La nef des fous (La nave de los locos): una película humana para un debate sereno

Artículo publicado el 18 de Febrero de 2015
Artículo publicado el 18 de Febrero de 2015

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Tras ser juzgados no responsables de sus actos, se les encierra por un tiempo indefinido en el psiquiátrico de la prisión de Forest. El documental La nef des fous nos sumerge en la vida cotidiana de estos detenidos que viven en una realidad en suspense. 

Del 11 al 13 de febrero pasados, la la séptima edición del festival «Images Mentales» (Imágenes Mentales) ha ofrecido tres días de proyecciones seguidas de mesas redondas y debates dedicados al problema de la salud mental. Estos encuentros, acogidos por el centro cultural de la Vénerie en Watermael-Boitsfort (Bruselas), tienen como objetivo promover un debate colectivo en el que directores, profesionales de la salud y ciudadanos puedan intercambiar libremente sus puntos de vista. Si en el cine la imagen del «loco peligroso» siempre se ha tratado y mediatizado, la locura es en igual medida un problema social a menudo ignorado. Se trata, por tanto, de un auténtico trabajo de comunicación y de desestigmatización de cara al gran público el que pretende llevar a cabo este festival. 

Una clausura apoteósica

El documental La nef des fous venía anunciado como el plato fuerte del festival. Se rodó en el psiquiátrico de la prisión de Forest en Bruselas, y pone de relieve una incoherencia del sistema legal belga: a las personas condenadas y juzgadas no responsables de sus actos se las mete entre rejas. 

Les habría hecho falta un año de estudio de localizaciones, dos años de rodaje y otro de montaje a los dos directores, Eric d’Agostino et Patrick Lemy, para dar forma a 75 minutos de humanidad quebrada, olvidada, pero nunca desaparecida por completo. Debido a que el equipo de psiquatras no ha querido aparecer en el documental, los dos se vieron obligados a rodar directamente en las celdas y, a veces, a quedarse allí durante horas, sin vigilancia alguna junto a los detenidos. Estos, sintiéndose en confianza, se fueron abriendo poco a poco a la cámara y recordaron su recorrido, su impotencia y, sobre todo, su desesperación. 

Más allá de los problemas clásicos ligados con el encarcelamiento, la característica distintiva de este tipo de anexo psiquiátrico es que no propone una verdadera respuesta, dejando con ello a los detenidos en el silencio administrativo y a la espera. La mayoría de ellos no conoce su fecha de salida y no entra en contacto, salvo en contadas ocasiones, con el aparato judicial. No se les considera ni tan enfermos como para internarlos ni tan sanos como para quedar libres, y tampoco tienen el sentimiento de que se les cure; más bien se sienten olvidados, desplazados al margen de la sociedad porque se les declara no aptos para vivir en ella. 

«En algún momento fui psicópata, en otro psicótico, en otro carismático» - Patrick

Como ejemplo encontramos a Patrick, acostumbrado desde hace años a los centros especializados. Tras una infancia difícil, desarrolló una adicción al juego y cayó en la delincuencia para poder seguir jugando. Patrick forma parte de esas personas (el 80% de los detenidos, según los directores) a las que se mete en dispositivos de exclusión desde la infancia, víctimas, por ejemplo, de maltrato o de abusos sexuales. Como la sociedad no consigue encauzar este proceso a tiempo, la cárcel constituye, de algún modo, la última etapa de un recorrido que siempre ha sido complicado. 

También tenemos a Jean-Marc. Tras haber sido acusado de acoso por su exmujer, de repente se vio recluido en prisión, y más tarde en el anexo psiquiátrico. Al principio, durante unos días; después, durante un tiempo indeterminado. Dedicido a librar «una batalla diaria contra la resignación», su banalidad emociona y su situación asusta, pues ¿quién decide si una persona es responsable o no?

Y también a Jacques. Jacques es un detenido ejemplar. Para él continuar llevando una vida normal se ha convertido en una cuestión de honor: limpia, cocina, trabaja. Se encuentra más bien a gusto en este lugar, y cuenta su vida diaria, lee una carta de su hija, la llama por su cumpleaños. Su dulzura, su altruismo, su lucidez hacen cuestionar, una vez más, las razones y la pertinencia de su reclusión. Sin embargo, de repente, Jacques explica sin rodeos cómo mato a alguien de forma arbitraria, creyéndose el objetivo de un gran complot. Víctima de arrebatos delirantes y de crísis paranoicas, Jaques nos devuelve brutalmente al tema de la enfermedad y, con esta, del tratamiento en el anexo. Al no haberse rodado las sesiones de cura, el expectador puede quedarse con la impresión de que también se ha olvidado a los detenidos en el sistema sanitario. Solo quedan los fármacos… «Me trago las pastillas de Tranxene como si fueran lacasitos» declara Rédouane entre risas.  

«Este silencio es el mejor homenaje que se le puede hacer a la película» - Patrick Lemy

Más de una vez nos reímos, escuchamos, nos hacemos preguntas, nos indignamos. Sin embargo, La nef des fous no cae nunca en el dramatismo y consigue ser un documental justo y extraordinariamente humano. Al finalizar la proyección la sala permanece en silencio; la emoción es palpable.

A continuación se propone un encuentro-debate con los dos directores y con Jean-Marc Baeten, uno de los protagonistas, liberado tras el rodaje, e Yves Cartuyvels, jurista y criminólogo. Eric d’Agostino y Patrick Lemy no esconden el impacto directo que ha causado el rodaje en ellos y admiten que no han salido indemnes. Por otro lado, el visionado les ha vuelto a sumergir en una realidad de la que ellos han podido salir, mientras que otros aún viven allí. 

Cuando se les pregunta a los directoeres si el documental cumple con los objetivos que se habían marcado, Patrick Lemy se muestra bastante satisfecho con el resultado: «podríamos haber hecho una película feudal, insufrible, apestosa. Estamos muy orgullosos de haber podido hacer una película humana, para llevar a cabo un debate sereno». Efectivamente: lo que sigue es un debate sereno, que saca a colación la ausencia de políticas penitenciarias en Bélgica, la inadecuación de este tipo de estructuras y la importancia de la reinserción. La conclusión de la velada se centra en la responsabilidad del conjunto de la sociedad de la segregación de los individuos: al que no es como los demás a menudo se le deja de lado. Los encuentros Images Mentales han ganado, por tanto, su apuesta: promover el debate colectivo y dar lugar a una auténtica reflexión ciudadana y cívica sobre la exclusión.