En la encrucijada de dos mundos

Artículo publicado el 8 de Mayo de 2016
Artículo publicado el 8 de Mayo de 2016

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Crítica de la película “Brooklyn”: Una joven inmigrante debe decidir entre sus raíces irlandesas y su nuevo hogar en la ciudad de Nueva York. Una historia sobre el amor, la familia y, por sobre todas las cosas, el concepto de hogar.

Esta es la historia de una joven irlandesa que emigra a los Estados Unidos en la década del cincuenta para conseguir empleo y procurarse una vida mejor. Cuando logra cumplir ambas metas, su antiguo mundo vuelve a atraparla.

“Ella consideraba extraño que la mera sensación de saborear la promesa de algo pudiera hacerla pensar, por un instante, que pudiera ser la promesa de un hogar”.

- Colm Tóibín, "Brooklyn"

El autor de la novela en la que se basa la película – Colm Tóibín – nació en Enniscorthy (al igual que Eilis, el personaje principal) en 1955 y a menudo escribe sobre la sociedad irlandesa, la emigración, la vida en el extranjero y la búsqueda de un hogar. Publicó “Brooklyn” en 2009. Tal como indica la cita, la historia básicamente trata de una jovencita que busca un lugar al cual considerar su hogar. Su sufrimiento al inicio de la historia es una pena silenciosa que intenta esconder. Cuando no puede ocultar que extraña su tierra natal, lucha para mantenerla entereza e intenta ver su nueva situación desde otra perspectiva. Entonces conoce a Tony, un joven plomero italiano que tiene una familia numerosa. Aquí, Eilis logra gradualmente tener su lugar en el mundo. No obstante, la fatalidad irrumpe: su hermana, que se encuentra en Irlanda, fallece, lo que deja desvalida a la madre de ambas, una mujer de edad avanzada. Eilis está  en una encrucijada: por un lado,  su deseo de continuar con la vida que acaba de establecer en Brooklyn y por el otro la obligación para con su madre más los sentimientos de culpa generados por la muerte de su hermana. Dado todo esto, regresa.

Cuando Eilis Lacey llega a su pueblo natal, ve que muchas cosas han cambiado. A pesar de ello, vuelve a las viejas costumbres y retoma su antiguo estilo de vida tal como lo dejó al partir hacia un nuevo mundo.

Incluso siente una especie de enamoramiento por un lugareño, excelentemente interpretado por el genial Domnhall Gleeson. Ella se pierde en su búsqueda por un hogar, queda atrapada en la encrucijada de dos mundos y de dos amores. Esta es la razón por la que las historia de Tóibín rezuman una añoranza inexplicable y difícil de identificar: la de un hogar que ya no existe. ¿Qué debe hacer? ¿Fingir que nunca se  marchó y reincorporarse a la sociedad irlandesa o aceptar que no es la misma desde que se fue y que por ello ya no puede encajar en la dinámica de ese pueblito llamado Wexfordian?

Antes de ponerme demasiado filosófica, quisiera hacer referencia al impresionante talento reunido en el elenco de este filme. Obviamente, Saoirse Ronan ha dado una de sus mejores actuaciones, particularmente si se tiene en cuenta el apego personal que siente la actriz por esta obra. La historia de Eilis se asemeja un poco a la suya. Ronan nació en el Bronx, otro barrio de la ciudad de Nueva York y a muy corta edad se mudó junto a sus padres (irlandeses ambos) a Irlanda. Sus padres de hecho se casaron en el ayuntamiento de Brooklyn en una modesta ceremonia, muy parecida a la boda de Eilis y Tony en la ficción. Ronan, por lo tanto, tiene una actitud protectora hacia su trabajo y esperaba con nervios que esta fuera bien recibida, sobre todo por la audiencia irlandesa. Un dato curioso: pidió conservar el traje de baño verde que lució en la película por el valor sentimental que tenía para ella.

Emory Cohen – que hace de Tony, el futuro marido de Eilis – me conmovió sobremanera, especialmente porque supo imprimirle frescura a una interpretación que no podría ser mejor. Hacen bien en compararlo con Marlon Brando, no solo físicamente sino por su capacidad para combinar en su personaje desenfado e intensidad. Le da vida a Tony con tal honestidad y vulnerabilidad que una simple mirada suya le haría sentir mariposas en el estómago a cualquiera. Un verdadero héroe cinemático de los cincuenta. Claro que Cohen nació en 1990. Investigando sobre él, descubrí que ya lo había visto antes. Él interpreta al hijo conflictivo de Bradley Cooper en “Cruce de caminos” (“The Place Beyond the Pines”). Recuerdo lo mucho que me impresionaron las actuaciones de él y de Dane DeHaan (que hace de hijo de Ryan Gosling). Ambos muy jóvenes pero con una increíble capacidad actoral. No hay que perder de vista a este muchacho, estoy segura de que llegará muy alto.

Otra estrella radiante de esta obra de arte es la siempre perfecta Julie Walters. Participar en esta película también fue para ella una experiencia muy personal, cargada de sentimiento. Su propia madre era irlandesa, así que hacer esta película se convirtió en un viaje a lo profundo de su propia historia y persona. Teniendo esto en cuenta, no sorprende que Walters haya desarrollado tan bien su personaje, con un perfecto acento irlandés.

La belleza de esta cinta radica en cómo capta la quietud de la novela de Tóibíns, motivo por el que Nick Hornby merece ser reconocido como un espléndido guionista. Fue él quien adaptó el libro y sentó las bases de este emotivo filme. Además, el hecho de que sea el esposo de uno de los miembros de producción– Amanda Posey – da fe de que este proyecto es pequeño pero ambicioso. El BAFTA obtenido como Mejor Película Británica estuvo más que bien dado.

Solo queda pendiente una pregunta: ¿Eilis regresa con Tony? Deberán ver la película para conocer su decisión, pero recuerden: al final, todos tenemos el poder de construir un hogar que se ajuste a nuestros deseos, desilusiones y dramas de nuestro día a día. Ese es el mensaje que rescato de “Brooklyn”.