“En la casa” de François Ozon: el experimento del voyerista

Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2012
Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2012
Hace un par de semanas se estrenó en España En la casa del director francés François Ozon. La película venía de arrasar en el Festival de San Sebastián, donde se llevó la Concha de Oro y encandiló al público asistente. Jurado, crítica y público unidos por fin en el certamen donostiarra: casi un hito histórico.

Antes de decir nada me apetece soltar así, de golpe, que En la casa es una obra maestra. Y como toda obra maestra que se precie es imperfecta, en ocasiones algo torpe y de vez en cuando se pasa de lista. Pero todo eso lo hace de manera sutil y evidente al mismo tiempo, de ahí su maestría. ¿O es que El resplandor y Ciudadano Kane son películas perfectas? Pues claro que no.

En la casa es la histora de un profesor de literatura esnob y amargado que vive a través de un alumno, dotado con el arte de la escritura, la historia de otra familia que se caracteriza por ser muy normal. Mientras el alumno se cuela poco a poco, y de manera muy turbia y tenebrosa, en la vida de ese núcleo familiar, el profesor asiste —como espectador voraz— a la visión certera y muy cruel que su pupilo le ofrece de dicha familia. Parece complejo, pero no lo es. Quizá sea porque yo no tengo el don que tiene el adolescente protagonista y no soy capaz de explicaros con palabras las distintas capas de lenguaje en las que se mueve la película.

Es curioso y estimulante ver como Ozon juega con los géneros dependiendo del estado de ánimo en el que escriba sus historias el protagonista. Tan pronto es una película de terror como una comedia absurda —y muy negra— como un drama romántico con tintes vodevilescos de lo más disfrutable.

Una cinta con un ritmo endiablado que se va deslizando ante nuestros ojos y juega con los personajes y con nosotros mismos. Es una de esas tramas que hacen partícipe al espectador de mucho más: Ozon quiere que seamos plenamente conscientes de nuestra condición de espectadores y, al mismo tiempo, nos va rompiendo esquemas a cada nueva entrega del macabro relato que el joven le da a su profesor. ¿Qué hay de realidad en lo que el alumno le cuenta a su maestro? ¿Qué hay de realidad en lo que Ozon nos muestra en pantalla?

La película termina de manera un tanto atropellada e inverosímil, pero ¿forma ese final parte del experimento al que nos somete Ozon? Ojalá pudiéramos saberlo. Le preguntaré a los jefazos de cafebabel.com si me dejan entrevistarlo, y así salir de dudas. O no.

Fotograma: © cortesía de la página oficial de François Ozon. Vídeo: trailersyestrenos/YouTube.