Émilie Simon: "No exploro, juego con la música"

Artículo publicado el 12 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 12 de Octubre de 2009
Tras instalarse en Nueva York, vuelve con un álbum electro-pop que publicado el 21 de septiembre. Con 31 años, esta cantante francesa, prolífica y erudita, se atreve con un disco completamente en inglés: The Big Machine

Quedamos en el hotel Amour (qué bonito) en el más que chic 9e arrondissement de París. Émilie Simon sale del vestíbulo al patio para responder las preguntas de los periodistas, en plena maratón promocional. En esta ocasión, luce una túnica verde poniendo caritas, y consigue hacerlo con clase. Se presta al juego de las preguntas-respuestas sin problema, incluso disfruta hablando de su nuevo álbum y se divierte durante las sesiones de fotos. Con su voz de niña, su encanto de mujer y su sonrisa sincera, Émilie te mira a los ojos y te responde sin rodeos. Desde ese momento, el tutearse se convierte en algo natural, ya que tan solo tiene 31 años. Coloco la grabadora entre nosotros antes de empezar la entrevista. Ella coge el misterioso objeto y pregunta, con aire divertido: “Pero, ¿es tu teléfono?”. En las antípodas de lo que sería una diva caprichosa, se ríe cuando le pregunto si no se cansa de responder siempre las mismas preguntas. “¡Y esto no ha hecho más que empezar!”, bromea.

De Montpellier a Nueva York…

Nacida en Montpellier, Émilie ya no es tan francesa desde que se mudó a Nueva York. Viajó allí por vacaciones, se enamoró de la ciudad y se instaló en Brooklyn. Le encanta la energía que desprende la ciudad-mundo de la que habla con entusiasmo. Nueva York era un desafío y fue amor a primera vista. Y hasta aquí podemos leer, porque no explica mucho más. Tal y como habla de los barrios donde ha vivido, es obvio que está enamorada de la ciudad. De Chinatown a Williamsburg, entre vanguardia elitista y “street art”, Nueva York es la viva imagen de la cantante: diversa, cambiante y voluble. En esta megalópolis el público no la conoce, ya que la versión americana de El viaje del Emperador (película con la que se dio a conocer en Francia) tiene una banda sonora diferente, con lo que la artista parte de cero.

Actúa en clubs, aprovechando el ambiente intimista de las salas pequeñas y vuelve a su tono intimista. “Es muy agradable. La gente que viene a verme no viene a ver a la ganadora de los premios de la música franceses. Llegan sin prejuicios porque no me conocen. Es evidente que es un desafío constante, pero, más que nada, es un estímulo permanente. Si se marchan contentos, es que lo he hecho bien y he logrado emocionarles”. Y a este lado del Atlántico, ¿has oído hablar de la ley Hadopi (polémica ley francesa para castigar las descargas en internet)? La cantante se va por la tangente con una sonrisa que desarmaría al periodista más malintencionado. Afirma con sinceridad que: “Sí, pero no tengo ninguna opinión al respecto. Habría que tener siempre una opinión sobre todo y prefiero callarme mejor que hablar de lo que no domino bien”. Ahí queda eso. Le pregunto cómo vive su regreso a París, a Francia. Se pone a pensar antes de pronunciarse: “Aquí no hay la misma energía, pero me sienta bien estar aquí ”.

De sus estudios de música a los premios de la música francesa

Me corrige con un acento ligeramente del Sur, que equivale al que tienen los franceses que viven en un país anglófono: “No exploro, juego con la música”. Y prosigue: “Explorar es algo muy científico y organizado, pero nada de esto fue planeado. Nunca perseguí una carrera musical. Aprendí a tocar la guitarra y el piano. Para ir un poco más lejos, decidí aprender a pinchar. Para mí era una continuación lógica. Fue algo que vino así, de manera natural”. Émilie, “naturalmente”, pasó del conservatorio de Montpellier, donde el aprendizaje es muy duro, a la Sorbona y al Ircam, instituto puntero en tratamiento de sonido y de música electrónica. Los álbumes de Émilie Simon son de esos que se redescubren sin cansarse nunca, ya sea en la intimidad de un vagón de tren desierto o en una cadena hi-fi a todo volumen. Tanto si susurra como si estalla, esta cantante sorprende por su sabiduría y, aquí está la clave: se divierte.

The Big Machine

Su último álbum, The Big Machine, es en inglés. ¿Será una estrategia para conquistar América? Ella lo desmiente: “Vino de manera natural… Yo vivía en inglés, leía en inglés, y acabé por soñar en inglés. Así que, cuando empecé a escribir, las palabras no me salieron en francés”. Me explica este periodo de escritura, durante el cual tuvo que aislarse un poco del mundo. "Ya escuchaba mis canciones todo el día. Al volver a casa por la noche, no podía ni escuchar música. No es un buen momento para abrirse al mundo". Es la primera vez que presenta composiciones nuevas al público, testigo de sus progresos. “Había perdido la práctica. No hay que dejarse influenciar demasiado ni pensar todo el tiempo en las personas que lo escucharán, sino uno se estanca y no avanza”.

Si tuviéramos que describir The Big Machine, hay que admitir que sería complicado. Intentaríamos hablar de los juegos de sonoridades creativas y afirmaríamos sin complejos : “digna heredera de Björk, la joven francesa se acerca a Kate Bush”. Está claro, Émilie la cita entre sus referencias. “Crecí con Kate Bush, es una artista completa, un universo de una riqueza increíble. Aunque muchos otros músicos también contribuyeron a la banda sonora de mi infancia. Siempre somos el resultado de un montón de influencias”. Todas estas cantantes comparten un notable gusto por la innovación, con una tendencia a sorprender en cada álbum. Así que más bien diremos: “en un paisaje musical donde la canción reina con su sobriedad, la joven francesa nos trae una bocanada de aire fresco”. Resumiendo: Émilie desentona, lo cual se agradece.