En Hamburgo Europa se desdibuja entre tiendas estándar

Artículo publicado el 12 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 12 de Febrero de 2008
El Europa Passage de la ciudad de Hamburgo es la nueva joya de los centros comerciales de la región. Se construyó a todo lujo en 2006, pero se puede intuir a Europa en su interior.

Si creemos a los responsables de la gestión, en el Europa Passage de Hamburgo no sólo se compra, sino que se come en abundancia y se disfruta de las vistas sobre el lago artificial Binnenalster; al mismo tiempo, se celebra Europa. “¡El nombre lo dice todo!”, exclamaba Wolfgang Fink al colocar su primera piedra de forma ceremoniosa en nombre de la sociedad propietaria Allianz Immobilien GmbH. El Passage ha tomado su nombre de la Europa Haus, el edificio histórico que se levantaba antes en este lugar, pero que tuvo que dejar paso a este edificio de nueva planta. “Hemos escogido el nombre a propósito para contribuir a un mayor posicionamiento de Hamburgo como metrópolis europea”, añade Fink. ¿Qué hay de verdad en ese propósito? ¿Está Europa presente de verdad en todos los lugares en los que se invoca su nombre?

Es jueves por la noche, todo el centro de la ciudad está engalanado, pero en las calles reina el caos; autobuses articulados maniobran laboriosamente en el tráfico de la hora punta de salida del trabajo, los peatones cruzan con prisa y los semáforos en rojo... Como de costumbre, hoy, el Passage abre hasta las 21.00h. En la entrada me encuentro con un grupo de turistas alemanes que comentan entusiastas la selección de los establecimientos. “¡En casa también tenemos H&M!”, exclama uno. Pero su mujer ya ha desaparecido dentro de una tienda de diseño de ropa deportiva y no le escucha.

Eurobarómetro: aprobado raspado

Me pongo manos a la obra en busca de Europa. En primer lugar, echo una ojeada en busca del 15 por ciento de empresas internacionales a las que los gestores del Passage han logrado atraer. Junto a la habitual sueca (H&M), primero encuentro sobre todo empresas alemanas (Goertz, fundada en Hamburgo; Oska, una marca Fashion de Munich; Tommy Crystal, del joyero Thomas Hoffmann de Dresde), y por fin al menos una polaca (Lantier y Lambert) y finalmente otras estadounidenses (Oakley, un vendedor de gafas de sol y relojes; Tommy Hilfiger). Hasta el momento, mi Eurobarómetro muestra como mucho un aprobado. La muy alabada “mezcla de marcas”, como se denomina en la terminología de márketing a la selección de tiendas, resulta no ser nada del otro mundo y podría encontrarse en cualquier otro centro comercial (europeo).

Algo decepcionado entro en la librería. Pertenece a una de las grandes cadenas alemanas y tiene una buena selección. La oferta de literatura de viajes es especialmente variada: desde los viajes exóticos a África o Asia hasta un viaje por las islas del Mar del Norte; existe la guía apropiada para casi cada rincón de la Tierra. Los destinos turísticos europeos ocupan casi una pared entera. Eurobarómetro: mejor, sin llegar a ser convincente.

Me siento en la cafetería Bagel Park, un café de origen hamburgués según el modelo estadounidense, y pido una especialidad internacional de café espresso con nombre italiano. Del Eurobarómetro mejor ni hablemos. A mi lado a mí se toma un respiro una familia numerosa rusa con cafés y bizcochos. Me pregunto si debo hablarles sobre mi temática europea, pero lo dejo estar. “Este lugar no tiene un aspecto muy europeo”, opina también Barista Kim, a la que más tarde abono el café. “¿A lo mejor en los restaurantes del sótano? No, ahí son casi todos asiáticos.”

El Paseo de la Fama europeo se encuentra en Hamburgo

De momento lo más europeo que tiene el Passage es la decoración. En el suelo se han inmortalizado diversos nombres de ciudades, lo que recuerda un poco al Paseo de la Fama de Los Ángeles. En las ventanas cuelgan enormes carteles que dan la bienvenida a los visitantes en diversos idiomas europeos. Debajo está escrito: “Somos Europa”. Las paredes están adornadas a intervalos regulares con collages fotográficos y cada uno de ellos tiene por tema un país europeo. Por cierto, Rusia también está representada en un cartel y con un collage en la pared.

Unos pasos más allá hay un centro de estética que ofrece la manicura americana. Lo llevan unos asiáticos. En el escaparate hay expuesto un cofre con la imagen de Buda en el que han colocado unos palitos de sándalo y unas monedas. Entro decidida. A fin de cuentas, una también debe buscar allí donde sea más improbable que vaya a encontrar algo. Por desgracia, sólo logro averiguar que el cofre es sagrado y que no puede ser fotografiado bajo ninguna circunstancia. Acto seguido, finaliza la conversación.

Me dirijo al punto de información. Allí está sentada una mujer de mediana edad desganada y con mala cara que está ordenando unos folletos. ¿Qué hace que su puesto de trabajo sea europeo? Se encoge de hombros. ¿Basta con que Alemania forme parte de Europa? La mujer de información piensa que de todas formas hoy en día con el comercio al por menor lo de Europa es un asunto complicado. “Ya ve lo que sucede aquí. Es cierto que está lleno, pero no sabría decir si la gente viene a comprar algo o si sólo mira.” Eurobarómetro: insuficiente.

Fotos, Linda Holzgreve