En contra de Berlusconi y entre Vendola y Monti, Pier Luigi Bersani

Artículo publicado el 19 de Febrero de 2013
Artículo publicado el 19 de Febrero de 2013
El llamamiento de las fuerzas progresistas europeas es unánime: Pier Luigi Bersani, candidato del Partido Democrático (PD), debe ganar a toda costa las elecciones más delicadas de los últimos años para evitar el regreso del partido de Berlusconi, que no solo hundiría la ya precaria situación italiana, sino que arrastraría con ella toda la eurozona.

El pasado 9 de febrero, la reunión Reinassance for Europe de Turín fue el inicio de esta preocupación. Las principales personalidades socialistas y progresivas europeas, desde Martin Shulz pasando por Sergéi Stánishev, presidente del PSE, a Hannes Swoboda, presidente del grupo S&D en el Parlamento Europeo coinciden en apoyar al PD italiano.

Uno de los principales líderas del Partido Democrático.Bersani, 61 años, 5 veces ministro desde 1993, centra sus intervenciones en la necesidad de restablecer la credibilidad entorno de la figura del primer ministro italiano a nivel internacional. A su favor, su mentor es Massimo D’Alema, figura histórica de los demócratas italianos, pilar del PD y primer y único miembro del ex partido comunista que alcanzó la figura del premier italiano en el 1998. El partido ha marcado distancia con las posiciones del expresidente Mario Monti, acusado de no haber considerado las consecuencias de los recortes indiscriminados efectuados durante los últimos 12 meses y de no saberse posicionar en el Parlamento Europeo. “Si, después del acuerdo sobre el presupuesto de la UE, el que lo celebra es Cameron significa que el vencedor es Pirro”, afirma el candidato.

El electorado de centro-izquierda esperaba hace días este posicionamiento de Bersani, atraído por un lado por una posible alianza preelectoral con el premier saliente y del otro, por el ala izquierda del PD, Sinistra Ecologia e Libertà, liderada por el gobernador de Puglia, Nichi Vendola. No obstante, la fuerte oposición entre Vendola y Monti exigía a Bersani una elección clara.

La situación política italiana es, de hecho, mucho más compleja y delicada. El 24 y 25 de febrero se celebraran las elecciones con una ley electoral (definida una como una “porquería” por uno de sus firmantes, Calderoli de la Lega Nord) que hace ingobernable el país si no hay una mayoría aplastante o amplias coaliciones, particularmente en el Senado. Se trata de elecciones anticipadas: las cámaras, de hecho, fueron disueltas el 22 de diciembre de 2012, después de la dimisión de Mario Monti, tras el anuncio en el Parlamento de Angelino Alfano de la abstención de una parte del PDL, que hasta ese momento habían apoyado el Gobierno junto al PD y UDC. Justo cuatro meses de anticipo respecto el mes de abril, cuando habría acabado de manera natural la XVI legislatura. Bersani se verá obligado a un entendimiento con la Lista Monti, el nuevo partido nacido para apoyar el regreso del gobierno técnico, intentando no perder el ala más radical de la propia coalición.

Al otro lado de la barricada

Para complicar la situación se añade la candidatura de una serie de partidos intransigentes con la vieja política, empezando por el Movimento 5 Stelle liderado por el cómico y bloguero Beppe Grillo, el llamado gurú de la antipolítica. Instalado en la cresta de la ola de consenso que forma el descontento popular, puede ser que el cómico genovés consiga un voto superior al 20% gracias a una campaña electoral que señala la renovación de la clase política, sazonada con una discutible mezcla de populismo y antieuropeísmo. Una masiva participación de los ciudadanos, sobre todo a través de las redes sociales, ha logrado superar las expectativas del propio líder, alimentado por los escándalos políticos que han sufrido los dos principales partidos. Monte dei Paschi es solo la última de una larga serie de detenciones relacionadas con los partidos que han gobernado durante los últimos 20 años. Es otra bala perdida de la política italiana y su desenlace tiene el riego de condenar al país a la ingobernabilidad.

Para erosionar los distritos electorales de los partidos tradicionales han entrado otros sujetos, como el exmagistrado Antonio Ingroia, que se lanza por primera vez a la política reuniendo personajes de la sociedad civil y expolíticos relacionados con pequenos partidos de izquierda para dar vida al partido Rivoluzione Civile y pedir una nueva ley anticorrupción. O como el experiodista Oscar Giannino que, con su partido Fare per Fermare il Declino, propone políticas ultraliberales para relanzar la economía.

En el centro-derecha italiano, el PDL ya no tiene el mismo apoyo que en las últimas elecciones. El cambio de líder, de Berlusconi a su delfín, el exabogado Angelino Alfano no ha dado continuidad al proyecto político. Falto del carisma necesario para conservar el electorado y pese a la renovada alianza con la Lega Nord y una campaña electoral feroz a base de promesas descaradas (como la restitución de la tasa sobre la primera vivienda introducida por el Gobierno de Monti), el partido ha perdido casi la mitad de sus votos. Sin embargo, conociendo la historia electoral italiana, no se puede descartar una última reacción del hombre que durante años ha tenido al país en jaque. El resultado de estas elecciones no es nada evidente. El riesgo de tener coaliciones no concluyentes y un país ingobernable es muy alto, justo en un momento decisivo para el reinicio de toda la eurozona.

Fotos: © Paolo Properzi. Vídeo © lmollea/YouTube.