En el límite de la estética

Artículo publicado el 13 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 13 de Febrero de 2008
¿Debe el arte ser bello? ¿Es lo bonito lo que gusta? Cinco retratos de artistas europeos, que se encuentran en el límite de la estética, la moral y la costumbre y cuya prioridad es la provocación mediante diferentes formas.

Porno o sensualidad

Walerian Borowczyk, nacido en 1923, disfruta de sus debilidades y las convierte en temas con los que adorna sus surrealistas y autobiográficas películas de dibujos animados. Le interesan la calidad visual de los objetos, su tacto y su sonido. Esas percepciones sensuales, “eróticas”, le llevan a experimentar con la sexualidad en las películas. Así surgen en primer lugar las escandalosas “Goto, l’île d’amour” (1968) y “Blanche” (1971), que hicieron bascular de la escena tradicional al barrio rojo del arte a este premiado director de cine de animación. ¿Pornografía precoz? “En mi época el que representaba una acción sexual es tachado de inmediato de pornógrafo”, se defendía en 2006 este fallecido artista polaco residente en Francia. Sus obras se asientan en un mundo fronterizo con reglas, rituales y fetiches, en el que las ansias actúan como motor de toda existencia. Las películas que más se inspiran hoy en su fuente son las de Lars von Trier o los hermanos Gilliam. Artes gráficas y decorados fabricados para sus películas expuestos hasta el 30 de marzo en el Centro de Arte Moderno de Varsovia.

La Bestia

Fuera tabúes y adentro debate

Santiago Sierra, nacido en Madrid en 1966, pone en escena obras sin concesiones sobre tabús sociales. Sexo, inmigración y el poder del dinero, ¿de qué son capaces las personas, cuando se les paga? Se masturban, por ejemplo delante de la cámara, escuchan -siendo anarquistas convencidos- discursos enteros del Papa, o bien se dejar tatuar la espalda. Con la documentación recogida se gana la vida como artista, a veces incluso realizando demostraciones en directo. Otra cuestión polémica es la discriminación de Sierra a los visitantes de su Biennale-Pavillons: el que no muestre un pasaporte español, no puede entrar. Dicen que no es un gesto ideológico, ¿seguro?. Los humos de unos tubos de escape nos guían hasta la exposición de Sierra -“245 metros cúbicos” (2006)-, situada en una vieja sinagoga en las afueras de Colonia. ¿Se ha equivocado de tema y exposición, para mostrar su opinión sobre la “canalización del Holocausto?”. Puede gustar.

Rompe los límites, que para eso están

Las paredes como medio de dominación, un mundo de vidrio y acero, rascacielos fálicos: una hilera sin fin de sexo y poder. Monica Bonvicini, italiana nacida en 1965, subraya la supremacía masculina en la arquitectura, pero no se trata sólo de un mensaje político. Se defiende vehementemente contra cualquier tipo de formas rígidas e invita a reflexionar también sobre las estructuras lingüísticas. Así lo muestra su obra n general y en particular la escultura “Miedo” destruida y transformada en la frase: “Fear: Break it/Fix it!”.

La provocación, jugar con la vergüenza y el miedo del observador es su fuerte: elementos de construcción y del mundo erótico confluyen en su exposición “Never again”. Inofensivas hamacas de cuero negro y cadenas de acero, o el columpio del amor. Muy oprimente.

El mundo y la historia: todo juguetes

Siempre de negro, con una sudadera y su pelo largo, Jonathan Meese se mueve en el límite del supuesto buen gusto. Adora la provocación, unas veces mediante el saludo nazi, otras como Jesucristo. En su universo, una cruda mezcla de porno, pop, sangre y mineral, recorre despreocupadamente por todas partes, entre esculturas, decorados y cuadros, los grandes momentos de la historia mundial. Meese coloca a Nero, Caligula o Stalin en relación paradójica y profundiza de esa manera en la insignificancia de sus figuras. “Con ello preparo el camino para el dominio mundial del arte”, explica este alemán nacido en Tokio en 1977 y artista joven alemán más ruidoso del momento. “Soy de este planeta para proclamar la dictadura del arte”, afirma con su rebosante y característica modestia.

Londres, Tate Modern, Febrero de 2006

Arte KK

La más famosa y denostada obra de Wim Delvoye, nacido en 1965, es la instalación “Cloaca”. Este travieso artista ha realizado una réplica del tracto intestinal en forma de máquina, colocando su digestión a la vista de todos y mostrando su resultado: materias fecales. Con ello, luego realiza finas y limpias salchichas envasadas al vacío que pone a la venta. Un ejemplo llevado hasta el extremo del arte como imitación de la naturaleza y un rotundo ataque humorístico al arte y sistema de valores de la actual sociedad de consumo. Este artista belga se balancea con sus acciones entre lo irónico y la firmeza por situarse en la frontera de la repugnancia. Se lo pasa bomba tatuando cerdos con rosas y motivos de ángeles, manteniéndose fuera de tiro, por cierto, de los cazadores belgas haciéndolo en un granja de China, o introduciendo en el hemiciclo versos de amor árabes en cáscaras de patata o presentando dibujos adornados con excrementos.

Cloaca