En Berlín, ¿sólo cosas nuevas?

Artículo publicado el 19 de Mayo de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 19 de Mayo de 2003

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3,4 millones de habitantes, 5 veces la superficie de París: Berlín. Símbolo de una Alemania dividida y unificada, la capital quiere volver a ser el cruce entre la vieja y nueva Europa.

Catorce años después de la caída del Muro, el rostro de Berlín no para de cambiar. Todavía hoy, el centro de la ciudad está desfigurado por excavadoras. Los agujeros abiertos, los edificios en construcción, las grúas y camiones transportando cemento y piedras están omnipresentes en esta ciudad en perpetua metamorfosis. Los casi 150 teatros, 300 galerías y 170 museos censados, son el fruto de una política de subvenciones y de inversiones eficaz, destinada a hacer crecer las extensiones culturales de esta ciudad reunificada. Y ha sido un logro: el dinamismo cultural y artístico de Berlín es evidente, aunque ciertas salas de espectáculo deben hoy cerrar por culpa de un importante descenso en las ayudas del Estado. Los servicios públicos concentraron su trabajo en el urbanismo social y la puesta en estado o modernización de los viejos barrios del centro. La construcción de alojamientos nuevos, así como la rehabilitación de espacios para uso comercial o industrial culminaron en 1997. Fondos considerables fueron también invertidos para mejorar el sector del alojamiento. Una gestión de barrio que, combinando subvenciones, programas y proyectos diversos, tiene por objetivo la mejora sostenible de la calidad de vida, fue instaurada en 15 zonas urbanas llamadas sensibles. Entre proyectos arquitectónicos únicos en el mundo y urbanismo participativo, ¿qué pasa hoy en una ciudad europea en perpetua ebullición?

«Urbanismo participativo, ha dicho Ud.?»

En el mes de febrero pasado tuvo lugar en París el duodécimo seminario de urbanismo París-Berlín, que constituye uno de los pilares de la cooperación entre las dos ciudades. Los alcaldes de las dos ciudades (Klaus Wowereit y Bertrand Delanöe), políticos y especialistas se reunieron para hablar del tema de la concertación con los habitantes en el sector de la rehabilitación urbana. En Berlín, la participación de los ciudadanos está inscrita desde hace 20 años en los principios directivos de la renovación urbana. Así, es común ver la política de gestión apoyarse sobre proyectos cuya iniciativa proviene de los propios ciudadanos. El actual dinamismo artístico y cultural de Berlín debe mucho a estas iniciativas urbanas, mezclando a menudo cultura, urbanismo y compromiso social. Se encuentran lugares totalmente a fuera de lo común (sobre todo en el Este): terrenos industriales ahora vacíos o edificios abandonados, transformados en espacios culturales que acogen exposiciones y/o cines, teatros, cafés, discotecas Por ejemplo, la Helmholtzplatz en el corazón del Prenzlauer Berg (barrio en el noreste de Berlín) es un ejemplo de rehabilitación particularmente lograda. Este barrio se estaba vaciando en los últimos años por falta de atracción. En dos años, un proyecto de rehabilitación iniciado por los habitantes y llevado a cabo por una sociedad de rehabilitación privada nació. Habitantes, asociaciones, agencias de urbanismo, políticos locales y servicios de espacios verdes se concertaron con el objetivo de mejorar la vida local. Se organizaron reuniones en las que cada uno podía expresar sus ideas a través del portavoz del grupo. Un moderador animaba los debates. Al final, 60 parados de larga duración fueron empleados y se consiguió un presupuesto de 30 millones de Deutsche Mark (DM). El resultado de esta movilización fue una renovación completa de la plaza: un jardín y un espacio de juegos para las familias con niños, bancos para personas mayores, un espacio para un jardín infantil, un terreno de fútbol, césped Un modelo de éxito para los amantes del urbanismo participativo.

«Pero de una barbaridad tremenda, querido!»

