En Europa proliferan las uniones matrimoniales para homosexuales

Artículo publicado el 11 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 11 de Enero de 2005

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En una Unión cada vez más integrada aún hay grandes disparidades entre Estados miembro en el tratamiento a homosexuales. Echémos un vistazo desde Oslo hasta Belgrado.

“Estar en política no significa renunciar a tener determinadas convicciones morales. Se puede creer que la homosexualidad es un pecado sin que ello repercuta sobre el quehacer político”. En octubre de 2004 el democristiano italiano Rocco Buttiglione cavaba su propia tumba en la política europea con esta palabras que le conducirían a renunciar al puesto de Comisario de Justicia. Más allá de las desventuras políticas de este filósofo metido a político que es Buttiglione, es cierto que sus declaraciones al menos consiguieron reanimar el debate sobre el matrimonio gay en Europa.

Una realidad en muchos países de Europa

En efecto, el reconocimiento de las parejas homosexuales es hasta la fecha una realidad palpable en la mayor parte de los países europeos. Si bien adoptan formas diferentes, son muchos los que se han comprometido en este camino, de Bélgica a Dinamarca, de Noruega a Holanda y Finlandia, pasando por Francia, Alemania, Islandia, Luxemburgo, Portugal, España y Hungría. En 2003, Bélgica se unió a Holanda como segundo país en reconocer el matrimonio gay: las uniones homosexuales gozan de los mismos derechos que las heterosexuales. Sin embargo, Bélgica, a diferencia de Holanda, no permite la adopción salvo si los niños son extranjeros. En Dinamarca, la patria de Andersen, se reconocen desde 1989 las uniones civiles entre homosexuales: las parejas gay gozan de los mismos derechos en materia de vivienda y alojamiento, pensiones, inmigración y adopción. No obstante, el progreso de los escandinavos no termina ahí. En 1994, Noruega y Suecia aprobaron la ley de uniones civiles, siendo Estocolmo el primero en el mundo en reconocer a las parejas homosexuales registradas el derecho a adoptar niños provenientes de otros países. En Finlandia, las uniones gay han podido ser bendecidas por ciertos sacerdotes, pero la Iglesia no ofrece oficialmente este servicio.

“Vida en común” en Alemania, y privilegios en Londres

Por cuanto se refiere a otros países, la Ley de Vida en Común entró en vigor el primero de agosto de 2001 en Alemania, previendo una serie de derechos y deberes para los cónyuges, desde el nombre común a los alimentos, de la herencia a la seguridad social y el seguro. Actualmente Gran Bretaña no reconoce ningún derecho a las parejas del mismo sexo, pero en cambio el Londres de Ken el Rojo permite formalizar las uniones entre homosexuales mediante un certificado carente de valor jurídico efectivo. Blair ha prometido presentar un proyecto de ley sobre esta materia en 2005, al objeto de reconocer las parejas gay. En Francia está vigente desde 1999 el “Pacto Civil de Solidaridad”(PACS). Introducido por el entonces Primer Ministro socialista, Lionel Jospin, el “PACS” prevé normas fiscales para la renta de la pareja homosexual, descuentos en el impuesto de sucesiones, facilidades para mantener el apartamento en alquiler tras la muerte de uno de los dos “cónyuges”, permisos en caso de accidente grave del concubino y facilidades para la seguridad social. El “PACS” regula también el fin de la relación. En España, el Parlamento catalán aprobó el 30 de de junio de 1998 la Ley de Uniones Estables, que coloca a las parejas gay en el mismo plano jurídico que las heterosexuales “de hecho”. Leyes similares han sido aprobadas en Aragón y Navarra. Y finalmente el propio presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, lo ha dicho bien claro: España será el cuarto país en el mundo en permitir el matromonio gay (véase el artículo de Chris Yeomans).

De Italia a Bulgaria: los derechos civiles en peligro

¿Y en Italia, qué? Desde el punto de vista jurídico no existe una ley específica. Algunos ayuntamientos, como los de Bolonia, Florencia o Pisa, han creado registros para las “uniones civiles”. Hasta ahora se han presentado seis proposiciones de ley para los derechos de las parejas gay y las uniones de hecho. Pero el belpaese parece vivir todavía en la edad de piedra en lo que a derechos civiles respecta. El ministro para los Italianos del Exterior, Mirko Tremaglia declaró, al hilo del caso Buttiglione: “pobre Europa, los maricones son mayoría”. En otros países, las cosas van peor si cabe. En 2001, durante la celebración del Día del Orgullo Gay en Belgrado, grupos de extrema derecha agredieron a los participantes ante los ojos de la policía que ni se inmutó. En Rumanía y Bulgaria sólo la presión de la UE ha logrado la eliminación de sanciones civiles y penales contra los homosexuales. En Albania y Kosovo la homosexualidad es sencillamente un tabú del que no se habla. Existen, eso sí, algunas “islas felices” en los Balcanes: en Zagreb y Lubliana el Día del Orgullo Gay se celebra sin problemas cada año. En Eslovenia, que este año celebra los veinte años de asociacionismo gay, el gobierno progresista de la legislatura anterior planeaba reconocer el matrimonio gay.

Del vanguardismo de Bélgica y Holanda a los pasos de gigante de la Europa del Este, el reconocimiento de las uniones civiles presenta sin embargo un largo camino. Pero en Europa el fenómeno crece. La nueva fortaleza conquistada es la España católica del socialista Rodríguez Zapatero. ¿Quién será el próximo?