En el siglo XVI hubo una unión en Europa que colapsó

Artículo publicado el 4 de Julio de 2006
Artículo publicado el 4 de Julio de 2006

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El 4 de julio de 1569, nació La Unión de Lublin. Casi nadie ha oído hablar de ella, pero este antecesor de la UE dio lugar al Estado más progresista de Europa hasta la época.

La UE se enfrenta a una lenta decadencia. Asolada por los problemas con la constitución y la supuesta división entre vieja y nueva Europa, lo mejor que podría hacer es echar un vistazo al pasado. La nueva Europa, también es parte de esta Historia, mucho más de lo que podemos imaginar.

Érase una vez en el Este

Érase una vez una unión en Europa. En el este de nuestro continente surgió un país más avanzado que cualquier otro. Era la República de las Dos naciones (Polonia y Lituania), creada mediante la Unión de Lublin en 1569, experimento social y político único.

En una época de continuas guerras de religión, dicha república fue un oasis de tolerancia. Católicos, protestantes ortodoxos, judíos y musulmanes convivían en paz y sus derechos y obligaciones diferían según la religión que profesaran.

La Europa de los siglos XVI y XVII estaba repleta de Estados controlados por monarcas absolutos. Esta república, en cambio, no. El Sejm (o parlamento de nobles) elegía al rey, que tenía que aplicar muchas de las decisiones tomadas por dicha asamblea. Hasta un 10% de la población tenía potestades electorales para elegir a los miembros del Sejm: un mandato democrático sin parangón hasta entonces.

El sistema se basaba en el principio de igualdad limitada. Para ser miembro de la clase dirigente de nobles (szlachta) había que ser antes ciudadano. Y había muchos szlachta. En ciertas regiones, hasta el 20% de los habitantes eran miembros de este grupo. Pobres, ricos, católicos o protestantes, todo el mundo podía pertenecer a dicha clase. Todos tenían los mismos derechos y deberes para con el Estado; eran iguales en la corte sin distinción de méritos o riquezas. Rezaba un dicho muy popular: Szlachcic na zagrodzie równy wojewodzie(lo mismo vale un pobre noble que un gobernador).

Ser miembro de la szlachta era algo codiciado no sólo por los habitantes de la república. Los nobles de Sajonia y Rusia (los boyardos) querían que sus países se unieran a la república para gozar de ciertos privilegios de elegibilidad.

Tomemos nota

Fue la ignorancia lo que echó a perder el experimento de la República de las Dos Naciones. Mientras permaneció abierta a lo externo, basándose en el principio antedicho de igualdad y tolerancia, fue el Estado más admirado de los siglos XVI y XVII en Europa.

Pero cuando le dio la espalda al principio de apertura, comenzaron a surgir los problemas. Empezó a operar mediante el consenso –si algún miembro se oponía a la política decidida, la sesión parlamentaria quedaba anulada-. Las fracturas internas complicaron las reformas institucionales. Cuando los cosacos (hoy Ucrania) solicitaron ser miembros de la szlachta, se les negó la posibilidad, desembocándose en tensiones y guerras civiles.

¿Qué lección podemos sacar para la Europa de hoy? Por lo pronto, la de no ignorar las experiencias de los nuevos Estados miembro. En segundo lugar, la Historia demuestra que es posible una Europa políticamente más integrada aún. En tercer lugar, que este proyecto requiere de liderazgos visionarios. Por último, el proyecto debe ser inclusivo y abierto. Mientras la Unión de Lublin fue un proyecto abierto, atractivo para otros (tanto dentro como fuera de sus fronteras), duró y se desarrolló. Cuando cesó en sus buenas costumbres, colapsó.