Desde 1990, el Berlín reunificado tuvo que afrontar condiciones urbanísticas profundamente modificadas. Se emprendieron areas de reparación urbana de todos los barrios y zonas limítrofes, entre el este y el oeste. Los edificios destinados al gobierno federal y al Bundestag fueron reconstruidos en el distrito de Berlin-Mitte. Por efecto dominó, numerosos inversores privados pidieron a la construcción de inmuebles con alojamientos y comercios en el conjunto del territorio urbano. El resultado de este urbanismo salvaje es una verdadera yuxtaposición de estilos que hace que la ciudad sea tan peculiar. Edificios del siglo XIX y XX conviven con construcciones modernas concebidas por arquitectos extranjeros y alemanes. El ejemplo más peculiar es el Reichtag: entre los lugares famosos de la historia alemana de nuevo en la actualidad en 1999, el Reischtag ostenta el récord de sobrecarga histórica. Concebido por el arquitecto Paul Wallot en 1884, fue primero testigo de la proclamación de la República de Weimar, incendiado por los nazis en 1933, víctima de las bombas de la segunda guerra mundial, pisado por los soviéticos en 1945, rodeado por el Muro de la Vergüenza, empapelado por Christo en 1995, y luego peinado con una cúpula de vidrio por Norman Foster. Hoy, el Reichstag es como Berlín: integra suavemente arquitecturas que supuestamente no concuerdan, mezclando la piedra, el vidrio y el acero. Después de un siglo de eventos históricos, el Reischtag es hoy casi fashion!

Otro ejemplo es la famosa Potsdamer Platz (lugar de acogida de la Berlinale 2003). Desde siempre, se merece todos los superlativos: en los años 20, el cruce más animado de Europa, después de la guerra y la construcción del Muro, campo casi desértico, hoy, después de muchas obras realizadas, entre otros, por el arquitecto italiano Renzo Piano, se ha convertido en uno de los nudos urbanos mas animado de la ciudad. Es un espacio privilegiado para las multinacionales, que tienen como proyecto convertirla en una plataforma de intercambios entre el Este y el Oeste, juntando oficinas, alojamientos, institutos culturales y comercios.

«Pero bueno, todo tiene un limite! »

Algunas buenas cosas ha dado este urbanismo prolífico: por ejemplo, hace algunas décadas, la ciudad sufría de una falta grave de alojamientos. Ahora, mas de 145 000 han sido construidos en los últimos 45 años (existe ahora más de 1,85 millones de alojamientos en Berlín). Esta intensa actividad en el sector de la construcción, combinada con una demografía estable representó una verdadera tranquilidad en el sector berlinés del alojamiento (¡contrariamente al mercado parisino!). Pero la ciudad de Berlín tiene previsto calmar su urbanismo salvaje antes de 2010: en nombre de la estética y del dinamismo demográfico y económico, Berlín debe transformarse en una ciudad ordenada y definida, aliviada de sus estructuras caóticas heredadas de la RDA y de sus lugares abandonados

Se pensó hasta reemplazar la gigantesca Alexanderplatz, cuyo sobrenombre es Alex, símbolo de la arquitectura comunista, por un conjunto de edificios modernos rodeados de espacios verdes. Otros lugares simbólicos están amenazados, sobre todo al Este. No a todos los berlineses les seduce esta perspectiva, porque están sentimentalmente muy atados a estos lugares, a estos espacios sin reglas, de hogares de identidad que dan a la ciudad toda su vitalidad. En total, este proyecto de convalecencia concierne una superficie de 30 km². Un proyecto que divide a los berlineses y suscita un verdadero debate sobre la identidad de la ciudad. Algunos frenan esta energía utilizada para borrar los estigmas de la división pasada. Catorce años después de la unificación, el Muro ha sido destruido, el nombre de las ciudades ha cambiado, las estatuas en homenaje a héroes comunistas han sido derribadas Pero no se puede destruir Berlín entero! Otros denuncian la hipocresía de los políticos, acusados de mentir sobre la subcultura berlinesa para atraer inversores, firmando así su muerte. Por ejemplo, Mitte, barrio del centro del antiguo Berlin-Este, sacro refugio de la subcultura en los noventa: los edificios han sido renovados, se han abierto bares de moda, mientras que el Tacheles, casa ocupa mítica de artistas, se ha convertido en un museo para turistas. Puede que pase lo mismo con la nueva arteria de la subcultura berlinesa a lo largo del río Spree. Las discotecas han tenido que buscarse otros terrenos, para dejar el lugar a tres edificios en vidrio destinados a oficinas ¿hasta donde llegará Berlín en su metamorfosis? No hasta perder su alma