En el corazón de la naranja - Episodio 2: Los hijos de Ucrania

Article published on 5 de Febrero de 2005
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Segundo episodio de nuestra serie de tres reportajes sobre la juventud ucraniana durante la tercera vuelta del escrutinio presidencial. ¿Es esta revolución la del renacer del nacionalismo ucraniano?

Alexis se apresta a disparar un cigarrillo (gorronear un cigarrillo en argot ruso). Desde lo alto de sus veinte años protege el distrito 0, el corazón del campamento, y monta guardia alternándose con otros jóvenes, día y noche. Pertenece a una de las 4 ó 5 milicias que se formaron el 21 de Noviembre. La suya se llama "los hijos de Ucrania". Alexis está en una de las cantinas del campamento, vestido con una malla militar, donde pequeños remolques militares y hornos de leña, alimentados permanentemente por milicianos de faena, sirven para calentar la sopa y el agua para el té. Alexis explica las razones de esta disciplina casi militar: "También tenemos miedo de que venga la policía de improviso y nos expulse".

Esta revolución no ha transcurrido sin sustos, sobre todo durante la primera semana. Brice Bader, un francés que vive en el campamento desde hace un mes con su pareja ucraniana cuenta: "Una noche nos pidieron que nos reuniéramos. Nos dijeron: ‘los que quieran irse pueden hacerlo; los que quieran quedarse son bienvenidos’. Corría el rumor de que el ejército iba a intervenir para desalojarnos y que habían llegado soldados rusos vestidos con el uniforme ucraniano". Esa información fue después confirmada por la BBC, que constató movimientos de tropas esa noche, el 28 de Noviembre. Si la presencia de soldados rusos con uniforme ucraniano no ha sido confirmada, la de miembros del FSB -el ex-KGB- es más probable en el seno de los órganos del Estado. "Pusimos nuestros autobuses en primera línea, después los hombres en segunda línea y, en las tiendas, las mujeres", continúa Brice. "En los bolsillos de nuestras ropas, nos pidieron que conservásemos una ficha con nuestro grupo sanguíneo, por si acaso… Esa noche sin embargo no pasó nada y creo que fue ahí donde se ganó la revolución". En efecto, el ejército no ha vuelto a amagar con una intervención desde entonces, y únicamente algunas rondas para asegurarse de que los partidarios de Yanukovich no vienen a fomentar altercados alrededor del campamento ocupan realmente a los soldados.

500 años de opresión

Algunos, sin embargo, han terminado por hartarse de esperar a un enemigo que no tiene pinta de acercarse y de defender una revolución cuyo final parece feliz. Quieren más, quieren defender su patria. Como Ochsana, que ya formaba parte de PORA Negro, una rama de la nebulosa PORA que se pretende independiente del PORA amarillo oficial, y que está dispuesta a continuar con su activismo tras la revolución. Ahora, Ochsana quiere entrar en las UNSO, las fuerzas nacionales ucranianas de autodefensa, otra milicia que gravita alrededor de los campamentos para, según ella, "seguir defendiendo la revolución". Escucha a su futuro jefe, Vasyl Lutyj, presentar su movimiento: "Desde hace 500 años hemos sido oprimidos por otros pueblos y no había realmente un sentimiento patriótico en Ucrania. De ahí la idea de crear una organización paramilitar para defendernos. Se trata de la época de la independencia. No tenemos otra solución, ya que Moscú no comparte nuestras veleidades de independencia. También tenemos que proteger nuestras fronteras para salvaguardar territorios étnicamente ucranianos, en particular frente a la llegada de inmigrantes rusos". Un general entra en la sala. Todo el mundo se pone firme. Su nombre: Ruslan Zaitchenko. "Estamos aquí para proteger la nación y dispuestos a utilizar métodos no forzosamente pacíficos si fuese necesario. Esta revolución no hubiese existido sin nosotros, ya que demostramos que los ucranianos somos una nación orgullosa", afirma de golpe.

La referencia internacional de las UNSO es Jean-Marie Le Pen. Como en múltiples países del Este y en Rusia, los movimientos de extrema derecha vuelven con fuerza, y en el Oeste ucraniano en particular. Las UNSO forman parte de ellos y la revolución naranja es un mantillo próspero para ellas: "Esta revolución demuestra que personas con distintas opiniones pueden unirse en un determinado momento, ya que todos son ucranianos. Yuschenko es un patriota y comprende que somos necesarios para el país. Sin embargo, si Youschenko es elegido, no bajaremos los brazos", añade el general. Y es que el motor de ésta revolución es el nacionalismo ucraniano -patriótico o extremista- presente en todas las capas de la sociedad.

Las UNSO reúnen, pues, a los excluidos de la revolución, los jóvenes que no tienen edad para votar y los extremistas que no se ven reflejados en la acción pacífica… Sin olvidar a los enamorados del uniforme y los que enarbolan los emblemas de los skinheads… El fenómeno es inquietante y responde a una necesidad de fraternidad y de implicación de una parte de la juventud ucraniana.

Apenas 16 años y la cabeza rapada

Maksym Pevshen es jefe de empresa en una PYME. Trabaja para Stab: si necesitáis una tienda, una calefacción o una cantina militar en el campamento es a él a quien debéis llamar. Esta revolución le ha abierto los ojos a este conde, no obstante descendiente de la aristocracia rusa: "Nunca lo pensé antes de la revolución, pero ahora es seguro, soy un patriota. Sin embargo, no ha sido el caso de mi familia, dónde hablábamos ruso. Es la cultura en la que he crecido. Pero ahora, comprendo que formo parte del pueblo ucraniano". Para él, como para mucha otra gente, esta identidad se define principalmente con la oposición a Rusia: "Somos un país pero los rusos siguen pensando que somos una provincia. Nunca nos han tratado como iguales. Incluso Kiev es más antigua que Moscú. Tampoco nos consideran independientes. Putin ha venido dos veces a Kiev para apoyar a Yanukovich y eso ha exasperado a los ucranianos". En el imaginario ruso, se asimila Ucrania a Sebastopol, la gran ciudad militar del patriotismo ruso, fundada por Catalina II. Pero también al Donbas, esa gran tierra del proletariado obrero soviético, donde Stakhanov realizó la hazaña, aunque usurpada, de extraer 102 toneladas de carbón en un solo día. Una tierra que los rusos han poblado y colonizado, como en Crimea. Es como decir una parte de ellos mismos.

La mañana de las elecciones, Yuschenko ha ido a la iglesia a rezar. Dice ser muy practicante. A la salida, firma autógrafos en pasaportes ucranianos; prueba, si todavía hacía falta una, de la dimensión patriótica de este movimiento. ¿En qué piensa? Puede que lo más duro esté todavía por llegar... ¿Cómo conseguirá satisfacer a todos esos hijos de Ucrania que le están llevando al poder?