En busca del plan B

Artículo publicado el 30 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 30 de Mayo de 2005

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Antes del referéndum, la presión para votar Sí recaía sobre la ciudadanía francesa, mientras los políticos señalaban que "no hay plan B". ¿Qué pasará ahora que Francia ha dicho No?

Después de que el Tratado constitucional fuera firmado en Roma el 29 de Octubre de 2004, los líderes de la Unión Europea se propusieron ratificar el documento en un plazo de dos años. A día de hoy, diez países han aprobado la Constitución europea, ya sea mediante referéndum o por vía parlamentaria. Pero aún hay hasta ocho países en los que el referéndum está por llegar. La negativa francesa da un vuelco al escenario político y, por desgracia, la UE no tiene un plan B oficial para resolver el dilema. Sin embargo, las opciones alternativas poco a poco empiezan a cristalizar.

Caminando hacia lo desconocido

Además del mazazo ideológico a "la Europa más unida que nunca", hay varias cuestiones prácticas con las que enfrentarse. Las críticas al Tratado constitucional son numerosas: algunos encuentran el documento económicamente demasiado liberal, otros demasiado escorado a la izquierda; algunos lo ven demasiado federalista, y otros no lo suficiente; casi todo el mundo está de acuerdo en que es innecesariamente largo y complejo. ¿Cómo pueden fundarse las bases de una renegociación cuando ésta depende del acuerdo de todos y cada uno de los 25 Estados miembro? Ha sido este rompecabezas el que ha llevado a la mayoría de los líderes europeos a afirmar que seguirán adelante con el proceso de ratificación sin renegociar el tratado, cruzando los dedos para que, si sólo Francia dice No, la constitución entre en vigor de cualquier manera. De hecho, Valery Giscard d’Estaing, que presidió la redacción del borrador de la Constitución, declaró en el semanario francés L’Express que "no habrá un texto nuevo porque no podremos pedir a los países que ya han votado Sí que olviden su voto". Además, el ex presidente de la Comisión Europea, Jaques Delors, sugirió a finales de abril que si todos los Estados restantes ratifican la constitución, Francia podría ser obligada a repetir el referéndum. El resultado de esta votación podría estar vinculado a la pertenencia de Francia a la UE, con lo que aumentarían las posibilidades de ratificación.

Sin embargo, teniendo en cuenta la oposición al documento en algunos países que han de ratificarlo, en particular el Reino Unido, ésta es una táctica arriesgada. Entonces, ¿caerá la constitución en el olvido si se niegan a ratificarla más Estados miembro? Es urgente tener un tratado actualizado de algún tipo para garantizar el correcto funcionamiento de la Europa ampliada. Aunque la UE y sus instituciones pudieran continuar trabajando sobre las bases del Tratado de Niza, éste fue diseñado para 15, no para 25 Estados, con lo que no aporta una solución a largo plazo. Si los líderes de la UE aceptan que no hay un futuro inmediato para la constitución, tendrán que trabajar en las cuestiones más exigentes, como la política económica, la defensa y la seguridad común, y quitarle peso a los tratados actuales, proponiendo un nuevo documento simplificado que se ratifique vía parlamentaria en lugar de mediante referéndum. Pero incluso eso puede ser complicado ya que, mientras casi la mitad de los Estados miembro podrían estar de acuerdo en aplicar políticas como la de Mayoría Cualificada para dinamizar las tomas de decisión, la reciente polémica en torno a la propuesta de una directiva de servicios europeos augura dificultades en el intento de crear consenso entre los miembros. Mientras tanto, los Estados miembro podrían, de forma individual, tomar decisiones por sí solos cooperando o llegando a acuerdos bilaterales fuera de la agenda de la UE.

El verdadero reto está ahora en abordar el cambio de atmósfera en Europa, inmersa en un euroescepticismo creciente. Algunos franceses ya miran hacia la reorganización de Europa como una unión política de los seis miembros fundadores como nucelo duro y una unión económica más holgada en su periferia. En este escenario, los países podrían adoptar diferentes grados de integración política que encajaran con sus preferencias nacionales, desembocando en una Europa de múltiples capas con estructuras solapadas que dependerían de la cooperación. La UE podría entonces llegar a degradarse hasta quedar al nivel de cualquier otra organización internacional, como la Organización Europea para la Cooperación y el Desarrollo (OECD) de París, por ejemplo. Incluso si no se lleva a cabo un cambio tan radical, amenazan tiempos de "euroesclerosis", tal y como reza The Economist. Muchos de los gobiernos nacionales podrían aprovechar la oportunidad para no cumplir políticas incómodas y la ya frágil disciplina de la Unión continuaría desmadejándose.

Tras haber fracasado en el intento de convencer a los ciudadanos de los beneficios del Tratado constitucional, los líderes de la Europa de los 25 ahora se enfrentan a un problema de legitimidad. No obstante, la conmoción que ha causado el Non francés podría servir para revitalizar el proyecto europeo desde el apoyo a una nueva Constitución europea. Como quiera que los franceses no han votado contra el futuro de Europa, sino más bien contra cuestiones concretas asociadas a la aprobación de la Constitución -como la entrada de Turquía-, los líderes europeos ahora necesitan desdramatizar el rechazo francés haciendo un esfuerzo real para simplificar el tratado y acercarlo a la gente. Una renegociación consumirá tiempo y energía pero, considerando lo que está en juego, el trabajo merece la pena.