En el corazón de la ocupación estudiantil de Ámsterdam

Artículo publicado el 9 de Abril de 2015
Artículo publicado el 9 de Abril de 2015

Europa está viviendo una nueva ola de movimientos estudiantiles y la ocupación de edificios universitarios. El 25 de marzo en Ámsterdam, el movimiento Nieuwe Universiteit (Nueva Universidad) celebró su primer mes de ocupación en Maagdenhuis, edificio administrativo de la Universidad de Ámsterdam situada en Spui, una plaza del centro de la ciudad.

Un grupo de estudiantes ha estado viviendo en el edificio Maagdenhuis más de un mes. En él han organizado una gran variedad de actividades, desde charlas y talleres hasta ponencias con intelectuales a nivel nacionales e internacional que apoyan el movimiento de protesta. Reivindican una democracia directa, participar en el proceso administrativo, la suspensión de recortes presupuestarios y acabar con  la mercantilización progresiva de la universidad.

Los movimientos estudiantiles universitarios que se están produciendo en torno a Europa son la prueba de uno de los problemas más importantes de nuestro tiempo: la crisis del conocimiento. Cuando el conocimiento es incuestionable e irrefutable, las personas se sienten desconectadas del mundo que les rodea y con la contribución que han de dar a la sociedad.

La ausencia de un ágora

La educación es una ventana al mundo, debería despertar curiosidad y ofrecer las claves para soñar, ser creativos e inspirarnos visualizando el mundo en el que deseamos vivir. Sin embargo, cuando las universidades están condenadas a reflejar las estructuras del sistema económico y financiero actual, altamente burocrático, no se puede desarrollar un espacio sincero (es decir, un ágora) para el diálogo y la confrontación crítica. No se pueden explorar otras posibilidades. No hay alternativa para esta fase tópica de la historia humana.

En este contexto pesimista, varios grupos de estudiantes inspirados por nuevos ideales y desilusionados por la perspectiva del presente decidieron reaccionar mediante la ocupación de edificios universitarios para protestar contra la comercialización de los centros educativos. El 13 de febrero, profesores y estudiantes de la Nieuwe Universiteit ocuparon el edificio art déco Bungehuis en respuesta a las reformas de la Universidad de Ámsterdam.

Después de que las negociaciones con el consejo de administración fracasaran, los ocupantes, que se negaron a abandonar el edificio, fueron desalojados por la policía. Esa misma noche, un grupo de estudiantes forzó la puerta del Maagdenhuis, el edificio administrativo principal de la Universidad de Ámsterdam que se encuentra en el corazón de la ciudad, y empezó la ocupación que a día de hoy perdura.

Los objetivos del movimiento se persiguen mediante democracia directa y autoorganización. En su folleto y su revista autopublicada, Antithese, los estudiantes y profesores detrás del movimiento Nieuwe Universiteit explican cómo durante la ocupación “por fin nos estábamos librando de una especie de cinismo postmoderno”. En este sentido, actuar y llevar a cabo las ocupaciones supone una reacción al “crecimiento de la apatía en las generaciones más jóvenes que gracias a la televisión han interiorizado un sentimiento de indefensión".

Liberación en lugar de ocupación

La lógica del sistema es formar personas que se “sientan incapaces y que estén de acuerdo con que son incapaces para cambiar algo”, afirma Jacques Rancière, filósofo francés que dio una charla en Maagdenhuis el pasado miércoles. En este primer mes de actividades en el Maagdenhuis, el movimiento ha acogido talleres, proyecciones de documentales, largometrajes, conciertos y ponencias diarias con profesores e intelectuales de la talla del antropólogo David Graeber, que formó parte del movimiento Occupy  Wall Street.

Durante estas semanas, la Nieuwe Universiteit ha reemplazado la palabra “ocupación” por “liberación”. En las páginas del folleto Onruststoker, un miembro del movimiento reconoce la falta de un plan concreto para el futuro pero, según sus declaraciones, “esto no significa que estemos en la recta final”. Se puede perseguir mediante una libertad creativa que “estimule nuestros ideales y los convierta, por muy subjetivos y diversos que puedan ser ahora mismo, en un experimento".

“No solo ocupamos este espacio”, dice Michiel, estudiante que se unió al movimiento después de que empezase la ocupación del Maagdenhuis. “A medida que se producen ocupaciones en otros lugares, empezamos a sentirnos parte de una gran familia".

Efecto dominó: De Ámsterdam a Londres

La noticia de la ocupación de un edificio administrativo en la Escuela de Economía de Londres el 18 de marzo dio más confianza a los estudiantes neerlandeses. Desde Londres, los ocupantes explican que “el poder de las ocupaciones reside en que crean un efecto dominó por lo que este es solo el principio". Unas semanas antes, en Canadá, los estudiantes empezaron una huelga en las universidades de York y Toronto, lamentando la asignación insuficiente y desigual de recursos para profesores y auxiliares de enseñanza.

Los estudiantes en Ámsterdam confían en que sus reivindicaciones serán escuhadas. “Una de nuestras demandas es terminar con la especulación inmobiliaria del dinero que supuestamente iba dirigido a la investigación y la enseñanza”, declara Joyce Pijnenburg, antiguo estudiante de la universidad que ha renunciado a estudiar una carrera académica debido a las malas prácticas que denuncia.

“En 1969, el gobierno escuchó a los estudiantes y cambió la gestión de la universidad por mandato de ley”, recuerda Michele Mugia, estudiante de filosofía en la Universidad de Ámsterdam y activista desde el principio en las ocupaciones. Ha pasado la mitad de su tiempo organizando eventos y reuniones durante el mes de la ocupación y está orgulloso de afirmar que “aquí todos creen que al mismo tiempo que hemos hecho historia, hemos escrito el futuro".

Bertie Kaal, profesora en la universidad, apoya la lucha de la Nieuwe Universiteit y recuerda cómo “lo que consiguió la ocupación de 1969 se perdió en las décadas siguientes, mientras que el sistema se volvió dominante”. Explica cómo la mayoría de los profesores tienen miedo a protestar por la posibilidad de perder su trabajo. “Me hace feliz que los estudiantes estén protestando porque los profesores no lo hacen”, añade.

Los estudiantes detrás de la Nieuwe Universiteit están unidos y no tienen miedo. Según Micheil, otro estudiante del colectivo, "hemos sido la inspiración de otros movimientos y partidos políticos, y somos imagen de lo que se puede conseguir si actúas y empiezas a creer en lo que representas. Eso es lo que estamos viendo aquí", concluye.