En el quinto infierno

Artículo publicado el 27 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 27 de Febrero de 2008

Algunos lugares parecen tan lejanos que unas vacaciones allí pueden convertirse en una pesadilla. Los franceses maldicen estos puebluchos perdidos con la expresión au diable Vauvert (“[irse] al diablo de Vauvert”), refiriéndose inconscientemente a un paraje parisino muy célebre en la Edad Media.

Al parecer, los monjes de los alrededores amedrentaban a las gentes contándoles supuestas apariciones del Maligno. Este campestre rincón, muy urbanizado desde entonces, mantuvo durante largos años su reputación diabólica, hasta que en el siglo XVII se construyó el Observatorio de París, por donde pasaba el invisible meridiano cero.

Un honor que le arrebató otro pueblo perdido, lo que los ingleses llaman one horse-town(“pueblo de un solo caballo”). Quiso el azar que éste fuera también un “valle verde” (eso es lo que quieren decir tanto Vauvert como Greenwich) situado en medio de la nada. O, como dicen los finlandeses, “tras la espalda de Dios” (Jumalan selän takana) ..

Si los rumanos piensan que “el diablo se va de fiesta” lejos del Creador (la dracun praznic), los hispanos localizan su pandemonio escondido “en el quinto infierno” o “donde el diablo perdió el poncho”, el mismo lugar donde, según los lusohablantes, “Judas perdió las botas” (Onde Juda perdeu as botas”) ).

Los alemanes, por su parte, te mandan a Buxtehude (nach Buxtehhude fahren) . Lejos de ser un lugar imaginario, se trata de una encantadora ciudad que existe de verdad en la Baja Sajonia. El emblema que acompaña su sabia divisa representa a una liebre saltando, que se apresura a llegar a una madriguera dejada de la mano de Dios (ein gottverlassenes Nest) donde por fin ella y el zorro, extenuados tras la alocada carrera, se dan las “buenas noches” (wo sich Fuchs und Hase gute Nacht sagen).