En la frontera germano-checa: Calaveras contra la prostitución callejera

Artículo publicado el 2 de Junio de 2010
Artículo publicado el 2 de Junio de 2010
Desde los carteles que cuelgan en la carretera de salida de la ciudad checa de Chomutov saludan mujeres en minifalda. Provistas de calaveras, son prostitutas que ofrecen, en alemán y checo, enfermedades de transmisión sexual. Los carteles han sido idea de Simona Kmonickova, que vive cerca de la zona de prostitución, para proteger a sus tres hijas y que la prostitución desaparezca de la calle

Simona Kmonickova es una mujer guapa. Cuarenta y pocos años, rubia, de mediana estatura. Y siempre hay hombres que se equivocan con ella, ya que vive en una zona que solía ser una de las zonas más conocidas de prostitución, la calle Lipska en la ciudad checa de Chomutov, una carretera que va hacia el norte, hasta la frontera con Alemania. De allí viene la mayoría de los clientes que llegan en busca de sexo barato. Pero eso puede resultar peligroso.

Ése es el motivo por el que desde hace poco cuelgan allí carteles que pretenden frenar a los inconscientes. De forma drástica, advierten de las enfermedades de transmisión sexual que se pueden contraer. Los carteles muestran una mujer en minifalda, a veces con una calavera, y otras con un rostro normal. Debajo está escrito en alemán y en checo: “Ofrezco sífilis, Gonorrea, VIH”. Otros carteles se refieren a la delincuencia relacionada con la prostitución. La persona que ha ideado esta iniciativa es Simona Kmonickova.

Esta mujer se ha propuesto luchar contra la prostitución en su calle

Es viernes por la tarde y esta mujer de 41 años regresa a casa con sus dos hijas Adela y Barbora de clase de baile. Las gemelas de siete años, rubias como su madre, se lanzan al sofá a ver la televisión. “Antes vivíamos en una zona industrial y nos alegramos mucho de salir de allí”, cuenta la madre. Se mudaron a un barrio de viviendas en propiedad en la parte norte de la ciudad. Sin embargo, pronto apareció la cara amarga de ese sueño: la prostitución callejera.

“Aquí nunca me he sentido segura”, dice Simona Kmonickova. La primera vez que le preguntaron por cuánto “lo haría” se quedó atónita. Desde entonces tiene miedo por sus hijas: por la mayor, de 16 años, pero sobre todo por las dos gemelas. “A las pequeñas las llevo yo a todas partes, al colegio, a casa y, por las tardes, a clase de baile.” Ha sido la propia aprendiz de diseñadora la que ha ideado los carteles que ahora cuelgan de las farolas. Sabe que en realidad deberían ser otros los que se preocuparan de este asunto; principalmente, los políticos del Parlamento checo que desde hace años bloquean una innovadora ley que prevé la legalización de la prostitución. La ley en vigor proviene de la época anterior a la guerra, cuando la prostitución callejera aún no estaba sobre la mesa. Pero Kmonickova no es una mujer que espere a que los demás reaccionen. Quiere hacer algo. “En las calles se hace publicidad de todo lo imaginable. ¿Por qué no llamar la atención sobre este problema de esta manera?”, pregunta.

Sexo sin preservativo

La idea de advertir de la posibilidad inminente de contagiarse de una enfermedad de transmisión sexual no ha salido de la nada. Las chicas jóvenes que trabajan en la carretera de Chomutov no sólo ofrecen sus servicios a precios muy módicos, sino también sin preservativo. “Esas enfermedades no se han escogido al azar, sino que todas ellas han sido diagnosticadas a las prostitutas por médicos de Chomutov”, afirma el teniente alcalde, Jan Rehak, que ha acogido la idea de los carteles con agradecimiento y ha aportado fondos públicos para imprimirlos. “La propuesta de la señora Kmonickova me ha impresionado”, explica Rehak.

La ciudad lleva años intentando controlar la prostitución callejera. “Desde que instalamos cámaras de vigilancia y empezamos a publicar en internet las imágenes de los coches de los clientes, el número de prostitutas ha disminuido de forma significativa. De las 22 mujeres de las que teníamos conocimiento, sólo quedan cuatro”, resume Rehak. Al igual que los carteles, las cámaras sirven para espantar a los clientes, alemanes en su mayoría. Además, desde hace algún tiempo la policía también se emplea a fondo contra las propias mujeres. “Las órdenes son llevar a toda mujer que ofrezca sexo en la vía pública a la comisaría para realizar un atestado y, si es posible, que esto sea en la que se encuentre más alejada, para evitar que realice su trabajo”, explica Rehak sobre la estrategia seguida.

El ayuntamiento ha instalado cámaras de vigilancia y publica en internet las imágenes de los clientes

Los efectos de ese cambio de estrategia no se deben menospreciar. Aunque haya más de las cuatro prostitutas mencionadas por Rehak haciendo la calle, incluso cuando hace frío. Las mujeres prácticamente han desaparecido de Lipska, que anteriormente tan mala fama tenía. El problema se ha trasladado a otras calles, aunque en un número muy inferior al de hace dos o tres años. Sin embargo, es difícil resolver este problema por completo. El teniente alcalde sabe que la prostitución se traslada a los espacios privados, donde es aún más difícil de controlar. Considera que sólo se logrará atajar el problema de raíz a través de una solución legal.

Ya ha anochecido en Chomutov. Adela y Barbora ven una serie infantil, mientras su madre, Simona, recoge la mesa. ¿Cree que sus carteles tienen también algún efecto en las prostitutas? “No lo sé, lo que quiero es que desaparezcan, para que podamos volver a vivir en paz”, responde con determinación. Se queda callada por unos instantes. “Sí, puede ser que sí. Aquí se vive según el lema de ‘ojos que no ven, corazón que no siente’. Ahora, con los carteles que hablan de esas peligrosísimas enfermedades colgando delante de ellas, puede que se conciencien del peligro al que se exponen ellas mismas y al que exponen a los demás.”

Del corresponsal de n-ost Steffen Neumann

Fotos: ©Steffen Neumann/n-ost