proyectiles. Están oxidados por el el orín y la lluvia, diseñando el miserable cuadro de la situación. Es como un espejo deforme y que deforma al devolver la imagen de la tierra en la que vivo. Cada día, los ciudadanos de estas tierras tienen que levantarse y mirarse en ese espejo. Esos agujeros son brechas en el pecho de quien aquí reside. Son agujeros en la imagen de Italia. Para entender lo que está pasando, para comprender los montones de basura, haría falta partir de esos agujeros de proyectiles. Haría falta decirle al mundo que la política, durante años, en Camapania no ha hecho construir las instalaciones para el sistema de recogida selectiva de basuras; haría falta decir que durante años se han abierto vertederos enormes que han envenenado el territorio. Haría falta decir que se han dado decenas de promesas de crédito para la preparación de los vertederos que después se han convertido en verdaderas bombas en lo que respecta a los riesgos medioambientales. Y haría falta también hablar de una región donde no funcionan los transportes públicos, la asistencia, la sanidad, las escuelas, la justicia. Un dato para todos: la tasa de desempleo en Nápoles llega al 31,39%, mientras que en el resto de Campania se habla de un 11,58%.

Así, después de haber cerrado los últimos vertederos sin haber dispuesto un plan para la retirada de los residuos, el Estado italiano se ha vuelto a encontrar con que tiene que gestionar una situación alarmante. Por un lado las bolsas que se acumulan por las calles, por el otro las revueltas de personas que no quieren sufrir más, que ya no están dispuestas a tolerar decisiones que juzgan como inadecuadas en su territorio. La situación en Campania recuerda a la de las “banlieues” (suburbios de las grandes ciudades) francesas. No se trata en efecto sólo de “monnezza”. No puede ser sólo esto si se encienden focos de protesta en toda Campania. Se trata de malestar social que está explotando en una de las cuestiones no resueltas del sur de Italia y de Europa. Un territorio acostumbrado a sufrir y soportar. Un territorio obviamente en ocasiones también culpable y connivente. Por esa filosofía del “déjame vivir tranquilo”.

Todas las fotos son de Giulio Finotti