En busca de los mercados bruselenses

Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2017
Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2017

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

En Bélgica, sobre todo en Bruselas, ir al mercado es más que hacer la compra de frutas y hortalizas; se va al mercado para comer, quedar con los amigos... en una palabra: socializar. El equipo de Cafebabel ha recorrido cinco de los principales mercados de la capital belga en busca de ambientes tan singulares como auténticamente bruselenses. 

El más grande: el mercado de Midi

Cita ineludible de los aficionados a los mercados, el de [Midi] es uno de los más grandes de Europa. Todos los domingos, desde las siete de la mañana, alrededor de 450 puestos proliferan alrededor de la Gare du Midi, se extienden bajo los puentes y entre los raíles del tranvía. En él se pueden encontrar, principalmente, estands de frutas y verduras mediterráneas y belgas y también de ropa.

El ambiente alcanza su mayor punto de animación alrededor de las once: los numerosos vendedores vocean los precios de sus productos, intentando atraer a los clientes y ofreciéndole probar sus platos.

Hay que señalar que una de las ventajas de un mercado es su amplia gama de precios; algo beneficioso para los que tienen un presupuesto ajustado.

A pesar de la aglomeración y de la diversidad de la clientela del mercado, logramos dar con los habituales. Uno de ellos es Yusuf, que nos cuenta que viene todos los domingos al puesto de crêpes marroquíes para su almuerzo dominical. Encarga la comida, charla con los vendedores y disfruta del ambiente del mercado, de la gente que pasa, compra, regatea y se detiene a tomar una crêpe o un té. Enfrente, un carnicero nos cuenta que todos los domingos, desde hace 20 años, viene al mercado de Midi a vender sus productos.

En feliz desorden, habituales y neófitos se cruzan entre los tenderetes.

El más relajado: el mercado de Flagey

Entre la Chaussée d’Ixelles y los estanques, la plaza Flagey acoge un mercado todos los sábados y domingos. Lo bio, lo local, lo internacional y lo típico forman una colorida mezcla entre la que resulta agradable pasearse. ¿Quién no se ha dejado seducir por su entorno?

Anna, a la que hemos conocido a la vuelta de un puesto, nos detiene: «¿Han echado un vistazo al agricultor bio de allí?»; nos decidimos a indagar. Esta italiana de 72 años es una asidua: desde hace 10 años, viene todos los domingos a reunirse con sus amigos en torno a un plato de ostras, que aprendió a apreciar en este mismo lugar. Se lamenta de las transformaciones del mercado y se complace en apoyar a los pequeños comerciantes; si además son bio, mejor que mejor.

Céline, de cuarentaitantos, también ha visto cambiar el mercado en los 25 años que lleva viniendo para vender los productos frescos de su granja. Cree que la población ha cambiado, se ha gentrificado. El mercado del sábado, sin embargo, sigue siendo más popular. Los domingos, sobre todo si son soleados, invitan a la ociosidad. «Los domingos, la gente tiene más tiempo ¡nosotros no!».

El más auténtico: el mercado de Anderlecht

El mercado de Anderlecht es, antes que nada, una experiencia sensorial: colores, olores y sonidos se entrechocan; la compacta multitud se apretuja y empuja, carrito en mano, por supuesto. Nacionalidades y lenguas se mezclan en los antiguos mataderos que cobijan este mercado. 

Melvin, un habitual, viene por la variedad, los precios y la calidad de los productos. Valora positivamente la renovación de las infraestructuras que se hizo hace algunos años y la facilidad para llegar en transporte público. Para Els, su pareja: «Es popular y eso nos gusta. Venimos principalmente a hacer la compra y como mi marido es extranjero, puede que nos encontremos con amigos dominicanos o sudamericanos. El mercado es un modo de vida en Bruselas, a pesar de que los tiempos modernos no nos permiten siempre hacer las compras cuando y donde queremos».

Comer algo en la calle es uno de los rituales al ir al mercado. Para Kristel y Maurice, del puesto de hamburguesas Chez Jeff, es, ante todo, una historia familiar. «Comencé gracias a mi padre ─nos confía Maurice─. Él estuvo 40 años y yo llevo más de 17. Comencé con 11 y conozco el mercado desde que tenía 2 años. Sigue siendo el mismo; me gusta; es alegre. Por eso vuelvo. Me gusta la clientela y tenemos habituales, claro».

El más discreto: el mercado de Chasseurs Ardennais

Menos conocido de los neófitos que los otros grandes mercados bruselenses, el de Chasseurs Ardennais reúne todos los viernes a los iniciados, llegados de todos los rincones de la capital. Nathalie y Valerie, hermanas treintañeras, están encantadas de quedar allí todas las semanas. Ya ni hace falta avisar a amigos ni familia: «Es nuestra tradición. Menos esnob que los miércoles en Châtelain, más relajado que los jueves en la plaza Lux; un lugar realmente agradable donde se encuentran los habituales». El mercado de Chasseurs Ardennais es el punto de encuentro de treintañeros que salen con sus hijos. Las dos hermanas están encantadas con este pequeño remanso de paz en el que los padres pueden sentarse a saborear una copa de vino con sus amigos mientras los niños juegan a la pelota o al escondite entre los puestos.

Los enterados saben que la hora de cierre oficial es las 20:00, pero suele permanecer abierto una hora más. Te sientas en un banco, en el suelo o a una mesa alta con tu botella y picoteas alguna especialidad, como los bistoukettes, palitos de salchichón aromatizados; y todo ello, mientras haces la compra. La gente que hemos conocido nos pide que tengamos cuidado de no hablar demasiado de este mercado, pues parte de su encanto es su ambiente de pueblo.

El más antiguo: el mercado del Parvis de Saint-Gilles

En la plaza o Parvis de Saint Gilles se celebra de martes a domingo uno de los mercados más antiguos de Bruselas, abierto desde 1865 y trasladado a la Place de Moscou durante las obras en el Parvis. Verdadero mercado de barrio, reúne todas las generaciones y culturas. Aquí, los vendedores conocen a sus clientes habituales y no dudan en tener con ellos algún detalle de vez en cuando y en prodigarles consejos acerca de la preparación de sus productos.

La composición del mercado cambia diariamente: algunos agricultores vienen todos los días, otros solo los fines de semana; si el martes encuentras principalmente ropa y otras baratijas, el miércoles está reservado a las frutas y hortalizas; el jueves por la tarde, los foodtrucks o gastronetas ofrecen una amplia variedad culinaria; y los fines de semana se encuentra todo el mundo: carniceros, queseros, panaderos, productores locales belgas y bio, y cocineros marroquíes, franceses e italianos.

Laura, una italiana que vive en el barrio desde hace dos años, dice adorar el mercado: «Cuando echo de menos Italia, aquí encuentro excelentes productos italianos, como la scamorza [queso de vaca, N. del T.]».

Si visitáis el mercado, seguramente os cruzaréis con Karel Houdmont y Sophie De Valck, productores de la pequeña granja Ourobouros, a una hora de Bruselas. Han optado por la agricultura ecológica biodinámica, interesados por una agricultura respetuosa con la tierra, en armonía con el ritmo de la naturaleza.

Articulo redactado con la participación de : Gisela Castro Isern, Caroline De Blay,  Justine Loizeau, Andréa Lupianez, Isaure Magnien y Morella Siemmers