Lost in Translation: la traducción de películas, un arte un tanto extraña

Artículo publicado el 25 de Septiembre de 2016
Artículo publicado el 25 de Septiembre de 2016

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Cuando se trata de traducir títulos de películas a otros idiomas, no basta con copiar y pegar algo en Google Translate y ver qué sale. No es tan sencillo. Para intentar que las películas atraigan a un público más amplio, los estudios cinematográficos idean títulos bastante inesperados...

Algunas películas son tan icónicas que sus títulos funcionan en cualquier idioma. En Italia, Vito Corleone es Il Padrino; en FranciaLe Parrain; en PoloniaOjciec chrzestny. Algunos títulos, sin embargo, no necesitan traducción: en cualquier parte de Europa, basta con decir las palabras Star Wars para que la gente se ponga a tararear la melodía de la saga o imite a Chewbacca. Aun así, a veces los estudios deciden modificar algún título para que haya más gente que mueva el trasero y se siente en las butacas, con lo que obtienen resultados interesantes...

Fijaos en La jungla de cristal  (Die Hard, en inglés), ese clásico de las películas de acción de los ochenta cuyo título deja de tener sentido cuando se para uno a pensarlo. Mientras que los alemanes recurrieron a un enfoque más literal a la hora de traducir el título de la película -Stirb langsam, que en alemán significa literalmente "muere lentamente"-, muchos países europeos se inspiraron en el gigantesco rascacielos en el que se desarrolla la trama de la película. De este modo, en francés pasó a ser Piège de cristalen Italia, Trappola di cristallo; y en polaco, Szklana pulapka; títulos que podrían traducirse como "la trampa de cristal".

Las secuelas suelen ser un problema. En Polonia, por ejemplo, todas las posteriores entregas de La jungla de cristal utilizaron el título Szklana pułapka, a pesar de que John McClane ya no estuviese encerrado en un rescacielos. Durante la década de los noventa, en italia rebautizaron Solo en casa (Home Alone) como Mamma, ho perso l'aereo (mamá, he perdido el avión). No obstante, cuando estrenaron la segunda entrega en la que Macaulay Culkin se pierde en la ciudad de Nueva York, el título pasó a ser Mamma, ho riperso l’aereo: mi sono smarrito a New York (mamá, he vuelto a perder el avión y ahora estoy perdido en Nueva York), título que seguramente aparecería escrito en una fuente muy pequeña para que cupiese bien en el póster.

Esta claro que en un mundo cada vez mejor conectado, el inglés está cada vez más de moda. En Francia, para disgusto de la Academia Francesa de la Lengua, se suele cambiar el título de las películas que originalmente son en inglés por otro en la misma lengua, como es el caso de Resacón en Las Vegas (The Hangover), que fue traducido por alguna inexplicable razón como Very Bad Trip. A menudo, los nuevos títulos franceses incluyen la palabra "sexo". Así pues, Sin compromiso pasa a ser Sex Friends, la saga Step Up, bailando pasa a ser Sexy DanceDonde viven los monstruos se convierte en Sex Crimes.

Después hay títulos que incluso te hacen pensar en si el traductor vio la película o no antes de traducir. En Polonia, Dirty Dancing se conoce como Wirujacy Seks (sexo retorcido); en Alemania, Monty Python and the Holy Grail como Die Ritter der Kokonuss (los caballeros de los cocos), mientras que en algunos países hispanoamericanos el clásico de Disney, 101 dálmatas, ha sido traducido como La noche de las narices fritas, un título que suena a revolución en la granja más que a una adorable película para ver en familia. 

Aun así, a pesar de lo extraño que pueda parecer este fenómeno europeo, por lo menos no incurren en la tendencia china de destripar toda la tama con el título. Allí El sexto sentido fue traducido como ¡Soy un fantasma!, mientras que el título de Juego de lágrimas en mandarín podría traducirse como ¡Oh, no, tiene pene!

Still, as strange as European movie-naming habits can be, at least they avoid the Chinese trend of spoiling the entire plot. Over there The Sixth Sense is known as He’s a Ghost!, while the Mandarin title of The Crying Game roughly translates to Oh No, He Has A Penis!

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This article is part of our Tower of Babel series, looking at the vagaries of European languages.