Emilio Caruso: “Soy un obrero de la construcción europea”

Artículo publicado el 11 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 11 de Febrero de 2008
La memoria histórica de la Comisión Europea se vuelve amable en manos de un italiano que ha visto muchas cosas.

Asistente en el Servicio de Portavoces desde 1974, ingresó en el Euratom cuando tenía poco más de 18 años y luego en el Secretariado de la CEE. Desde hace ya cuarenta y cuatro años.

Vestido con un traje azul de raya diplomática, de un porte impecable y unas formas elegantes, atento y amable, Emilio Caruso nos recibe en su despacho a las 17 horas. De las paredes cuelgan fotos de bailes una de ellas con Margot Wallström, de amigos y varios presidentes (Prodi, Durão Barroso) y de colegas periodistas, y una imagen de él mismo a los siete años en Sicilia.

“Soy un obrero de la construcción europea porque funcionarios lo somos todos. ¡Todos funcionamos en estas instituciones si queremos!” Así se presenta Emilio Caruso, un enamorado de Europa desde siempre, desde que, todavía muy pequeño, se trasladó con su familia desde Sicilia a Bruselas, donde todavía hoy vive.

“¡Llámame Emilio, que no paso consulta!”

“Doctor Caruso...”, “¡Llámame Emilio, que no paso consulta!”. De acuerdo: “Emilio, ¿qué ha cambiado en estos treinta y cinco años de trabajo en la Comisión Europea?” “En el 72, con el Palacio Berlaymont (la sede de la Comisión Europea en Bruselas, NdR) casi por estrenar, teníamos treinta periodistas acreditados de todo el mundo; seis portavoces de los Comisarios, de los cuales alguno de ellos trabajaba para dos países, y todas las propuestas pasaban por mí antes de ser transmitidas al Parlamento. Estudio todos los órdenes del día, pero recibo y leo diariamente cuatrocientos documentos de la Comisión, otros tantos del Parlamento y luego los del Tribunal de Justicia, del Comité Económico y Social...

Hoy en día hay 1.274 periodistas y he tenido que afinar bastante mi memoria. Por no hablar del hecho de que antes se hablaba en francés, mientras que ahora el inglés es el amo y señor. Incluso cuando existe la posibilidad de hablar la lengua materna propia, se prefiere el inglés. Bah...”

El archivo histórico viviente de Europa

Emilio Caruso es el archivo histórico y humano de la Comisión Europea y en cuarenta y cuatro años ha conocido a todos los presidentes y comisarios que se han ido sucediendo. “Un referente privilegiado para los periodistas y lobbistas, cualquiera que trabaje en el seno de las instituciones lo conoce por su devoción incondicional por la causa europea y su seriedad al seguir los borradores y órdenes del día.

Trabajador incansable, “los sábados me gusta preparar el trabajo de la semana siguiente”, a Emilio Caruso le reconoce todo el mundo por la calle y por los pasillos y conserva recuerdos vívidos de Jacques Delors: “Siempre me decía que él era un autodidacta”, y del presidente belga Jean Rey rememora: “Era pequeño de estatura, hijo de un pastor protestante belga, de Lieja, de una gran humanidad. Yo tenía unos 23 años y me lo encontraba cada mañana, porque vivía frente al Cinquantenaire (parque de Bruselas en el que se sitúan varios museos y la mayor mezquita de Bélgica, NdR), donde yo trabajaba. Me daba ánimos y me decía que para nosotros, los jóvenes, Europa era importante”. ¿Y sus experiencias con Aldo Moro y Giulio Andreotti? (Primeros ministros italianos, el primero asesinado por extremistas de izquierda, NdR) "Del senador Andreotti recuerdo su entusiasmo increíble. Con vistas a la adhesión de España y Portugal, en 1985, 'nos obligó' a trabajar cuarenta y ocho horas seguidas. Momentos épicos de gran cohesión y solidaridad.”

Humanidad y sencillez

Vayamos a algo más prosaico. Me pregunto qué implica seguir los pasos de alguien como Caruso. “Naturalmente, se accede mediante oposición. Y todavía son muy duras, como en mis tiempos. Antes igual que ahora. Pero he notado que los jóvenes daban menos por sentada esta carrera. Poníamos en ella nuestra alma, nuestro entusiasmo. Ahora los encuentro algo más apagados, más rígidos. Menos entregados al esfuerzo que implica este trabajo.” No obstante, Caruso no pierde ocasión de charlar con los jóvenes funcionarios y becarios que se suceden de continuo en la Comisión. Y es con ellos con quienes más disfruta regalando las lecciones más fascinantes de Historia y arquitectura, las anécdotas más vívidas: en un estado de, podría decirse, casi consciente y pura naïvité.