En el corazón de la naranja – Episodio 3: Enfrentados a la realidad

Artículo publicado el 11 de Febrero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 11 de Febrero de 2005

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Tercera y última parte de nuestra serie de tres reportajes sobre los jóvenes que han hecho la revolución en Ucrania. ¿Conseguirá Yuschenko cumplir sus promesas hechas a la juventud ávida de un cambio profundo?

Cruces de San Jorge sobre bandera blanca: esta maña de elecciones en Kiev, 26 de Diciembre, una bandera extranjera ondea en el campamento de tiendas de los manifestantes de la revolución naranja. La de los georgianos. Están instalados a escasos metros de una tienda erigida en memoria de otro georgiano, célebre en Ucrania, el periodista Georgiy Gongadze, asesinado en 2000 en un caso jamás esclarecido pero que hizo tambalear el poder establecido del presidente Kuchma y de su Primer Ministro Yanukovich tras la difusión de una cinta que implicaba a la presidencia.

Fraternidad caucásica

Los georgianos viven en Ucrania atraídos por las prestigiosas universidades de Kiev. Eléné, mitad ucraniana mitad georgiana, estudia en la universidad nacional de Kiev. Como sus compañeros ucranianos, lo ha abandonado todo por la revolución y se pasea con una rosa naranja en la mano, híbrido entre las dos revoluciones de su vida. "Somos ciudadanos venidos para defender a Ucrania: algunos estábamos en Georgia durante la revolución de las rosas (que derrocó en 2004 el poder del presidente Shzevernadze), otros residen, viven y trabajan aquí". Se llaman Georgui, Levan, Timour, Elene… Han hecho colectas en sus casas para poder venir aquí a apoyar a los manifestantes ucranianos. Cada revolución aumenta las filas de contestatarios en todos los países del espacio post-soviético. "Protestamos contra los crímenes de este gobierno, apoyamos al pueblo ucraniano. Georgia ha dado el ejemplo a seguir, si hay otra revolución -en Bielorrusia por ejemplo- también iremos". Nadie duda que los ucranianos estarán igual de dispuestos a apoyar a sus vecinos y primos bielorrusos. Poco importa para estos georgianos que a las promesas de Shaakasvili les cueste concretarse… "Aunque el crecimiento no vaya muy rápido, Saakashvili nos ha dado libertades", replica Georgi.

Una segunda caída del muro

Incluso cuando algunos se interrogan sobre el hecho de que esta revolución haya sido fomentada por una mano invisible -americana o en todo caso exterior– los cimientos siguen siendo ante todo el hartazgo de los ciudadanos ante una sociedad postcomunista opresora. Al contrario que los países de Europa central y oriental en 1989, Ucrania ha tenido que luchar primero por su propia independencia. Se apoyó para ello en una clase de dirigentes ucranianos surgida de los engranajes del aparato soviético. La única liberalización fue pues la del beneficio, y no la de las costumbres políticas: fue adquirido el derecho a enriquecerse, pero las reglas opacas, los apparatchiks y el régimen autoritario perduraban...

Si observamos Maidan, la plaza de la independencia, los bloques de poliestireno que rodean el campamento como paredes derrumbadas, garabateadas con la palabra "paz", se asemejan a un segundo muro de Berlín que acabara de caer y que separara la Unión Europea de las antiguas republicas soviéticas. Parece estar cuajándose una segunda transición democrática en Europa, segunda ola de des-sovietización, movida por el patriotismo y por la intención de alejarse de la antigua potencia tutora que los ucranianos consideran aún demasiado "colonial": Rusia.

Maksym Pevshen, conde y productor de televisión, ha abastecido con la ayuda material necesaria a los "revolucionarios" ucranianos. Es categórico: sin las clases medias y el apoyo de los empresarios ucranianos, la revolución naranja no habría triunfado. "Todo el negocio medio ha ayudado, sobretodo porque durante 2 años, mientras Medvechuk -padrino del clan de los oligarcas de Kiev- fue director de la administración de Kuchma, y su hermano jefe de la administración fiscal ucraniana, ha sido muy difícil para nosotros. No había reglas y era imposible recurrir a la justicia... Se trataba de un poder de bandidos. No hacían más que apoderarse del negocio. Los hubo que fueron simple y llanamente liquidados. Y la corrupción terminó por extenderse." Para él y los hombres de negocios que participan en Stab, la asociación que se ocupa de la logística de los campamentos, apoyar a Yuschenko es una elección sencilla: "si Yanukovich y el clan que le apoya -el de Akhmetov (oligarca que controla la industria carbonera del Este del país)- hubieran ganado, nuestros negocios se habrían acabado… y habríamos salido del país". De la misma manera, los principales apoyos financieros del partido de Yuschenko (Tak) y de PORA, organización estudiantil que ha estructurado la revolución, son empresas de nuevo cuño y pequeños negocios. Uno de los puntos clave del programa de Yuschenko responde a las necesidades de ese electorado, ávido de apertura económica, de reglas claras y de transparencia: "queremos el cambio para desarrollar las pequeñas y medianas empresas con el fin de recaudar más tasas", anuncia el jefe de la campaña del futuro presidente, Oleksandr Zinchenko.

Apetitos económicos afilados

En Maidan, tras el anuncio de los resultados de la tercera vuelta, explota la alegría. Jóvenes, menos jóvenes, estudiantes u hombres de negocios, ricos y pobres, comulgan juntos con fervor en la plaza de la independencia y esperan el discurso del candidato recién elegido. Mientras esperan ven Channel 5, la cadena pro-Yuschenko que analiza los primeros resultados.

Al día siguiente, sin embargo, cunde el pánico. Por todo el país, la gente saca su dinero en masa: tienen miedo de que con el cambio de poder sus bancos caigan en bancarrota. La economía ucraniana está efectivamente en mal estado tras varias semanas de revolución. Pero la victoria de Yuschenko también ha visto subir las cotizaciones en bolsa, y los futuros negocios pintan bien para los financiadores de la revolución. El poder podría volver a las privatizaciones u otros proyectos como el pipeline Odessa-Brody, afilando así los apetitos económicos. Otro desafío consistirá en aumentar las pensiones de las babuschka, las pequeñas viejecillas, que ya no cobran casi nada y que vendían bufandas Tak y bebés vestidos de naranja para llegar a fin de mes…

Los desafios de Yuschenko se avecinan considerables. No podrá superarlos sin la ayuda de Europa, objeto ya de una amplia ofensiva de seducción. Resta saber también si el new deal no beneficiará más que a los más cercanos al presidente, cuando la mayoría de los manifestantes esperan una gran limpieza del país. A principios de Diciembre, durante las negociaciones con Leonid Kuchma que permitieron la tercera vuelta y evitaron la intervención de las fuerzas del orden, Yuschenko se comprometió a realizar una reforma importante: reformar el régimen parlamentarista de entonces a Septiembre de 2005. No tiene, pues, más que algunos meses para actuar si la ley que ratifica este cambio es aprobada. Después, será el parlamento quien tome las riendas del poder. Sin embargo, éste reúne a numerosos grupos influyentes, entre los cuales, en primer lugar, están los partidos políticos de los oligarcas. ¿Quedará reducida la flamante revolución naranja a fuegos fatuos?